China también aprovecha las grietas que Trump abre en Brasil

En una fábrica de automóviles en las afueras de São Paulo, el presidente de Brasil y altos directivos inmobiliarios chinos levantaban las manos en señal de triunfo. Era agosto del 2025 y el gigante chino Great Wall Motors acababa de inaugurar su primera planta en el país latinoamericano. Solo dos semanas antes, a miles de kilómetros, en Washington, Donald Trump había firmado un arancel del 50% contra las exportaciones brasileñas.

Desde hace más de una década, Pekín ha avanzado con paciencia en América Latina, tejiendo fuertes alianzas con Brasil. Ha financiado puertos como el Paranaguá y el Açu, y le compra materias primas como la soja, minerales de hierro y crudo. Washington, en cambio, bajo Trump ha optado por la presión y el ultimátum. El arancel de julio del 2025 fue un castigo directo por el juicio contra Bolsonaro, aliado de Trump, que este calificó de “caza de brujas”. Seis meses después, la Corte Suprema lo anuló por considerar que Trump se había excedido en sus poderes.

El arancel del 25% que entró en vigor el miércoles es, en ese sentido, un segundo intento más moderado en el número, pero con la misma lógica de fondo: usar el comercio como herramienta de presión política, esta vez, para golpear a Lula de cara a las elecciones de octubre por “no negociar de buena fe” con Estados Unidos.

Solamente se salvan productos como el café, la carne, las naranjas y ciertos insumos energéticos y aeroespaciales, demasiado importantes para la economía estadounidense como para encarecerlos. Pero ¿puede el plan de Trump para aislar a Brasil jugar finalmente en contra de estados Unidos?

“Como ciudadanos, no sentimos el impacto del arancelazo del año pasado en el bolsillo, porque teníamos las relaciones con China como respaldo”, declara a La Vanguardia Isadora Brizola, precandidata a diputada estatal por el Partido Democrático Laborista (PDT, por sus siglas en portugués). Para ella, la relación comercial con el gigante asiático es ante todo práctica, defendiendo que China también impone aranceles a Brasil, “cuando hay excedente de cuota por ejemplo”, mientras que los nuevos aranceles de Estados Unidos “son un castigo político para inflamar una disputa electoral”, añade la politóloga.

China también impone aranceles, pero los de Estados Unidos tienen un fin político

A Brasil le basta con ofertas de contratos que no dependen del humor de un presidente. Así lo explica Tulio Cariello director del Consejo Empresarial Brasil-China (CEBC, por sus siglas en portugués), quien lleva más de diez años estudiando las relaciones bilaterales entre ambos países. Según el experto sinólogo, los brasileños “no están favoreciendo a China sobre Estados Unidos por motivos políticos, sino por lo que China le ofrece a Brasil: un mercado consumidor enorme al que Brasil puede vender”.

Brasil también tiene mucho que ofrecer. Posee las segundas mayores reservas de tierras raras del mundo, controla más del 90% del niobio global —un metal clave en la elaboración del acero superresistente— y una cuarta parte de las reservas mundiales de grafito, además de petróleo, litio y una población de más de 200 millones de personas. En casi cada sector de alta tecnología, desde semiconductores hasta baterías y defensa, Washington necesita algo que Brasil tiene.

La semana pasada, el anuncio de los nuevos aranceles de Trump generaron incertidumbre en la industria brasileña de muebles. Históricamente, EE.UU. compra cerca de un tercio de sus exportaciones. La asociación mobiliaria brasileña Abimóvel señaló en un comunicado la semana pasada que ya explora mercados alternativos en Asia y Oriente Medio ante la inestabilidad comercial con EE.UU., aunque aclaró que busca ampliar, no abandonar, los mercados consolidados, en un intento de “brindar mayor estabilidad a la expansión internacional de la industria brasileña”.

China ha sido mucho más amigable con Brasil que Estados Unidos en los últimos años”

Tulio Cariello

Consejo Empresarial Brasil-China

Nada de esto es nuevo. Brasil comercia con China desde hace años. Pero a medida que la disputa entre Pekín y Washington se intensifica, China se interesa cada vez más en Latinoamérica, y “lo hace con una postura más amigable que Estados Unidos”, dice Cariello a La Vanguardia. Este arancel del 25% sobrepasa una simple guerra comercial. En cierto modo, es una prueba, a pequeña escala, de si los socios comerciales de Estados Unidos pueden seguir contando con el acceso al mercado americano en un mundo donde China ofrece condiciones más simples y estables. Como dijo Lula en junio en anticipación a las tarifas de hoy, “si no nos quieren comprar, se lo venderemos a otra persona”.

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