En la inauguración del segundo mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, solo una mandataria europea estaba invitada. Aunque no es habitual que los jefes de Estado o de Gobierno europeos estén presentes en la explanada del Capitolio, el republicano decidió romper con la tradición con Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, con quien se llevaba estupendamente.
Hubo un tiempo en el que Meloni, como solía hacer el exprimer ministro húngaro Viktor Orbán, presumía de poder ser una interlocutora entre la UE y el magnate. Trump también invitó a su investidura, a título personal y no institucional, a otros partidos europeos. Fue el presidente de Vox, Santiago Abascal, quien el año pasado organizó en Madrid un acto llamado Make Europe Great Again. También se encontraban representantes de la formación francesa Reagrupamiento Nacional, de Marine Le Pen, de Alternativa para Alemania (AfD) o del polaco Ley y Justicia (PiS).
Durante años, la constelación ultraconservadora europea exhibió su proximidad al magnate, con el que compartían su discurso contra la inmigración y a favor del control de las fronteras, el antiglobalismo o la batalla contra la llamada cultura woke. El mundo MAGA era referencia para figuras como el italiano Matteo Salvini, Geert Wilders (Países Bajos) o el primer ministro checo, Andrej Babis, quienes no han dudado en presentarse como el Trump neerlandés o checo en sus países.
“Hoy digo que estoy en Ciudad Real, no en Michigan”, defendió hace unos días Abascal en un mitin
Sin embargo, hace tiempo que el embrujo comenzó a romperse. Sucedió cuando declaró la guerra arancelaria contra Europa, cuando trató de hacerse con Groenlandia, pero, sobre todo, cuando inició el conflicto contra Irán, que en menos de un año ha costado a Europa más de 100.000 millones de euros. Ahora, después de la debacle de los republicanos en las elecciones legislativas de mitad de mandato, muchas de estas figuras han optado por marcar distancias argumentando que erró bombardeando Oriente Medio.
“Lo que pase en otros países no es asunto mío”, consideró el delfín de Le Pen, Jordan Bardella, quien, sin embargo, admitió que “la intervención estadounidense en Irán conlleva consecuencias muy graves” para las economías de todo el mundo. En Alemania, Alice Weidel, codirigente de AfD, justificó que Trump había prometido a sus votantes que no llevaría a cabo una política exterior “intervencionista”, y que “haber roto esta promesa de campaña se ha vuelto en contra de los republicanos”. Weidel se reunió con el vicepresidente J.D. Vance en su controvertida participación en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero del 2025 y también recibió las felicitaciones del presidente tras su victoria en la región oriental de Sajonia-Anhalt.
Para el general ultraderechista italiano Roberto Vannacci el aumento de los precios de la energía y la agitación en los mercados han perjudicado a la clase media de EE.UU., y “Trump no estuvo a la altura de las expectativas, fue incapaz de poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania y lanzó una guerra contra Irán”. “El resultado estadounidense estuvo influenciado sobre todo por las guerras, las tensiones internacionales y el aumento del coste de la vida, cuyas consecuencias recaen directamente sobre las familias”, coincidió otro italiano, Salvini, que hasta hace poco lucía la gorra roja del trumpismo. Meloni se avanzó a sus competidores alejándose hace meses, entre las burlas del magnate sobre la “orden de alejamiento” que necesitaba sobre la italiana en la cumbre de la OTAN de Ankara.
Meloni se avanzó a sus competidores alejándose hace meses del magnate, quien se burló de ella
Y, ¿en España? Preguntado en Onda Cero por las midterm , Abascal salió del paso diciendo que, aunque conviene estar a buenas con EE.UU., “bastante ocupado” está con las elecciones españolas como para preocuparse por “cualquier resultado de cualquier otro en cualquier lugar del mundo”. “Hoy digo que estoy en Ciudad Real, no en Michigan”, zanjó hace unos días durante un mitin.
“El riesgo es que Trump y sus aliados de MAGA, que ven a la extrema derecha europea como socios ideológicos en su lucha contra el establishment europeo, respondan retirando su apoyo político o incluso volviéndose en su contra”, analizó el director de la consultora de riesgo político Eurasia Group, Mujtaba Rahman. El voto en EE.UU., Brasil o Hungría no son buenas noticias para las fuerzas ultraconservadoras en un año en que se juegan mucho: no solo España a punto de acudir a las urnas, sino también Francia, Italia, Finlandia o Polonia.
