El Régimen 28 debe mantener su ambición para las startups europeas

Una empresa no se va de Europa de un día para otro. Primero mueve una parte de su estructura. Después abre una sociedad fuera. Más tarde levanta una ronda bajo un marco que los inversores entienden mejor. Luego empieza a contratar talento allí donde puede ofrecer condiciones más competitivas. Cuando queremos darnos cuenta, Europa conserva el origen de la compañía, pero ha perdido el control de su crecimiento. Ese es el riesgo que Europa no puede permitirse normalizar.

El Régimen 28 llega ahora a una fase decisiva. La propuesta de la Comisión Europea nació con una ambición clara: reducir la fragmentación que sigue frenando a las startups y scaleups europeas cuando intentan crecer dentro del mercado único. El Parlamento Europeo tiene ahora la oportunidad de mejorar ese texto, pero también el riesgo de hacerlo menos útil si las cautelas añadidas terminan pesando más que la propia solución.

Europa necesita seguridad jurídica y también necesita velocidad. Para una empresa que compite por capital, talento y mercado, esas dos cosas son inseparables. El debate, aunque pueda parecer técnico, tiene grandes consecuencias para la competitividad europea. Hablamos de cómo se constituye una compañía, de qué entienden los inversores cuando entran en una ronda, de cómo se reparten derechos, de cómo se incentiva a los empleados y de qué coste tiene crecer en varios países. Todo eso determina si una empresa dedica su energía a construir y escalar, o si la dedica a navegar en una arquitectura europea todavía demasiado fragmentada.

Europa tiene talento. Lo que todavía no tiene es un camino suficientemente sencillo para que ese talento se convierta en compañías globales sin perder velocidad por el camino.

ROMEO BOETZLE

La propuesta inicial de la Comisión Europea apuntaba en la dirección adecuada. Planteaba una forma societaria común, voluntaria y reconocible en toda la Unión Europea; procedimientos digitales por defecto; constitución rápida en un plazo de 48 horas; bajo coste; capital mínimo de cero euros; el principio de “solo una vez”, para evitar duplicar información ante distintas administraciones, y reglas más homogéneas para facilitar la inversión transfronteriza. También incorporaba herramientas especialmente relevantes para talento, como los planes europeos de participación de empleados.

Son medidas prácticas. Precisamente por eso importan. Una empresa no necesita grandes declaraciones sobre el mercado único si después cada país exige volver a empezar. Necesita que un inversor internacional entienda que tiene un marco fácil para invertir y que la atracción de talento sea posible dando participación a los empleados como una herramienta real de crecimiento. Y es que el talento está en el centro de esta discusión. Durante años Europa ha hablado de retener talento como si dependiera solo de convencer a las personas de quedarse. Pero el talento se mueve hacia donde encuentra oportunidades. Las startups no siempre pueden competir con las grandes compañías en salario desde el primer día. Compiten con participación en el valor futuro. Por eso las stock options y los planes de participación no son un detalle técnico. Son una de las herramientas que permiten atraer perfiles clave cuando todavía no existe la capacidad financiera de una gran corporación.

El Parlamento Europeo introduce ahora cautelas en la propuesta de reglamento de la Comisión sobre la futura EUInc que merecen una lectura cuidadosa. La voluntad de preservar seguridad jurídica es legítima y compartida por todos. Un régimen europeo común debe generar confianza. Pero el valor del Régimen 28 dependerá de que esas garantías
no vacíen la ambición original de la propuesta.

La clave estará en cómo se concreten esos cambios. Por ejemplo, se habla de limitar las actividades que pueden acogerse al régimen, pero podría dejar fuera modelos de innovación que nacen precisamente en la intersección entre sectores: software aplicado a industria, inteligencia artificial aplicada a salud, datos aplicados a energía, ciberseguridad, movilidad, defensa, fintech o tecnologías duales. Por otro lado, las cautelas sobre el país de registro no deberían devolver a las compañías a la lógica de justificar país por país dónde operan y bajo qué reglas crecen. O el hecho de incorporar controles previos no puede convertirse en un nuevo cuello de botella burocrático para las empresas innovadoras.

Pero creo que la apuesta debe seguir siendo el talento. La propuesta inicial facilitaba que startups y scaleups pudieran ofrecer participación en la empresa a sus empleados de forma sencilla y competitiva. No es una cuestión menor: para una compañía de alto crecimiento, compartir parte del valor futuro que está construyendo puede ser decisivo para atraer y retener talento cuando aún no puede competir en salario con una gran corporación. Si estos planes se complican con normas nacionales, obligaciones distintas o tratamientos fiscales poco claros, dejarán de cumplir su función. Y lo mismo ocurre con las fases posteriores de crecimiento: constituir una empresa con rapidez es importante, pero Europa necesita que el Régimen 28 acompañe también la financiación sobre todo de inversores internacionales.

La pregunta de fondo es muy concreta: después de esta reforma, ¿será más fácil construir una compañía global desde Madrid, Barcelona, París, Lisboa, Berlín o Milán? Al final todo gira sobre mejorar la competitividad europea. Europa quiere reforzar su autonomía tecnológica, atraer inversión, movilizar capital privado y convertir conocimiento en empresas capaces de competir con Estados Unidos y China. Para lograrlo, necesita talento y necesita financiación, y para ello es crucial que el marco incentive que el talento no abandone Europa y permita que esa financiación llegue más rápido.

La tramitación actual es una oportunidad para demostrar que Europa puede proteger sin renunciar a la velocidad. Si el texto final mantiene su ambición,
EU Inc. puede convertirse en una herramienta real para reducir fricción y ayudar a que las empresas innovadoras crezcan desde Europa. Es el momento de construir más Europa.

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