Doble turno de la diplomacia de Canterbury en la Casa Blanca y El Vaticano

La diplomacia vaticana define el gran papel de la Iglesia Católica como mediadora de conflictos. Un papel del que la Iglesia de Inglaterra parece haber aprendido para mediar en la crisis política entre el Reino Unido y los EE.UU. Tras las críticas y desprecios de Donald Trump al premier Keir Starmer, que contrastan con la aparente buena relación entre Carlos III y Trump, el Jefe de Estado británico ha iniciado una gira por EE.UU. donde tratará de recomponer la relación especial entre Londres y su cada vez más lejana excolonia. 

Una visita, por cierto, de la que la Casa Real británica se ha cuidado de desvincular del caso Epstein, por el que la policía británica investiga al hermano del monarca, Andrew Mountabtten-Windsor, y que no incluirá una reunión con las víctimas del pederasta en un caso que salpica al presidente Trump.

Mientras tanto, la arzobispa de Canterbury visitó el lunes a León XIV en El Vaticano. No fue una cumbre de líderes religiosos, porque si bien el Papa es el líder la Iglesia Católica, Sarah Mullally no lo es de la anglicana, cuya cabeza es el rey Carlos III. Tal vez como contrapeso a la cordialidad entre Carlos III y Trump, Mullally elogió las palabras y el tono del discurso público de León XIV. “El mundo necesitaba este mensaje en este momento; gracias”, dijo.

La arzobispa de Canterbury junto a León XIV este lunes en El Vaticano.
La arzobispa de Canterbury junto a León XIV este lunes en El Vaticano.Simone Risoluti / Reuters

El discurso del estadounidense Prevost, insistió la arzobispa de Canterbury, “nos ha recordado que, a pesar de nuestros sufrimientos, las personas anhelan la vida en toda su plenitud, y que innumerables ⁠personas trabajan cada día por esta visión del bien común”. Ese discurso del Papa es indivisible de las críticas al belicismo de Trump, a quien Mullally no mencionó pero que no es posible ignorar. Precisamente la posición pública de León XIV contra la guerra en Irán y las agresiones injustificadas llevó a la Casa Blanca a tratar de marcar la pauta del Papa, con el presidente calificándole de “débil” en política exterior y el vicepresidente J.D. Vance recomendando al Papa —al Papa— “prudencia” en sus posturas teológicas. Mención aparte merecen los memes compartidos por el presidente de EE.UU. que presentan su deificación como Jesús y que incluso en EE.UU. se calificaron de blasfemos.

León XIV toma su nombre de León XIII, que se significó contra el americanismo y la existencia de una Iglesia de EE.UU.

En contrapartida al discurso de la Arzobispa, León XIV agradeció y reconoció los esfuerzos de la Iglesia de Inglaterra en su acercamiento a la Católica, aunque mencionó “nuevos problemas” que no concretó. El reconocimiento, pese al matiz, también se realiza en un momento en el que voces influyentes del catolicismo de EE.UU. han marcado distancias con Roma por su oposición a Trump, con amenazas de cisma incluído.

En este punto, conviene recordar por qué Prevost eligió el nombre de León XIV. Su predecesor nominal, León XIII, cuyo papado se desarrolló entre 1878 y 1903, puso freno a la tentación anglinaca en EE.UU. Primero en 1895, con la encíclica Longinqua oceani y de nuevo en 1899, con el texto Testem Benevolentiae Nostrae, cuya redacción dejaba poco espacio a la interpretación. el papa Vincenzo impelía en ella a los obispos de América a repudiar las doctrinas del americanismo como algo “sumamente perjudicial tanto para ellos como para su país”.

No hacerlo, escribía León XIV en vísperas del siglo XX, “daría lugar a la sospecha de que entre vosotros hay algunos que conciben y querrían que la Iglesia en América fuese distinta de lo que es en el resto del mundo”. Una posibilidad, esta, que es el equivalente a la manzana bíblica del choque de Trump con León XIV. 

Javier Dale Becedoniz

Javier Dale Becedóniz (Santander, 1975) es periodista. Tras ser coordinador de contenidos del fin de semana en La Vanguardia (edición digital), fue Jefe de Redacción en Newtral.es y portadista en ABC

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