
El primer ministro británico, Andy Burnham, en su primer discurso ante la cámara de los Comunes como jefe del Ejecutivo, atribuyó el origen de los males que afectan al país y, sobre todo, la década de lento crecimiento económico, al Brexit, la salida de la Unión Europea que fue aprobada por los británicos en un referéndum en 2016.
El líder laborista afirmó tener un diagnóstico claro de lo que ha fallado en el Reino Unido y lo explicó con claridad: “desde la década de 1980, este país tomó una serie de decisiones equivocadas. El poder político se centralizó, el poder económico se privatizó, el país se desindustrializó y le siguió la austeridad, debilitando a los ayuntamientos y privándolos de la capacidad para revertir esta situación. Y luego el Brexit agravó el daño, dando paso a una década de bajo crecimiento y regeneración estancada”.
Burnham, que sucedió como líder laborista y primer ministro a Keith Starmer a finales de julio, indicó que el cambio comienza con la honestidad. “A menos que seamos francos sobre lo que salió mal, no lograremos cambiar las cosas”, matizó.
Burnham también tuvo palabras de agradecimiento para su predecesor, quien ayer mismo anunció que dejará su escaño como parlamentario, según informó un periódico local ayer.
El primer ministro británico también prometió recuperar el control público de más servicios esenciales, así como descentralizar más poderes a las regiones del país.
El diagnóstico de Burnham
“El poder político se centralizó, el poder económico se privatizó, el país se desindustrializó y le siguió la austeridad, debilitando a los ayuntamientos…”
Andy Burnham volvió esta tarde al parlamento tras diez años de ausencia como diputado, pues había dimitado para presentarse y ganar las elecciones en 2017 para ser alcalde de Manchester. Y aseguró que su Gobierno ”será implacable a la hora de dar a la gente y a los lugares lo que se les prometió hace 10 años: propiedad y control”, como paso para lograr el crecimiento económico del país.
En este sentido, el primer ministro criticó duramente el “modelo económico fallido” y las políticas de privatización que imperan en el Reino Unido desde la década de 1980, y abogó por ejercer un “control público más estricto sobre los productos esenciales” como el agua, con el objetivo de abaratar el coste de la vida.
Desde su llegada al poder, Burnham incidió en la importancia de descentralizar la política de Londres hacia el resto del país y anunció, entre otras, la apertura de una oficina en Mánchester apodada el ’10 de Downing Street del Norte’. Ahora busca ir más allá. En concreto, puso su foco en lograr un acuerdo de descentralización para la región de Cornualles (oeste de Inglaterra) y extendió la oferta a otras partes del país.
Por otro lado, también ha dicho estar dispuesto a “estudiar” una posible reforma electoral y se ha comprometido, entre otros, a presentar un proyecto de ley sobre propiedad horizontal y arrendamiento, para poder acabar con un sistema “injusto”.
En su primer cara a cara con Burnham, la líder de la oposición, la conservadora Kemi Badenoch, le recordó que el trabajo de primer ministro es muy diferente al de alcalde de Mánchester y tildó de “errónea” su visión de crecimiento: “Cree que si el Gobierno gasta más dinero, todos nos haremos más ricos. Así no funcionan las cosas”.
