Resulta casi entrañable escuchar a Donald Trump advertir a sus conciudadanos del peligro que representa el comunismo cuando han transcurrido más de 30 años de la caída del muro de Berlín y de la desintegración de la Unión Soviética.
Sin embargo, una lectura más atenta de sus palabras revela que en realidad se está refiriendo a la victoria de un puñado de candidatos denominados socialistas democráticos en las elecciones primarias del estado de Nueva York para unos escaños en la Cámara de Representantes federal que se dirimirán en las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
Las encuestas favorecen al Partido Demócrata gracias a la incongruencia de Trump
Estos candidatos, respaldados por el flamante alcalde neoyorquino Zohran Mamdani y que, dada la clara composición progresista de los distritos en juego, se convertirán con toda seguridad en diputados electos en los referidos comicios, podrían ser considerados como el signo de un posible giro a la izquierda del Partido Demócrata como respuesta a la obvia derechización del Partido Republicano bajo la égida del presidente Trump.
De hecho, este movimiento ya mostró su fuerza en la oposición a la candidatura presidencial de Hillary Clinton que protagonizó el senador Bernie Sanders en las elecciones primarias del Partido Demócrata en el 2016.

Con Sanders próximo a los 85 años, el peso de la púrpura progresista está recayendo crecientemente sobre los hombros de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, de origen puertorriqueño y nacida en el Bronx, de 36 años, también conocida por sus iniciales, AOC, de quien se especula con una posible candidatura presidencial en las elecciones del 2028.
Es posible, pero con escasas probabilidades de culminar con éxito, habría que añadir rápidamente.
Para empezar, y echando mano del tópico, no por tópico menos cierto, la política interna de Nueva York es difícilmente representativa de la de todo el país.
No deja de ser irónico que el primer presidente originario de Nueva York desde los tiempos del icono liberal que fue Franklin Delano Roosevelt, convencido multilateralista y fundador del limitado Estado de bienestar estadounidense, haya sido Donald Trump, aunque este, como tantos millones de neoyorquinos antes que él, haya trasladado su residencia a la más conservadora Florida.
Por otra parte, es innegable que el estamento legislativo del Partido Demócrata adolece de una evidente falta de liderazgo, ya que el actual líder de la minoría en la Cámara Baja, Hakeem Jeffries, está a años luz de su antecesora, la histórica Nancy Pelosi, quien esta legislatura deja el escaño que viene representando ininterrumpidamente desde 1987.
Por lo que se refiere al líder del partido en el Senado, Chuck Schumer, es un hombre gastado y con fama de plegarse demasiado a menudo a los caprichos y veleidades del presidente Trump.
Sin embargo, el banquillo demócrata de posibles candidatos a la presidencia está bien nutrido en el campo de los gobernadores estatales, empezando por el carismático titular de California, Gavin Newsom.
Adiós a Graham Platner, el ‘radical’ de Maine
Graham Platner aspiraba a ser senador demócrata por Maine, pero ha sido acusado de violación y el viernes renunció. Entró en las primarias con apoyo del ala más izquierdista del partido, incluido el senador Bernie Sanders. En campaña prometió rebajar el coste de la salud y gravar a los superricos con más impuestos. Veterano del ejército y productor de ostras, Platner conectó con los norteamericanos que piden un cambio radical.
En definitiva, aunque exista la tentación, no es probable que el Partido Demócrata se eche al monte de la radicalidad y el extremismo como contrapunto al populismo trumpista.
Las encuestas revelan un creciente cansancio ante la imprevisibilidad que emana de la Casa Blanca, un intenso hartazgo ante la resistencia a la baja de la inflación y una evidente incomodidad ante la desmedida influencia del actual gobierno de Israel en la política estadounidense en Oriente Medio.
Si todo ello propicia que el poder legislativo cambie de signo político en las elecciones parciales del 3 de noviembre, la segunda parte del segundo mandato de Donald Trump no tendrá nada que ver con la primera, de eso podemos estar razonablemente seguros.
