Colombia escenificará una batalla épica entre la izquierda clásica y la nueva derecha populista

Bogotá —donde las barriadas populares votaron masivamente al candidato de la izquierda Iván Cepeda— se despertó ayer con la realidad de la nueva política de sorpresas de infarto, presidenciables “ultra” que salen de la nada y bolas de nieve impulsadas por las redes sociales.

Con 10,3 millones de los 23,7 millones de votos depositados, el candidato de la derecha duraabelardo De la Espriella, de 47 años, un outsider de retórica incendiaria y algún vínculo con el paramilitarismo del pasado oscuro, cosechó una victoria sorprendente en la primera vuelta electoral el domingo. El multimillonario abogado trumpista, que vive a caballo entre Bogotá, Miami y Florencia, se hizo con casi el 44% del voto, muy por encima de las encuestas.

Se enfrentará en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del próximo 21 de junio a Iván Cepeda, candidato de la coalición progresista Pacto Histórico, fundada hace cinco años por el carismático presidente de izquierdas Gustavo Petro. Cepeda, que había liderado las encuestas e incluso tanteaba ganar en primera vuelta, obtuvo 9,7 millones de votos, el 41% del conteo rápido en una primera vuelta que, pese a participar 13 candidatos, se convirtió en una batalla entre dos.

En lo que pareció una maniobra política, Petro y Cepeda no reconocieron el resultado inicial debido a una discrepancia respecto al recuento que se publica antes del escrutinio oficial. Pero juristas consultados dieron por buenos los resultados. “No reconocer el recuento tiene motivación política, no jurídica”, dijo el experto Rodrigo Uprimny.

En elecciones de enorme trascendencia dentro y fuera de Colombia, las tres semanas que transcurran antes de la segunda vuelta, escenificarán una confrontación épica de dos visiones del mundo.

Por el lado de Cepeda, filósofo gramsciano cuyo padre fue asesinado por paramilitares anticomunistas en 1994: la defensa de la justicia social y una paz negociada con los grupos armados aún activos en el campo colombiano, un programa ya iniciado con resultados discutibles por Petro que, como insisten sus críticas, ha dejado un déficit fiscal superior al 6% y una violencia aún endémica en parte del país.

Por el otro, la mano dura y el darwiniano capitalismo que defiende el multimillonario abogado, que no ha rechazado atender a clientes vinculados al narcotráfico, a escándalos financieros y al crimen organizado.

“De la Espriella es favorito ya, pero no está garantizado que gane porque ambos candidatos pueden atraer más votos”, dijo el politólogo Alejo Vargas en una entrevista con La Vanguardia. Con estrechos vínculos con la derecha republicana en Miami, donde vive parte del año gracias a tener ciudadanía estadounidense, se beneficiará también de la injerencia de Washington que ya se produce en estas elecciones.

Alejo Vargas: “De la Espriella es favorito ya”

Más que a la debilidad de Cepeda, el éxito de De la Espriella se debe al pobre resultado de Paloma Valencia, la candidata de Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe, que se presentó como la voz del centro derecha con un discurso más moderado y un candidato a vicepresidente tecnócrata y gay, Daniel Oviedo. Valencia sacó menos del 7% de los votos.

Aunque esto se define en la narrativa mediática en Colombia como la “derrota del uribismo” no hace falta ser demasiado maquiavélico para pensar que Uribe ha apostado a dos bandas. Valencia hizo un discurso el domingo que parecía de victoria. “¡Apoyo a Abelardo de la Espriella para acabar con el comunismo y el neo comunismo!”.Si el plan funciona, y los 1,6 millones de votos de Valencia se trasladan a De la Espriella, una victoria para Cepeda será casi imposible.

Petro y Cepeda no reconocieron el resultado inicial, pero juristas consultados por ‘La Vanguardia’ dieron por buenos los resultados. “Tiene motivación política, no jurídica”, dijo el experto Rodrigo Uprimny

De la Espriella ha creado una nueva franquicia colombiana de la flamante marca de populismo ultra copiando elementos de Donald Trump, Jair Bolsonaro, Javier Milei, Nayib Bukele y Daniel Noboa: un uso agresivo de redes sociales, un patriotismo de camisetas de la selección amarilla de fútbol, exagerados saludos militares, promesas inverosímiles de construir mega cárceles para delincuentes en la selva amazónica y un discurso aspiracional dirigido a jóvenes de la nueva economía uberizada.

Pero para los votantes en barrios populares y zonas periféricas del país beneficiados por las subidas del salario mínimo del 23%, más que una novedad, De la Espriella representa un pasado siniestro. “En el TransMilenio (autobús rapido) esta mañana había un silencio total”, dice Karolina, joven vecina del barrio de Bosa, en el sur obrero de la ciudad, donde viven cientos de miles de colombianos de renta baja, muchos desplazados de las zonas de violencia guerrillera y paramilitar. “Yo no soy izquierdista, pero soy de Montes de María (zona de masacres de paramilitares) y ese señor nos regresará al pasado”, añadió. De la Espriella pasó su infancia y juventud en un municipio cerca de Montes de María,

Cepeda tiene dos rutas hacia una difícil victoria. Primero, movilizar a los que no votaron. Se espera que la participación récord —casi 24 millones, el 57% del electorado— en un país de 50,5 millones aumente aún más en la segunda vuelta. La mala noticia para el Pacto Histórico es que De la Espriella, que creó un nuevo sujeto de “nuncas” para intentar atraer a votantes desacoplados del sistema, parece haberse beneficiado de la alta participación.

La otra ruta sería aprovechar el enorme rechazo que De la Espriella genera en una parte importante del electorado. Bogotá —según los organizadores de la campaña, que comentaron con caras de preocupación el resultado en la noche del domingo— será el principal terreno de la búsqueda de los votos necesarios. El candidato petrista ganó en la capital con el 42% de los votos frente al 37,5%, y se espera ganar los 200.000 votos de la exalcaldesa Claudia López. El millón de votantes de Sergio Fajardo,  exalcalde de Medellín, serán negociados también. “Cepeda solo ha hecho un discurso para su gente, clases populares; tiene que ofrecer algo a la clase media, personas como yo”, dijo Vargas.

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