El rechazo demócrata a los centros de datos amenaza el crecimiento de la IA

¿Vive la industria de la inteligencia artificial (IA) el fin de una etapa? En las últimas semanas, las grandes promesas de los gigantes tecnológicos han mostrado los primeros signos de agotamiento. Las bolsas van a la baja y los demócratas quieren frenar la expansión de centros de datos, una infraestructura clave que almacena toda la información de ChatGPT y otras plataformas de inteligencia artificial. El mercado empieza a cuestionar el crecimento a toda costa y, por eso, el sector divisa como se acerca una nueva era menos optimista.

“Los resultados de las elecciones midterm son el canto del cisne”, augura el profesor Xavier Ferràs, doctor en Economía y Empresa e ingeniero de telecomunicaciones. Esta semana, la población de Estados Unidos ha protagonizado un giro demócrata que no se entendería sin el rechazo a los centros de datos promovidos a toda costa por el presidente Donald Trump y su temor al liderazgo tecnológico chino.

Con el dominio republicano, la industria ha tenido barra libre para anunciar inversiones multimillonarias en la construcción de estos centros, también conocidos como hiperescaladores o gigafactorías de IA por sus altas capacidades de almacenamiento. Tal y como indica el mapa, está previsto que su presencia se triplique en los próximos años, al pasar de los 555 campus operativos en la actualidad a más de 1.500. Especialmente se ven afectadas zonas rurales de estados como Virginia, Texas, California, Georgia y Ohio. Y no se implantarán centros de datos tradicionales, sino complejos como el que proyecta Meta en el estado de Luisiana, que tendrá el tamaño de la isla de Manhattan.

Estados Unidos tenía previsto triplicar las instalaciones, pero los demócratas plantean frenar

La monstruosidad de esta y otras infraestructuras de Google, Amazon o Microsoft ha infundido el escepticismo entre la población. De hecho, no solo han castigado a Trump en el Congreso y el Senado, sino que en una cuarentena de referéndums locales celebrados el mismo día de las elecciones votaron taxativamente en contra de la expansión de los centros de datos.

El gasto energético de estas instalaciones es tremendo y las fuentes que utiliza son principalmente de origen fósil y contaminante (véase gráfico). De hecho, gigantes tecnológicos como Microsoft en Pensilvania o Google en Iowa planean reabrir centrales nucleares para abastecer la demanda. Además, Ferràs sostiene que el consumo de agua de los centros también es muy elevado, ya que exige refrigerar los microchips: “Este modelo se podría sostener en lugares fríos y húmedos con abundancia eléctrica, pero estados como Texas tienen las condiciones contrarias”, señala. El ruido que generan estos centros gigantescos también provoca malestar social.

Por ahora, la población confía en las promesas de los candidatos demócratas. En estados afectados como Texas, la candidata ganadora, Gina Hinojosa, ya ha anunciado una moratoria para frenar próximas aperturas. Además, el movimiento social de oposición ha empezado a traspasar fronteras. El viernes, un centenar de manifestantes protestaron frente a un macrocentro que Microsoft está construyendo en Amsterdam. Detrás estaba el movimiento ecologista Stop Dirty Data Centres, que este fin de semana ha convocado acciones similares en un total de 16 países.

Las compañías gestoras quieren reabrir centrales nucleares para abastecer la demanda energética

Los mercados no son ajenos a este malestar y, especialmente, al cambio de rasante en Estados Unidos. Aunque en un primer momento celebraron la victoria demócrata, las tecnológicas protagonizaron fuertes caídas los días siguientes. El Nasdaq 100, el índice que representa las mayores tecnológicas estadounidenses, cerró la semana con un desplome superior al 5%. “No estamos ante un escenario de un estallido de la burbuja porque el potencial de la IA es bestial a largo plazo. Sin embargo, el mercado teme que la construcción de centros de datos se frene definitivamente y que el crecimiento prometido no se produzca. Por eso, los inversores prefieren invertir en empresas de otros sectores que también están registrando buenos resultados”, comenta Jaume Puig, director general de la firma de servicios financieros GVC Gaesco.

De todos modos, las bolsas ya venían cuestionando a toda la industria desde la semana anterior. En vísperas de la celebración de Halloween, las tecnológicas de Estados Unidos protagonizaron caídas históricas, del 30% en el caso de Intel; del 12% en el caso de Alphabet o del 11% en Meta. “Los resultados trimestrales fueron buenos, pero el mercado castigó la incertidumbre acerca del retorno de la inversión que las compañías prometen a partir del 2029, cuando supuestamente toda la infraestructura de centros de datos debe rendir a plena capacidad”, indica. Según Puig, nadie duda del potencial de la tecnología en el largo plazo. Sin embargo, en el medio plazo no está claro que exista en el mercado una demanda tan elevada que sea capaz de rentabilizar la millonaria inversión de las big tech en IA. “El ritmo de adopción de la IA está siendo lento, no va al ritmo de los avances que presenta la industria. En el medio plazo, no está claro que el mundo empresarial adopte los servicios de superinteligencia que están preparando las grandes compañías”, apunta el profesor Ferràs.

La inversión en el despliegue de la IA está siendo estratosférica. Nunca antes las grandes tecnológicas de Estados Unidos habían emitido bonos de deuda para financiar su crecimiento. Según Bloomberg, la inversión en el despliegue de la IA por parte de Google, Meta, Amazon y Microsoft será este año de 750.000 millones de dólares, una inversión que superará el billón de euros anual en los próximos años. 

Los mercados cuestionan la rentabilidad a medio plazo de las grandes inversiones

A gran escala, esta revolución tecnológica está implicando un desembolso prácticamente sin precedentes en Estados Unidos. Un estudio de la Columbia Business School señala que el país destinará entre el 2025 y el 2032 el 3,6% de su PIB anual en el despliegue de hardware de IA: no solo centros de datos, también microchips, infraestructura eléctrica y energética… “Es un porcentaje que casi alcanza el 4% que se anotó en la carrera aeroespacial y que supera el de otras revoluciones tecnológicas, como el despliegue del ferrocarril”, apunta el profesor.

Más allá del freno en la construcción de centros de datos, y de las dudas acerca de la rentabilidad de las inversiones en el medio plazo, la industria de la IA tiene otros frentes abiertos que dejan entrever una nueva etapa menos optimista. Por un lado, los crecientes incidentes de ciberseguridad –como el de HuggingFace y Open AI el pasado verano– han provocado que los propios directivos de la industria hayan hecho una llamada a bajar el ritmo de de­sarrollo tecnológico porque temen el descontrol del algoritmo. Por otro lado, Ferràs asegura que “el modelo actual de entrenamiento de los modelos está agotado”. Tal y como ha dicho Elon Musk, líder de la plataforma xAI, las plataformas ya han consumido la gran mayoría de datos que existen en internet.

Blanca Gispert Hernandez

Redactora en la sección de Economía desde el 2015. Graduada en Periodismo y Derecho por la UPF. Hoy escribe de economía digital y empresas en crisis

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