La huelga general del 11 de noviembre se presenta como la más abierta e incierta de las convocatorias de paro de 24 horas de la democracia. Es inédita porque nunca antes los sindicatos CC.OO. y UGT se habían visto empujados a convocar una huelga que no nació de sus filas, sino del movimiento ciudadano vinculado al Sindicato de Inquilinas, reclamando soluciones al problema de la vivienda tras el (ya lejano aunque solo hayan pasado menos de dos meses) desahucio de Maricarmen. Nunca antes tampoco se había convocado a dos semanas de unas elecciones generales.
Los sindicatos confían en que en los días previos la movilización vaya cogiendo fuerza y el paro se note en la economía y en las calles. Fuentes sindicales dan por hecho que en muchas de las grandes empresas se parará la actividad. En la compañía emblema de la industria española, la Seat en Martorell, el paro de las cadenas de montaje de coches será total el próximo miércoles, señalan. Su comité ha llamado abiertamente a la huelga. Esa paralización se espera que se extienda a todo el parque de proveedores que da servicio a la automovilística, la única empresa española del sector que diseña, fabrica y comercializa vehículos.
En otros puntos clave de Catalunya, como el mercado de abastos Mercabarna, y en el conjunto de la Zona Franca están diseñados los piquetes informativos habituales para hacer muy complicada la movilidad. Que no haya productos frescos en las tiendas de distribución que puedan abrir esa jornada de huelga es siempre uno de los indicadores del éxito de la misma.
En el resto de sectores con empresas medianas donde hay menos penetración de los grandes sindicatos hay mucha más incertidumbre. Y especialmente en las oficinas donde la irrupción del teletrabajo cambia completamente la manera de contabilizar los huelguistas.
Las patronales auguran un fracaso de un acto que consideran político y sin contenido empresarial
Por eso los piquetes informativos –que serán los habituales– representan también una incógnita sobre su utilidad respecto a anteriores convocatorias. La del miércoles es la primera huelga general en España en la que el teletrabajo está plenamente implantado en la sociedad. En noviembre del 2012, durante la última huelga general, los trabajadores podían excusarse en los problemas de movilidad o en los piquetes para justificar no acudir a su puesto de trabajo. Ahora con el teletrabajo no podrán utilizar esas excusas clásicas. Deberán decidir si la secundan o no.
Las grandes patronales han evitado recomendar el uso del teletrabajo como alternativa ante las posibles dificultades para acceder a la oficina. Los sindicatos explican que en algunas empresas ha habido conflictos sobre el uso del teletrabajo. CC.OO. y UGT sostienen que el porcentaje de personas trabajando a distancia no puede ser superior al de un miércoles normal. La patronal Pimec ha dado directrices a sus socios entre las que se encuentra la posibilidad del uso del teletrabajo. Foment, en cambio, no.
Pepe Álvarez, secretario general de UGT, vaticinó ayer que “la huelga va a ir entre bien y muy bien, especialmente en aquellas zonas donde la vivienda está más tensionada”. Las sensaciones compartidas por los sindicatos apuntan a que donde puede tener más seguimiento es en entornos urbanos como Barcelona, Madrid, València, Sevilla y Málaga, donde el problema de acceso a un techo digno es más complejo.
Para Javier Pacheco, secretario de acción sindical de la confederación de CC.OO., los apoyos han crecido conformen avanzaban los días: “Es lo que se nota en las asambleas y actos que estamos celebrando”. Desde hace semanas, los líderes de los dos sindicatos se han implicado recorriendo España tratando de movilizar a los trabajadores. El Sindicato de Inquilinas les instó a hacerlo. “Tenemos 3.600 adhesiones de comités de empresa que han mostrado su apoyo”, añade el sindicalista. Una encuesta de UGT a dos semanas del paro mostraba que el 71% de los trabajadores compartía los motivos de la huelga.
Los sindicatos creen que la manifestación triunfará en entornos urbanos y en las grandes empresas
Fuera del paro en sí, tanto Unai Sordo, secretario general de CC.OO. , como Álvarez le dan mucha importancia a las manifestaciones de la tarde en las grandes ciudades españolas para medir el éxito de la jornada. “Si el clima nos acompaña un poco, que parece que no está muy fácil que nos acompañe, creo que ese reflejo del éxito de la huelga va a quedar muy patente en las manifestaciones”, dice Álvarez. La previsión apunta a posibilidad de lluvias en media España.
En las patronales se apuesta por que la huelga no triunfará porque no hay razones empresariales detrás y porque, afirman, es un paro político. En algunas de las organizaciones de empresarios hay cierta preocupación porque el paro pueda ser aprovechado por grupos descontrolados que provoquen altercados como los de Barcelona de hace dos fines de semana con ataques a inmobiliarias o establecimientos de cara al público. En Catalunya, los sindicatos se reunieron esta semana con los Mossos y la Guardia Urbana para analizar la convocatoria, sin identificar por el momento riesgos graves. Las centrales sindicales tratarán de ajustar la convocatoria de gran manifestación de la tarde sin parlamentos al finalizar. Los posibles incidentes aprovechando el corte de las calles son también otra de las incógnitas.
CSIF, USO y sindicatos sectoriales, en contra
La huelga general del 11 de noviembre no será apoyada por todos los sindicatos representativos. CSIF, USO, Fetico y Valorian han rechazado secundar el paro por, esencialmente, considerarlo como “político”.
En el caso de CSIF, representativo en la función pública, y Fetico, en el comercio, sus argumentos giran en torno a que se trata de una convocatoria con oportunidad política. Ambas centrales son críticas por el momento: el final de una legislatura después de ocho años de Gobierno socialista y a las puertas de una campaña electoral.
USO, por su parte, que es la tercera organización sindical del país con 13.000 delegados y 150.000 afiliados, asegura que comparte las reivindicaciones asociadas al problema de la vivienda, pero no secundará la huelga general porque se puede interpretar como “una campaña electoral por algún partido”.
Valorian, central mayoritaria entre las agencias de viajes, tampoco participará en el paro general al considerar que la mejor vía para trasladar las reivindicaciones es la negociación colectiva.
Movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil sí apoyan la convocatoria
Movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil sí apoyan la convocatoria de paro de 24 horas. Asociaciones vecinales, ecologistas, promotores de la educación y sanidad públicas, organizaciones feministas y en defensa de la diversidad sexual y de género, entre otras, se reunieron esta semana con CC.OO. y UGT para manifestar su compromiso con la jornada de protesta.
La huelga general apunta, en cualquier caso, a los empresarios y se produce en un momento de bloqueo del nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC). La CEOE llegó a plantearse impugnar la convocatoria, aunque finalmente no lo ha hecho. Las patronales, de forma unánime, rechazan la convocatoria y alguna, como la madrileña CEIM, ha dado un paso más calificándola de “huelga política”.
Los alquileres suben el doble que los salarios
La convocatoria de huelga general surgió a raíz del desahucio de Maricarmen Abascal impulsada únicamente por el Sindicato de Inquilinas. La organización mantuvo conversaciones iniciales con CC.OO y UGT, pero las dos centrales mayoritarias no se sumaron desde el principio a la convocatoria. Pero el efecto Maricarmen fue creciendo, la acampada en Sol (Madrid) se asentó y, al final, los sindicatos mayoritarios giraron ante la ola por la vivienda que estaba empezando a crecer. Encontraron un encaje legal a la convocatoria: la crisis de acceso y el encarecimiento de la vida.
La convocatoria de paro gira en torno a que los salarios actuales impiden poder acceder a una vivienda digna, especialmente en las grandes ciudades y zonas turísticas, que es donde se concentra la mayor parte de los trabajadores.
La reivindicación bebe de la realidad de que en la última década los precios del alquiler han subido el doble que los sueldos. En algunas zonas, como Barcelona, Madrid, Sevilla, Alicante, València, Málaga o Baleares, entre otras, esa diferencia es aún mayor. El mercado de la vivienda tiene un carácter eminentemente local, por lo que cada territorio tiene su propia evolución.
Desde el 2016, los sueldos han subido alrededor de un 25% de media. Sin embargo, los alquileres se han revalorizado un 50%, un 60% o, en algunas zonas tensionadas, hasta el 100%.
El sindicato UGT publicó hace unos días un estudio centrado en Catalunya que concluía que los alquileres han aumentado un 60% en la última década, mientras que el salario bruto medio solo creció un 30,46%, la mitad.
Esta situación implica que cada vez más personas se ven expulsadas de determinadas zonas residenciales. Además, las familias están teniendo que dedicar más del 30% de los ingresos al pago de la vivienda, lo que excede todas las recomendaciones.
Esta tensión en los precios tiene su reflejo en el perfil del inquilino: casi la mitad afirma vivir de alquiler porque no tiene otra opción y cada vez más personas se ven obligadas a alquilar habitaciones.
Otra consecuencia de la tensión en los precios de la vivienda es que cada vez más personas se ven forzadas a vivir de alquiler porque sus salarios les imposibilitan acceder a un inmueble en propiedad. Es la pescadilla que se muerde la cola: la compraventa se complica, las familias optan por el alquiler y los precios de los arrendamientos les expulsan a zonas más asequibles.
CC.OO. hizo público también hace unos días un informe con datos estatales sobre la evolución de los precios de compraventa de vivienda y los salarios. La conclusión era aún más cruda: entre el tercer trimestre del 2013 y el mismo periodo de este año, los precios del mercado libre subieron un 108%, mientras que el salario medio solo creció un 30% nominal. Es decir, el alza del coste de compra multiplica por 3,6 la evolución de los sueldos. Fernando H. Valls
Del teletrabajo al esquirolaje tecnológico
En el paro del miércoles –además del efecto del teletrabajo– también es una incógnita el impacto del denominado esquirolaje tecnológico en la convocatoria. Es el término que se utiliza para definir cuando una empresa utiliza medios tecnológicos como la inteligencia artificial (IA) para suplir a sus trabajadores en huelga. El ejemplo típico es el de una empresa de centros de atención al cliente o llamadas donde agentes de IA pueden sustituir a los teleoperadores en huelga. Aunque también puede darse en el caso de empresas de otros sectores donde la inteligencia artificial pueda llevar a cabo procesos que habitualmente son de humanos. Los sindicatos reconocen que son ámbitos nuevos en los que debe analizarse el uso que se hace en situaciones inéditas hasta la fecha como una huelga general.
El último paro de 24 horas que hubo en España fue hace 14 años, cuando el teletrabajo era marginal. “Esta huelga no se desarrolla ni en el mismo contexto económico ni laboral de las últimas huelgas generales que hubo en el 2012, porque uno de los factores es el teletrabajo”, reflexiona Belén López, secretaria general de CC.OO. Catalunya. Para Camil Ros, secretario general de UGT Catalunya, será importante “vigilar el uso del teletrabajo y que no haya un uso superior al de un miércoles normal”.
La medida que dará la referencia sobre el éxito de la convocatoria es el de las personas que estén dadas de alta ese día en la Seguridad Social, porque los huelguistas esa jornada –obviamente–no cobran el salario ni tampoco cotizan. Pero esa es una información que no es ni mucho menos inmediata.
Por eso, se espera que el miércoles haya una batalla de cifras de seguimiento, especialmente a la hora de contar si algunos de los que teletrabajan en realidad apoyan la huelga pero de una manera diferente, explican los sindicatos.
A causa de esos condicionantes, desde las organizaciones de trabajadores catalanas y desde las confederaciones estatales se da una importancia máxima al éxito de las manifestaciones de la tarde del miércoles. López señala que “esta huelga no se puede comparar con los parámetros de las últimas huelgas, porque la convocatoria en sí misma ya es una convocatoria heterodoxa. Lo que se prevé e intenta conseguir, y estamos convencidos de que será un éxito, es una gran movilización social”. Ros añade que se han puesto todos los elementos para conseguir que en manifestaciones como la de la ciudad de Barcelona se pueda hacer una demostración de fuerza cívica.
Por eso, por ejemplo, los sindicatos solicitaron alargar media hora los servicios mínimos de trenes y autobuses para facilitar que las personas que vayan a la gran manifestación de Barcelona puedan regresar a sus casas tras la convocatoria que –a falta de algunos flecos– se desarrollará por el paseo de Gràcia. E. Magallón
