Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia: “La política de solo mano dura lleva al fracaso”

Juan Manuel Santos, presidente de Colombia entre el 2010 y el 2018, pasó esta semana por Barcelona para hablar de procesos de paz como el que inició en su país hace diez años y que le supuso ser galardonado con el premio Nobel en 2016. Pese al aumento de la violencia y “el revisionismo histórico” del actual mandatario colombiano, Abelardo de la Espriella, el economista y miembro de una familia de editore de prensa, defiende los acuerdos que promovió y un enfoque contra la violencia que defienda los derechos humanos. “Cuando los guerrileros vieron que el Estado enviaba a sus heridos al hospital en lugar de rematarlos, empezaron a darse cuenta de que sería mejor la paz”, explica de forma ilustrativa sobre cómo abordar negociaciones complejas. Y añade que con humor, como hizo para restablecer relaciones con la Venezuela de Chávez.

Seis años atrás publicó un libro en el que hablaba de optimismo ante el mundo. ¿En la actualidad se puede mantener ese espíritu?

Entonces me refería a cómo América Latina, en medio de la peor crisis, logró un progreso enorme, incluida Colombia, que en los noventa era vista como un estado fallido. Ahora el mensaje optimista es que con un buen gobierno se pueden lograr progresos importantes. Lo que ocurre es que muchos líderes tienen una visión cortoplacista y ni siquiera dialogan entre ellos. Y los problemas existenciales del mundo crecen.

En Barcelona ha hablado de oportunidades de paz.

Las hay, si le hacemos caso a Nelson Mandela, cuando decía que el arma más poderosa que existe en el mundo es sentarse a dialogar, no para imponer el punto de vista al contrario, sino para aprender de él, para ver si se logran identificar comunes denominadores.

¿Se ha perdido esa cultura para solucionar conflictos?

No, lo que se ha perdido es la capacidad de diálogo y de entender que para hacer la paz se requieren una serie de acciones y condiciones que se pueden crear y que después hay que ejecutar. Ahora hay muchos líderes egoístas y se ha perdido la voluntad de sentarse a negociar la paz.

¿Los adversarios han pasado a ser enemigos, tal como contaba que le explicó un comandante cuando presidía Colombia?

Estamos en un mundo donde, efectivamente, el lado humano y el respeto por los derechos humanos se han depreciado. Es increíble que a estas alturas existan campañas deliberadas en todo el mundo para socavar los pilares que sostienen el respeto por los derechos humanos. Tenemos que rescatar esos valores fundamentales que, entre otras cosas, sirvieron para crear la ONU, organismo que, con todos sus defectos y con la necesidad de que sea reformado, ha evitado una Tercera Guerra Mundial.

El orden mundial

La teoría de las zonas de influencia no es sana, es un preámbulo para la guerra

¿Es un etapa de multilateralismo alternativo? Por ejemplo, con el Escudo de las Américas.

Pero ese multilateralismo alternativo no es sano, la teoría de las zonas de influencia no es sana, es un preámbulo para la guerra.

Antes que presidente fue ministro de Defensa (2006-2009), y por lo tanto responsable de las operaciones contra las guerrillas. ¿En qué momento se convenció de que era necesaria la paz?

Yo tenía esa idea desde hacía mucho tiempo. Desde el ministerio cambié la cultura militar. Hasta ese momento hacíamos una guerra sucia, teníamos los famosos falsos positivos [escándalo de ejecuciones extrajudiciales de campesinos], heredados en cierta forma de la guerra Vietnam, pues el éxito se medía por el número de muertos. Yo cambié eso completamente y mejoré la inteligencia, y eso alteró la correlación de fuerzas militares, los comandantes guerrilleros comenzaron a caer, y surgieron las circunstancias favorables a la paz.

La nueva violencia

El problema es haber dejado que las bandas criminales surgieran en las zonas guerrilleras

Usted también templó las relaciones tensas con vecinos como Venezuela. ¿Cómo se entendió con Hugo Chávez?

En esas cosas tengo la sangre muy fría, soy muy pragmático. Sí, nos habíamos insultado con Chávez. Él había dicho incluso que si salía elegido presidente iba a haber una guerra entre Venezuela y Colombia. Pero recurrí al humor, algo que aprendí leyendo historia.

Santos fue galardonado con el premio Nobel de la paz en 2016 por poner fin a 52 aos de conflicto con la guerrilla de las FARC. 
Santos fue galardonado con el premio Nobel de la paz en 2016 por poner fin a 52 aos de conflicto con la guerrilla de las FARC. ALEX GARCIA

¿Humor?

Chávez tenía sentido del humor. Y entonces yo lo invité a una reunión a un sitio que sabía que le interesaría, la casa donde murió Simón Bolívar, la Quinta de San Pedro Alejandrino. ¿Y sabe cómo rompimos el hielo?

¿Cómo?

Él siempre daba una rueda de prensa cuando llegaba a un aeropuerto. Y en esa ocasión sacó una bandera blanca y dijo que iba a hacer las paces con Santos el día de su 48 cumpleaños. Y cuando vi eso, ya supe cómo abordarle. Cuando llegó a la quinta y vino a abrazarme, le estreché la mano secamente y le dije: ‘presidente Chávez, esta reunión comenzó muy mal’. En un tono agresivo. Y se quedó sorprendidísimo. ‘¿Qué pasó?’, me contestó. Y le dije que había hecho unas declaraciones que me ponían en serios problemas. Usted dijo que yo cumplía 48 años, y en realidad cumplo 58 y mi señora me va a demandar mucho más. Entonces captó la broma, se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja y me abrazó. Y a partir de ahí cambió la relación.

Relaciones con Venezuela

Con Chávez nos habíamos insultado, pero cuando me eligieron presidente de Colombia recurrí al humor, algo que aprendí leyendo historia

¿También recurrió al humor con Timoshenko, el líder de las FARC?

Cuando lo conocí por primera vez, en Cuba, Raúl Castro me llevó a su oficina, nos presentó, nos hizo sentar a los dos y… se fue. Nos dejó solos. Entonces yo lo miré y le dije, oiga, usted y yo nos hemos querido matar durante más de 30 años, pero aquí estamos, para hacer algo que nos va a cambiar la vida a los dos y a Colombia, que es lograr la paz. Entonces le propongo que a partir de este momento usted y yo vamos a imaginar que estamos en una canoa, usted va a remar por un lado y yo por el otro, pero los dos en la misma dirección. No importa lo que venga porque usted va a tener problemas con su gente y yo voy con la mía, pero vamos a seguir remando hasta alcanzar el objetivo. Y lo cierto es que él remó y siguió remando. Timoshenko cumplió, lo tengo que reconocer, más que el Estado, que ha incumplido muchas cosas, como por ejemplo matar a algunos guerrilleros que firmaron los acuerdos.

¿Cómo fue la negociación con ‘Timoshenko’, líder de las FARC?

Cuando conocí a ‘Timoshenko’, en Cuba, Raúl Castro me llevó a su oficina, nos presentó, nos hizo sentar a los dos y… se fue. Entonces lo miré y le dije, oiga, usted y yo nos hemos querido matar durante más de 30 años, pero aquí estamos, para hacer algo que nos va a cambiar la vida a los dos y a toda Colombia.

Conversaciones de paz

Cuando conocí a Timoshenko, en Cuba, Raúl Castro me llevó a su oficina, nos presentó, nos hizo sentar a los dos y… se fue

Este 2026 se han cumplido diez años de los acuerdos de paz y el proceso está en peligro.

La evolución ha sido un poco triste, pues mis sucesores, uno de derecha, Iván Duque, y uno de izquierda, Gustavo Petro, por razones diferentes, no han tenido ni la voluntad política ni la capacidad de implementar el acuerdo. El problema de Colombia no es que no se haya aplicado, sino haber dejado las zonas guerrilleras a la deriva y que con la paz hayan surgido las bandas criminales. En áreas cocaleras y ricas en minerales y con poca presencia del Estado durante mucho tiempo esas bandas se pelean por el control, lo que ha generado mucha violencia.

Usted se ha mostrado crítico con el nuevo Gobierno.

Lo que le digo al nuevo gobierno, que por razones ideológicas también es contrario al acuerdo de paz, es que lo mejor que puede es implementar el acuerdo. No necesita reformas constitucionales, ni ninguna ley, lo que le hace falta es voluntad política, porque es la única forma para poder recuperar el control del territorio y quitarse de encima a las mafias que hoy controlan esas zonas del país. Lo que me preocupa es que el Gobierno se radicalice más, porque va a llevar al país a una situación muy difícil, va a perder popularidad y va a perder capacidad de hacer las reformas que el país necesita. La política de solo mano dura está condenada al fracaso.

De la Espriella, que ha posado junto a cadáveres de supuestos criminales, no parece transitar ese camino.

Eso es triste. Y no solamente sucede en Colombia. Ocurre en muchas partes, que por razones ideológicas o por la lucha por el poder , muchos líderes están dispuestos a sacrificar miles y miles de vidas, como el señor Netanyahu en Israel. Hay tantos ejemplos de esa lucha por el poder que saca lo peor de la condición humana.

Paz total

“Colombia está mucho peor ahora que antes de empezar el proceso que impulsó Petro”

También reprobó la política de paz total de Gustavo Petro.

Fui muy crítico de la paz total que impulsó Petro, no por sentarse a dialogar, sino por la falta de planificación, la falta de conocimiento de cómo se hace la paz. Y, desafortunadamente, pues sí, resultó un fracaso. Y hoy estamos mucho peor de lo que estábamos antes de iniciar ese proceso.

¿Vislumbra alguna solución?

Pues mire, lo que hace falta es tener una política de seguridad integral y efectiva, y esa no consiste en bombardear a las mafias, porque eso no nos lleva a ningún lado. Una política de seguridad efectiva, como la que nosotros pusimos en marcha, respeta los derechos humanos, y utiliza la inteligencia militar. En este caso, como se trata de bandas criminales que persiguen un lucro, hay que ir detrás de sus fuentes de financiación, del lavado de activos… Eso una política de seguridad integral.

David Dusster Sánchez

Periodista, reportero y viajero. Redactor jefe de Narrativas Visuales de ‘La Vanguardia’. Profesor asociado del máster de periodismo BCN-NY de la UB. Premio Unicef (2001), Premi del Consell de Benestar Social (2002) y Premio Tiflos (2010)

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