Productividad y dimensión empresarial

La Unión Europea considera que tiene un problema importante de productividad, y de ahí que los informes Letta y Draghi hayan sido encargados y hayan suscitado tanta atención. Pese a su extraordinario crecimiento económico, Catalunya no sólo comparte este problema, sino que lo presenta en un grado más agudo: si en los años ochenta y noventa nuestra productividad se situaba en un 80% de la francesa, ahora es sólo un 70% de aquélla. No resulta extraño que la población tenga la sensación depresiva de que nos alejamos de Europa.

Una de las explicaciones que se han dado en los últimos años a este problema se refiere a la dimensión de nuestras empresas, porque se ha observado que, a igualdad de tamaño, las empresas españolas resultan incluso más eficientes que las alemanas. El problema es que tenemos más empresas muy pequeñas y menos muy grandes. De ahí algunos han concluido que “nuestro problema era, y sigue siendo, no tanto de productividad como de dimensión”, en expresión de Jordi Alberich en La Vanguardia (11-1-2026).

Las empresas llegan a ser grandes porque siendo pequeñas ya eran más productivas

Las organizaciones empresariales Foment y Pimec han sido especialmente activas difundiendo este mensaje, hasta el extremo que Antoni Cañete ha reclamado, también desde La Vanguardia (10-5-2026), “una ley de impulso a la dimensión empresarial”, con eliminación de barreras regulatorias, simplificación administrativa, facilitación de la financiación e incentivos a la inversión. Fomento, por su parte, en su informe sobre la productividad del 2026, afirma que una mayor dimensión empresarial debería verse apoyada por parte de los poderes públicos.

Que existe relación entre dimensión empresarial y productividad es indudable, aquí y en todas partes. Sin embargo, correlación no implica causalidad; es decir, tanto puede ser que las empresas grandes sean más productivas porque son grandes como que lo hayan llegado a ser porque son más productivas.

No siempre resulta fácil distinguir el sentido de la causalidad cuando se observa una correlación entre dos variables. Sin embargo, en el caso que nos ocupa las pruebas empíricas han establecido de forma sólida que la causalidad es mucho más fuerte de la productividad a la dimensión que en sentido contrario: las empresas llegan a ser grandes porque cuando eran pequeñas ya eran más productivas, y esta característica les proporcionó los recursos y el mercado para convertirse en grandes. Cuando se han medido los efectos inversos –por ejemplo, cuando un cambio regulatorio ha llevado a aumentos de la dimensión empresarial–, los resultados han sido débiles o más bien inexistentes.

El Informe Fénix ha focalizado el problema catalán de productividad en el crecimiento de sectores poco productivos que se basan en la atracción de inmigración poco calificada. Nuestro problema de productividad es sin duda más complejo, pero precisamente por eso es importante distinguir el grano de la paja, y en la dimensión empresarial hay más paja que grano.

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