Barcelona, clave en la fusión Estée-Puig

Con permiso de Trump, Jamenei y el estrecho de Ormuz, las negociaciones para una posible fusión entre el gigante estadounidense Estée Lauder y la multinacional catalana Puig siguen adelante. Más allá de las tensiones geopolíticas, la operación “tiene un sentido estratégico, geográfico y de verticales”, destacaba esta misma semana la gestora Bestinver, que considera la fusión “muy interesante” para el mercado español y ve el conflicto de Oriente Medio como “una oportunidad para comprar e invertir en empresas en las que durante estas crisis su valor intrínseco sube”.

El futuro papel de la ciudad dentro del nuevo grupo es uno de los puntos clave de las negociaciones

Las conversaciones entre los dos grupos siguen avanzando, confirman fuentes próximas, y se espera que culminen en las próximas semanas. El futuro papel de Barcelona en el resultante de esa potencial fusión es uno de los puntos clave de las negociaciones. Frente al temor a que Barcelona pierda peso, dado el tamaño muy superior de Estée Lauder (factura 12.300 millones de euros frente a los 5.042 millones de Puig), esas fuentes del mercado próximas a las conversaciones aseguran que la ciudad, sede histórica de Puig desde su fundación en 1914, mantendría un papel central tanto a nivel operativo como cultural. La integración, añaden, reforzaría su posicionamiento como hub internacional en belleza premium, y permitiría ampliar las capacidades existentes para consolidar su estatus como uno de los polos globales de referencia dentro del sector. La CNMV, por su parte, ha aclarado que la actual legislación permitiría sin problemas que el nuevo grupo siguiera cotizando en la Bolsa española a la vez que en Wall Street.

En base a las cifras de facturación de las dos compañías y a su valoración bursátil, en una escala diferencial similar, el mercado calcula que la familia Puig podría hacerse como máximo con entre un 20% y un 25% de la empresa resultante de la fusión, mientras que la familia Lauder se quedaría con un porcentaje de control. Aunque hay consenso en los términos generales de la operación, las dos familias propietarias y sus asesores estarían ultimando los detalles de un acuerdo de intercambio accionarial complejo.

Hub internacional

Sede histórica de Puig desde su fundación en 1914, Barcelona mantendría un papel central tanto a nivel operativo como cultural si la fusión sale adelante

La clave está en el control de los derechos de voto de las dos propiedades. La familia Puig posee a través de su holding Exea el 71,7% del capital de la compañía pero controla el 92,5% de los derechos de voto. Además de los Puig, son accionistas destacados Vanguard (4%), Criteria Caixa (3%) y Norges Bank (3%). En Estée Lauder, la familia posee el 36,5% de las acciones y controla el 84% de los derechos de voto. En el consejo se sientan cuatro miembros de la familia: William P. Lauder (presidente), Gary Lauder, Jane Lauder (todos ellos nietos de la fundadora) y Eric L. Zinterhofer (marido de Aerin Lauder, también nieta de la fundadora). Otros accionistas destacados son los fondos Vanguard (7%) y BlackRock (5%).

La sede de Puig en Hospitalet de Llobregat
La sede de Puig en Hospitalet de LlobregatAlbert Gea / Reuters

Al igual que Bestinver, firmas de análisis como Jefferies, JP Morgan o Bank of America han valorado de forma positiva el racional de la operación. Si llega a buen término, la fusión de Estée Lauder y Puig conllevaría implicaciones estructurales en el mercado, ya que crearía el grupo líder global en el segmento de belleza premium, con unas ventas combinadas de 18.000 millones de euros, por encima de los 15.600 millones de la división de lujo de la francesa L’Oréal. Teniendo en cuenta el conjunto de LÓréal, y no sólo sus productos de lujo, con unas ventas globales de 40.700 millones de euros, la suma de Estée y Puig daría lugar al segundo grupo del mundo, por delante de Procter & Gamble y Unilever.

La combinación permitiría equilibrar la cartera de marcas de ambos grupos, más potente en el segmento de cosmética y maquillaje en el caso del grupo estadounidense, aunque Puig se ha fortalecido en este área en los últimos años con la adquisición de la británica Charlotte Tilbury y de una enseña más exclusiva como es Dr. Barbara Sturm. Pese a ese esfuerzo por diversificar, la base de la facturación de Puig siguen siendo las fragancias, que aportan el 72% de sus ingresos, un segmento en el que cuenta con marcas destacadas como Carolina Herrera, Paco Rabanne o Jean Paul Gaultier.

Líder global

Los analistas ven sentido estratégico, geográfico y de verticales a la suma de los dos grupos para crear un gigante de la belleza

Los analistas han destacado esa complementariedad de los dos grupos, también muy clara en el plano geográfico, y consideran que una eventual combinación de Puig con Estée Lauder potenciaría su liderazgo, en un momento en que la industria global de la belleza ha experimentado un proceso creciente de concentración. Tamaño, distribución global y capacidad de inversión en marketing y en innovación se han convertido en factores críticos.

Elisenda Vallejo Cortinas

Redactora jefa de la sección de Economía de La Vanguardia

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