División en la UE sobre la aplicación del pacto comercial con EE.UU.

Las últimas amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer un 25% de aranceles a los coches europeos han provocado otra división en la Unión Europea. Concretamente, por las prisas de los conservadores del Partido Popular Europeo (PPE) —el grupo mayoritario en la Eurocámara— y de Alemania, que presionan para que en las negociaciones interinstitucionales den luz verde de una vez por todas al pacto comercial alcanzado en Turnberry (Escocia) en julio del año pasado, todavía pendiente de ratificar en los últimos procedimientos internos comunitarios.

Es un choque de alemanes. Frente a Manfred Weber, presidente del grupo del PPE, se encuentra su compatriota Bernd Lange, el presidente de la Comisión de Comercio de la Eurocámara, un veterano socialdemócrata que encabeza el frente de los que opinan que la última amenaza de aranceles de Trump es la enésima prueba de que ya no se puede confiar en el presidente de Estados Unidos.

Más aranceles

La única cláusula que quiere Weber es suspender el pacto si Trump incumple

“Esta última medida pone de manifiesto no solo la falta de fiabilidad de la parte estadounidense, sino también que la red de seguridad exigida por el Parlamento Europeo es precisamente lo que se necesita. La confianza está bien, pero solo unas normas claras pueden evitar la arbitrariedad”, consideró Lange tras la última salida del magnate contra los vehículos comunitarios.

Todo puede resolverse en un segundo trílogo —reunión entre representantes del Parlamento y del Consejo (los Estados miembros)— previsto para este miércoles por la noche, en el que Weber pide ir por la vía rápida y permitir que el pleno de la Eurocámara vote el sí final al acuerdo comercial este mismo mes de mayo. Es decir, comunicarle a Trump que el acuerdo estará en vigor al completo en un par de semanas, y pedirle paciencia antes de que imponga un nuevo castigo al ya debilitado motor europeo. 

Fuentes populares explican a La Vanguardia que la única salvaguarda que piden mantener es la cláusula para dar prerrogativas a la Comisión Europea de romper el acuerdo si Trump incumple su parte del trato. Es decir, como sería el caso, si añade nuevos aranceles al tope del 15% previsto en la declaración conjunta alcanzada el pasado verano tras meses de arduas negociaciones.

En cambio, durante los últimos meses la Eurocámara ha añadido otras cláusulas. Por ejemplo, posponer el pacto hasta que Trump cumpla con su promesa de reducir los aranceles al acero o se suspenda si lleva a cabo, como sucedió al pretender “adquirir” Groenlandia, amenazas a la integridad territorial de un Estado miembro. El Parlamento Europeo ya ha retrasado el proceso en dos ocasiones por el comportamiento de Washington: la insistencia de Trump contra el territorio autónomo danés y la decisión del Tribunal Supremo estadounidense de declarar ilegales los gravámenes.

El comisario de Comercio, Maros Sefcovic, este martes en una reunión del G-7 en París
El comisario de Comercio, Maros Sefcovic, este martes en una reunión del G-7 en ParísCHRISTOPHE PETIT TESSON / Reuters

Lange no está solo al pedir más seguros de vida. Algunos países como España piden incluir la llamada cláusula de extinción, es decir, ponerle fecha de caducidad al pacto una vez termine el mandato del republicano. De momento, el límite introducido por el Parlamento actualmente es anterior a la partida prevista de Trump. Pero en general, la posición de los Estados miembros es bastante uniforme, sin apetito en las reuniones previas de introducir nuevas medidas que frenen el acuerdo de Turnberry.

Alemania, por su potente industria automobilística, es el principal interesado en que Europa acelere el acuerdo de Escocia y evite un mayor castigo comercial por parte de la Casa Blanca. El canciller Friedrich Merz hasta ha apuntado que el presidente Donald Trump “tiene razón” al sentirse “decepcionado” con la Unión Europea por el hecho de que no se hubiera cerrado el acuerdo arancelario de agosto del 2025. “Un trato es un trato”, insistió el martes la también alemana Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, que defiende las condiciones del pacto de julio.

Posible desacuerdo

Destacado relevo en la dirección general de Comercio de la Comisión Europea

Para tratar de resolver el entuerto se ha involucrado hasta el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, quien el martes estuvo en París con el representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, para tranquilizarle y pedirle que renunciase a la última amenaza de aranceles. De momento no hay ninguna señal de que EE.UU. haya sucumbido a los encantos del diplomático eslovaco, una figura clave en la gestión de las negociaciones arancelarias con la potencia del otro lado del Atlántico.

Otra importante representante alemana en esta diatriba es Sabine Weyand, la todavía todopoderosa directora general de Comercio de la Comisión Europea. Después de siete años siendo una piedra angular de la política comercial del Ejecutivo comunitario (incluyendo en las negociaciones del Brexit), en junio dejará el cargo, un movimiento que ha sido intepretado como un desacuerdo con el resultado del pacto comercial con EE.UU.. Su rostro serio en la fotografía que ilustró el acuerdo en julio fue muy comentado por el contraste con las sonrisas de Sefcovic y Von der Leyen. 

Anna Buj Cussó

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).

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