La dramática votación del pasado jueves en el pleno de la Cambra de Barcelona sobre la ampliación hasta diez de las llamadas sillas de plata, a las que acceden las grandes empresas a través del abono de 75.000 euros, ha aflorado la tensión entre las diferentes organizaciones económicas en su sorda pugna por ocupar una posición destacada en la representación de los intereses empresariales.
La derrota de Pimec y Eines de país, contrarias al cambio, muy ajustada, tras un empate a 29 votos decantado por el voto de calidad del presidente de la Cambra, Josep Santacreu, podría ser el inicio de un proceso de profundo cambio en las relaciones en el seno de la galaxia del asociacionismo empresarial, entre ellas y con la corporación privada de derecho público que es la Cambra.

De entrada, hoy mismo, ni Santacreu – que ha defendido su propuesta de ampliación de las sillas de plata señalando que la Cambra representa a todas las empresas, pequeñas y grandes y que ahora están infrarrepresentadas- ni el presidente de la Fira, Pau Relat, acudirán a una comida del llamado G-8, grupo en el que participan, además de los dos mencionados, los presidentes de Pimec, Antoni Cañete; el Cercle d’Economia, Maria Teresa García-Milà; el RACC, Josep Mateu; Barcelona Global, Josep Lluís Sanfeliu; Femcat, Tatxo Benet; y el decano del Col.legi d’economistes, Carlos Puig de Travi.

La Fira, entidad de enorme importancia económica para Barcelona, está participada por la Cambra, junto con la Generalitat y el ayuntamiento. Por su parte, el RACC, junto con CriteriaCaixa, ocupan actualmente las dos sillas de plata, mínimo que marca la ley.
Según las fuentes consultadas, los dos ausentes han justificado su ausencia por motivos de agenda, pero las recientes tensiones en la Cambra están aún muy vivas. De hecho, ya no hay dudas de que se está a las puertas de un cambio importante en el funcionamiento de ese grupo; incluso hay quien va más allá y pronostica su potencial extinción. Un anuncio de cambio de alianzas que habrá que ver hasta dónde alcanza.

Un primer paso de esa recomposición de las relaciones entre patronales y entidades económicas podría ser un pacto entre la candidatura de Santacreu, Va d’empresa, con Foment, de manera que en las próximas elecciones a la Cambra, previstas el año que viene, los seis representantes que le corresponden a las organizaciones empresariales en el pleno de la entidad sean para la gran patronal, que ha apoyado el cambio votado el jueves.
Acuerdo que ya estaría cerrado, según algunas fuentes. Algo que ya sucede, por ejemplo, en la Cambra de Terrassa, en la que todos los representantes son de Cecot, territorial multisectorial miembro de Foment, tras imponerse a Pimec. En los anteriores comicios, Foment, Pimec y Va d’empresa pactaron que las dos primeras tuvieran tres cada una. Fuentes próximas a Santacreu han matizado que este escenario se decidirá en el momento en que se convoquen las elecciones.
Las mismas han recordado que el G-8 se consolidó en torno al 2022, antes existía de una manera informal y menos definida, como una apuesta de Cañete y el entonces presidente del Cercle d’Economia, Javier Faus, para contrapesar la creciente influencia de Foment, presidida por Josep Sánchez Llibre. El cuadro, en aquel momento, era de quiebra del sistema catalán de partidos y los medios económicos se encontraban sin referencia política de sus intereses (como ahora), lo que creó un vacío que la gran patronal aprovechó para disparar su influencia, hecho que se consolidó tras las elecciones generales de julio del 2023, la actual legislatura. Por otra parte, Foment ha rechazado reiteradamente participar en sus reuniones.
El silencio del Govern en este conflicto de las sillas de plata también ha sido llamativo. Ha evitado pronunciarse en este choque sobre la recomposición del futuro pleno de la Cambra, aunque es partidario de la ampliación de la representación de la gran empresa.
Para Salvador Illa, el peor escenario sería que la Cambra volviera a caer en manos del sector independentista que se agrupa en Eines de pais. Y se encuentra muy cómodo con la gestión de Santacreu y su equipo. Pero, al mismo tiempo, en el seno del Govern coexisten diferentes sensibilidades.
El anuncio del acuerdo de financiación autonómica de enero pasado entre ERC y el gobierno español enfrentó a Foment, que lo recibió con críticas, en línea con sus tradicionales posiciones sobre el tema, con el Govern de Illa, firme defensor de la propuesta. Desde entonces, las relaciones entre ambos son muy frías y en la práctica el Govern ve en el G-8 y en Pimec un aliado. Ahora, el debate de las sillas de plata le ha colocado en una posición incómoda, de ahí su silencio. No quiere debilitar la posición de Cañete; pero apoya incondicionalmente a Santacreu.

