A Francia la tientan los extremos

Los franceses moderados, de derechas y de izquierdas, pueden verse obligados a tomar una decisión muy difícil el 2 de mayo del 2027, día de la segunda vuelta de la próxima elección presidencial. Los sondeos y el propio sentido común a la vista del panorama político llevan a considerar como probable que el duelo final de la carrera hacia el Elíseo enfrente a la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, y al líder de la llamada “izquierda radical” (o extrema izquierda, según el dictamen del Consejo Constitucional, en febrero pasado), Jean-Luc Mélenchon.

Si se produce este escenario, será un drama para millones de franceses que se ven a sí mismos como conservadores razonables, reformistas, centristas o socialdemócratas. Seguramente son la mayoría, pero el sistema electoral a dos vueltas y la frivolidad de muchos dirigentes amenaza con dejarlos huérfanos. El impacto iría mucho más allá de Francia, por la influencia del nuevo poder francés en la política europea y en la estrategia de la OTAN. En el fondo sería una derrota de Emmanuel Macron, una mancha muy grave en su legado, atribuible a los déficits de gestión y la incapacidad de ayudar a forjar un sucesor continuista y sólido.

Hay tantos aspirantes de la derecha, el centro y los socialistas que les aboca a ser eliminados en la primera vuelta

Se ha llegado a esta situación por varias razones. La primera es la fortaleza de la extrema derecha, que no ha dejado de consolidarse y de ampliar su electorado en franjas sociológicas y geográficas. Otro motivo de peso ha sido el desinterés de Macron por el partido que instó a fundar y le ayudó a subir al poder (La República en Marcha, hoy Renacimiento). Es verdad que en el sistema francés, muy presidencialista, el jefe de Estado debe estar por encima de los partidos, pero hubiera podido hacer mucho más esfuerzo para implantar su movimiento político en el territorio, donde su presencia sigue siendo muy débil. Macron se ha visto más seducido por la alta diplomacia, por organizar incesantes encuentros internacionales en París –algunos de dudosos resultados– que por pasar fines de semana estrechando manos en los pueblos, jugando a la petanca o inaugurando pabellones. No ha tenido ni ganas ni paciencia.

El extremismo se halla en una posición muy favorable porque han proliferado las candidaturas de dirigentes conservadores, centristas y de izquierda moderada en la primera vuelta. El personalismo y la ambición individual se han impuesto hasta ahora. Dos exprimeros ministros de Macron, Édouard Philippe y Gabriel Attal, son aspirantes. También Bruno Retailleau, exministro del Interior, de Los Republicanos, se presenta, al igual que el alcalde de Cannes, David Lisnard. Entre los socialistas, que realizarán unas primarias, varias figuras se han lanzado al ruedo, como el diputado Jérôme Guedj o el alcalde de Saint-Ouen (suburbio de París), Karim Bouamrane, así como la excandidata presidencial Ségolène Royal. Se dice que el propio expresidente y hoy diputado François Hollande deshoja la margarita, pese a las posibilidades muy remotas de un regreso exitoso después de lo mal que terminó su periodo en el Elíseo, en el 2017.

Le Pen y Mélenchon, aspirantes al Elíseo por cuarta vez, son para los suyos opciones claras y con garantías

En este contexto tiene lógica que Le Pen y Mélenchon lleven ventaja porque encarnan opciones claras, conocidas y con garantías para los suyos. Para ambos será el cuarto intento de llegar a la máxima magistratura.

El editorial de ayer del periódico dominical La Tribune Dimanche , cercano al macronismo, deploró el estado de cosas en estos términos: “Ante la división de las fuerzas reformistas, muchos electores temen convertirse en los árbitros o, aún peor, en los desolados espectadores de un duelo entre una admiradora de Viktor Orbán (Le Pen) y un émulo de Nicolás Maduro (Mélenchon)”.

La Francia Insumisa sigue explotando el caladero electoral de los suburbios con alta densidad inmigrante

Lo cierto es que Mélenchon, que fundó La Francia Insumisa (LFI) hace diez años, tiene mucho tirón electoral y lo demostró el 2022, cuando se quedó a solo 400.000 votos de Le Pen (1,2% de los sufragios) y de disputar el segundo turno con Macron), un resultado muy bueno que los sondeos no anticipaban. En el partido están convencidos de que la dinámica es ahora más favorable, que el discurso de su carismático líder, desinhibidamente de izquierdas, calará.

Frente al tándem que forman Le Pen y su delfín, el joven Jordan Bardella, LFI cuenta con la ventaja de plantear la campaña de manera más coral, sin que ello signifique que Mélenchon no mande, y mucho. El veterano dirigente, que tendrá ya 75 años cuando se vote, ha apartado a voces disidentes y se ha rodeado de un equipo de fieles que tiene gran protagonismo mediático, entre ellos el coordinador del partido, el doctor en matemáticas Manuel Bompard –eventual primer ministro–, Éric Coquerel, presidente de la influyente comisión de finanzas de la Asamblea Nacional, la jefa del grupo parlamentario, y Mathilde Panot, de verbo muy agresivo. Un personaje emergente es el nuevo alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, de familia maliense, símbolo de “la nueva Francia”, una de las ideas que marcarán la campaña.

LFI y el partido de Le Pen, el Reagrupamiento Nacional (RN) compiten en parte por el mismo público, las clases modestas asalariadas, aunque los de Mélenchon son mucho más fuertes en las áreas urbanas y Le Pen en la Francia rural. Uno de los caladeros de votos de LFI siguen siendo los suburbios con alta densidad inmigrante y población de origen árabe o musulmán, de norteafricanos y subsaharianos. No es casual el fuerte mensaje propalestino de Mélenchon, que está seguro de contar con la reserva de votos de muchos socialistas, ecologistas y comunistas que, llegado el caso, cuando sus candidatos sean eliminados, lo votarán a él para parar a Le Pen. Aunque todos los sondeos prevén una victoria clara de esta última frente a Mélenchon, la elección podría acabar siendo más reñida.

Eusebio Val Mitjavila

Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)

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