
Tras elecciones en las que lo imposible se hizo posible, la vieja mantra económica se impone ante la cuarta presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva: no hay alternativa al ajuste fiscal y la austeridad, insisten mercados hostiles y economistas preocupados
Para que el mensaje quede claro, el índice Bovespa de la Bolsa de São Paulo se desplomó el 17%, el día después de la victoria de Lula el pasado domingo , y el real cayó el 10% frente al dólar. El candidato de la Avenida Faria Lima —la Wall Street de São Paulo— había sido el de la derecha radical, Flavio Bolsonaro. El shock alcanzó bancos internacionales en Brasil, como el Santander, cuya acción cayó en picado
Con un déficit presupuestario del 8% del PIB y una deuda pública por encima del 80% del PIB, “los mercados premiarían un plan fiscal creíble, políticas ortodoxas y adoptadas con urgencia”, advierte Alberto Ramos de Goldman Sachs. Las medidas de gasto anunciadas durante la campaña —un aumento del 10% de Bolsa Família, subsidios del salario mínimo a las pensiones y otras prestaciones— agravan el problema, sostiene.
El diario Folha de São Paulo, citando “la alarmante trayectoria de la deuda”, pide en su editorial del viernes una repetición de la primera administración de Lula, entre 2003 y 2007, cuando el presidente seleccionó al economista halcón, Antonio Palocci para diseñar un ajuste muy duro. Ahora el establishment paulista cuenta con que haga lo mismo con Dario Durigan, el actual ministro de Hacienda, con el vicepresidente Gerardo Alckmin, procedente del centro derecha, o con Rafael Fonteles-, el gobernador del distante estado de Piauí. Todos son partidarios de dar a los mercados lo que piden.
Pero hay algo que no se comenta mucho en el debate sobre el ajuste presupuestario: los astronómicos tipos de interés en Brasil.
El tipo interbancario Selic se sitúa en el 13,75%, y el bono a cinco años, por encima del 15% (compárese con el bono español a cinco años del 2,7%). Esto pese a que la inflación sea solo del 4%, dejando los tipos reales en un astronómico 9%. Son los tipos más altos del mundo.
La inflación es solo el 4% pero los tipos de interés son los más altos del mundo
De ahí el disparado coste del servicio de la deuda pública. Para los doce meses hasta septiembre, el pago de intereses nominales ascendió a 1,2 billones -millones de millones- de reales (casi el 9% del PIB). En España,-con una deuda pública equivalente al 100% del PIB, el coste de servicio de la deuda equivale al 2,4% del PIB. Si se descuenta el coste de los intereses brasileños, el déficit que tanto espanta a los mercados, casi desaparece. El astronómico coste del servicio de la deuda brasileña, que es menor que la media de la OCDE- es lo que diferencia a Brasil del resto del mundo. Tiene un beneficiario: los bancos y los inversores en bonos.
Por eso, en medio de los más o menos ortodoxos que asesoran al presidente en su laberinto, se encuentra algún economista que plantea una estrategia radicalmente distinta: la expansión de la inversión pública y del consumo para elevar el crecimiento y así estabilizar la ratio deuda-PIB..
Faria Lima y los mercados “exageran el problema de la deuda pública para generar miedo y forzar un paquete de austeridad cuyo principal objetivo es mantener una disparatada rentabilidad sobre activos financieros en Brasil”, dice Luiz Eduardo Melin, exintegrante de los gobiernos de Lula que intenta convencer a Lula de que hay una alternativa a la austeridad. “Podemos estabilizar la deuda con una política de expansión”, dice. Pero para hacerlo hay que quitar el dinero fácil a quienes “se alimentan de los elevados tipos de interés como cerdos en el abrevadero”, dijo durante una cena en Jardim Botánico en Rio..
Melin sostiene que la inversión pública, actualmente inexistente, atraerá la inversión privada y que las políticas de redistribución -reforzadas con subidas del salario mínimo, del programa antipobreza Bolsa Familia y ayuda a las microempresas— impulsarán el consumo.
Es crucial impulsar la actividad económica, añade, porque la economía brasileña está desacelerando, con un crecimiento previsto de solo el 1% en 2027. Esto elevará la ratio deuda-PIB. Debido a los disparados tipos de interés, la deuda privada se convierte en un freno sobre el consumo. El 80% de los hogares brasileños arrastran créditos morosos y uno de cada cinco paga más del 50% de sus ingresos en el servicio de la deuda, con bancos nacionales e internacionales cobrando intereses de hasta el 400% al año sobre créditos morosos.
Los bancos cobran intereses de hasta el 400% al año sobre créditos morosos.
Hay señales de que Lula, ante su último mandato, puede estar dispuesto a desafiar la ortodoxia, aprovechando la fuerza del movimiento popular que surgió en las elecciones. El ajuste “no está siendo discutido en la bancada (del Partido de los Trabajadores) ni en el Gobierno”, dijo el jueves a los medios en Brasilia el ministro de Relaciones Institucionales, José Guimarães. El gobierno ha tenido éxito elevando la recaudación tributaria a niveles récord. “La única manera de que Lula pueda terminar su última presidencia con elevada popularidad es si opta por la expansión y la redistribución”, dice
Para Melin, el punto de referencia para el próximo gobierno no es el halcón Palocci, sino Guido Mantega, ministro de Hacienda en el segundo gobierno de Lula (2007-11). Entonces, con el impulso de la inversión pública y aumentos del salario mínimo, la economía creció casi el 5% al año. “Los grandes empresarios industriales brasileños estaban prosperando como nunca,” dice Melin.
