Los fuertes incrementos del precio de la vivienda en algunas partes de Europa han convertido el sueño de tener un piso o una casa en propiedad en una realidad cada vez más al alcance de solo unos pocos. Los efectos de esta crisis han ampliado aún más las desigualdades entre propietarios e inquilinos, especialmente en las grandes ciudades del continente, como señala un informe reciente elaborado por el departamento europeo del Fondo Monetario Internacional (FMI). El documento examina cómo ha evolucionado la probabilidad de que una persona que vive de alquiler pueda acabar comprando su propia vivienda.
Los cálculos del organismo lo auguran más que difícil. Entre aquellos hogares europeos que podrían resistir un choque financiero como el de la última gran recesión, este porcentaje apenas era del 5% durante el periodo 2022-2024, aunque repuntó ligeramente respecto a 2015-2017. En el caso de los hogares más vulnerables, que no aguantarían otra sacudida económica, las posibilidades se han reducido a más de la mitad desde antes de la crisis (2006-2007). Ahora, tan solo el 2% tiene opciones de dar algún día el salto de inquilino a propietario.
Incluso entre quienes disponen de un colchón financiero, ya sea mediante ahorros propios o gracias al apoyo de sus familiares, se trata de una meta lejana. Pero en los hogares de menor renta, añaden los autores, la falta de ahorros suficientes dificulta aún más, por ejemplo, afrontar la entrada de una vivienda. “Ser propietario de una vivienda parece haberse convertido en una posibilidad prácticamente inalcanzable para los hogares económicamente vulnerables”, exponen. Esta brecha, apuntan, aleja estructuralmente a estas familias de una de las principales vías de acumulación de riqueza. El FMI usa las estadísticas EU-SILC, que en España recoge el INE a través de la Encuesta de Condiciones de Vida.
Los inquilinos más vulnerables ya gastan más de la mitad de su renta disponible en pagar la vivienda
Los investigadores también sugieren que este descenso de la probabilidad de llegar a ser propietario ha sido más acusado en las zonas urbanas que en las rurales, pero aun así es general. “Esto podría deberse a la demanda de más espacio provocada por la pandemia y a la mayor disponibilidad del teletrabajo, factores que podrían haber favorecido un aumento de las compras de vivienda fuera de las ciudades, también entre inquilinos que anteriormente vivían en zonas urbanas”, indica el informe del FMI.
La presión creciente del mercado inmobiliario sobre los inquilinos europeos también explica que estos destinen cada vez una mayor parte de su renta disponible a pagar la vivienda. Para los arrendatarios con menos ingresos de las grandes ciudades europeas, esta proporción llegó al 53% en el periodo 2022-2024, más que en cualquier otro de los estudiados por el organismo. En cambio, entre los inquilinos comunitarios con mayores ingresos esta ratio se situó entre el 10% y el 18%.
Los economistas del FMI ofrecen su diagnóstico sobre esta crisis de acceso a la vivienda que se ha expandido por todo el continente. Según su punto de vista, a diferencia del episodio de incremento de precios de la burbuja inmobiliaria anterior a la Gran Recesión de 2008, el aumento actual está motivado principalmente por las restricciones en la oferta de vivienda. Entre los factores que contribuyen a esta escasez, el organismo apunta a la falta de mano de obra en la construcción y las limitaciones financieras de las promotoras. “En las economías cuyos sectores de la construcción se contrajeron con mayor intensidad tras la crisis financiera mundial –Grecia, Irlanda, Portugal y España–, la edad media de los trabajadores de la construcción ha aumentado unos 4,5 años desde 2008, hasta superar la edad media del conjunto de la población ocupada”, expone el informe. El desplome del sector desincentivó la entrada de trabajadores jóvenes, dejando unas plantillas diezmadas y más envejecidas, con capacidad limitada para recuperar los niveles previos de actividad. En cambio, en el resto de la UE, los trabajadores de esta industria también han envejecido, pero siguen siendo más jóvenes que la media de los trabajadores.
El informe apunta que los precios crecen por la falta de oferta y de empleados en la construcción
Para resolver esta emergencia habitacional, el FMI propone a los estados miembros priorizar el aumento de la oferta de vivienda, por ejemplo, simplificando la concesión de licencias, facilitando suelo residencial a las constructoras o mejorando su acceso a la financiación. Además, la institución les insta a ampliar los parques actuales de vivienda social y asequible y, a escala europea, a profundizar en el Mercado Único para la construcción.
Un millón de mudanzas de europeos frustradas
Otro de los puntos que examina el estudio del FMI es el impacto de la crisis de la vivienda en la movilidad laboral. Según sus autores, este coste cada vez más elevado también frena la eficiencia económica, ya que impide que los trabajadores se muden a regiones donde la demanda de empleo es más fuerte y existen mejores oportunidades laborales. Sus cálculos estiman que las barreras de acceso a la vivienda han frustrado cerca de un millón de mudanzas de ciudadanos europeos en la última década. “Cuando la vivienda es cara, se necesita una prima salarial mayor para atraer al trabajador que se incorpora, por lo que, ante una determinada perturbación, es probable que se produzca una menor llegada de trabajadores de otras zonas, en igualdad de condiciones”, expone el documento. Además, la investigación llega a la conclusión que este impacto es asimétrico porque frena la migración hacia regiones en expansión, pero no acelera la salida de las zonas en declive.
