Una bandera del cedro clavada entre las ruinas de una casa destruida en la localidad de Zawtar el Garbiya marca la lenta pero continua retirada de las tropas israelíes del sur de Líbano. Zawtar el Garbiya y otras decenas de pueblos de la zona fronteriza fueron evacuados ante el avance y las bombas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y el encargado de realizar ahora el simbólico gesto fue el primer ministro Nawaf Salam, una figura política que despierta profundas divisiones entre la población libanesa.
“Hemos insistido desde el principio en que nuestro objetivo es la retirada israelí completa de todo el territorio”, declaró Salam, acompañado por el ministro de Defensa libanés y altos mandos militares, tras plantar la bandera junto a un edificio derruido. “Lo que vemos hoy es solo el principio, pero seguimos decididos y firmes”, añadió, comprometiéndose a que el Gobierno inicie la reconstrucción de las viviendas e infraestructuras destruidas.
La retirada de Zawtar el Garbiya es la primera bajo el programa de “zonas piloto”, el mecanismo pactado por Líbano e Israel a finales de junio para probar sobre el terreno, de forma progresiva, el acuerdo alcanzado con mediación de Estados Unidos. El pacto contempla el despliegue del Ejército libanés en las áreas donde Hizbulah mantenía presencia militar, a cambio de la retirada israelí de la zona de seguridad declarada. Horas antes de que el presidente Joseph Aoun se reuniera con Donald Trump en Washington, tropas libanesas comenzaron a tomar el control del territorio abandonado por Israel, en la primera prueba real del plan.
Pese a este primer paso, Israel mantiene el control de una zona de amortiguación de unos 10 kilómetros a lo largo de la frontera, donde sus tropas han ordenado la evacuación de la población y han arrasado varias aldeas. Decenas de miles de libaneses siguen desplazados, sin poder regresar a sus hogares porque sus pueblos continúan ocupados o han quedado destruidos.
Aoun se convirtió el martes en el primer jefe de Estado libanés en pisar la Casa Blanca en casi 20 años, en un encuentro de casi dos horas con Trump en el despacho oval. “Ha sido un lugar y un país muy maltratado, y vamos a lograr que se le trate como es debido y con el respeto que merece”, afirmó Trump al recibirle.
El pacto contempla el despliegue del Ejército libanés en las áreas donde Hizbulah mantenía presencia militar, a cambio de la retirada israelí de la zona de seguridad declarada
“Hay un problema con Hizbulah”, añadió el mandatario estadounidense. Según la presidencia libanesa, Aoun trasladó a Trump la “necesidad urgente de una retirada israelí completa del territorio libanés”, calificándola de “paso esencial para consolidar la estabilidad y permitir que el Estado libanés extienda su plena soberanía exclusivamente a través de sus propias fuerzas”. “Este será tu legado”, le dijo Aoun a Trump ante la prensa, al inicio de la reunión, en la que también abordaron el apoyo estadounidense al Ejército libanés, la reconstrucción, la recuperación económica y la inversión de EE.UU. en el país.
Un funcionario libanés explicó que Aoun considera que solo Trump tiene la capacidad de presionar a Israel para que retire sus tropas, y que el presidente entregó al mandatario estadounidense una propuesta escrita sobre cómo desmantelar el arsenal de Hizbulah. Trump, por su parte, se mostró dispuesto a hablar con los líderes del grupo si Aoun lo consideraba útil, y sugirió que Siria podría desempeñar algún papel en su desarme, sin precisar de qué forma.
Dos días antes, en una reunión con el secretario de Estado, Marco Rubio, Aoun ya había reclamado que Israel comenzara su retirada del sur conforme al acuerdo del 26 de junio, que prevé el desarme de Hizbulah, una retirada progresiva de las tropas israelíes y el camino hacia una relación pacífica entre ambos países.
La incógnita es cómo conseguirá el presidente libanés, Joseph Aoun, convencer a Hizbulah para que entregue las armas
Sigue sin estar claro, no obstante, cómo podrá Aoun convencer o forzar al grupo chií, fundado por la Guardia Revolucionaria iraní en 1982, a entregar sus armas. Antaño fuerza política y militar dominante en Líbano, su influencia se ha debilitado tras la ofensiva israelí de 2024 y la caída de su aliado sirio, el expresidente Bashar al Asad. El Partido de Dios, que ha rechazado tanto las conversaciones directas del Gobierno con Israel como los intentos de desarmarlo, no ha intentado sin embargo sabotear el proceso por la vía militar.
Líbano e Israel celebrarán su próxima ronda de conversaciones, mediadas por Estados Unidos, el 4 de agosto en Roma, tras más de tres meses de reuniones a nivel de embajador, un formato inusual entre países formalmente en guerra. Desde que estalló la última contienda, el 2 de marzo, más de un millón de libaneses han sido desplazados y más de 4.300 personas han muerto, según cifras libanesas. Israel calcula en 2.500 los operativos de Hizbulah abatidos, mientras que 38 soldados israelíes y un contratista civil han muerto en el sur de Líbano.
