Un fraile contra los misiles Cruise

Un grupo de frailes agustinos participan en una masiva manifestación en Roma contra del despliegue de misiles nucleares Cruise (BGM-109G Griphon) en la base militar de Comiso, a pocos kilómetros de de la localidad de Ragusa, en el sudeste de Sicilia. 22 de octubre de 1983.

Es la respuesta de la OTAN al despliegue de los cohetes soviéticos SS-20 en Alemana Oriental y Checoslovaquia. Convocadas por partidos de izquierda, sindicatos y plataformas cívicas, cien mil personas participan en la marcha. El pacifismo católico, liderado por el obispo Luigi Bettazzi , presidente de Pax Christi, se ha movilizado. El papa Juan Pablo II, poco amigo de la izquierda, no los ha frenado. Los agustinos no desafían al Papa. Karol Wojtyla aboga por una desarme simultáneo de los dos bloques.

Proclamar que el tiempo de la extrema derecha populista está llegando a su fin es prematuro

Un sector minoritario de la Democracia Cristiana apoya la protesta. Son los herederos de Aldo Moro , el presidente de la DC secuestrado y asesinado en 1978 por las Brigadas Rojas cuando estaba a punto de cerrar un pacto de legislatura con el Partido Comunista Italiano (PCI); el célebre compromiso histórico que no gustaba nada ni en Washington ni en Moscú. En 1983 todavía hay moroteos . El experimento ha sido cancelado a tiros, pero todavía hay seguidores de Moro.

Alguien toma una foto a los frailes, que exhiben un cartel en el que puede leerse: “Agustinos por la paz”. El joven fraile que aparece de perfil en la parte derecha de la imagen aporta una nota singular a la escena. Ha nacido en Chicago, Estados Unidos, y protesta por el despliegue de misiles nucleares norteamericanos en Europa. Tiene 28 años y se halla en Roma estudiando Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, de la orden de los dominicos. Pronto será enviado a su primera misión en Perú. Se llama Francis Robert Prevost ,y hoy le conocemos con el nombre de León XIV .

Manifestación en Roma.Un grupo de frailes agustinos protesta por el despliegue de misiles nucleares norteamericanos en Sicilia. Octubre de 1983. A la derecha, el futuro papa León XIV
Manifestación en Roma.Un grupo de frailes agustinos protesta por el despliegue de misiles nucleares norteamericanos en Sicilia. Octubre de 1983. A la derecha, el futuro papa León XIVlvg

Hay más historia detrás de esa foto, publicada estos días en las redes sociales por uno de los animadores de aquella movilización. En Ragusa están emocionados. La base militar norteamericana de Comiso ya no existe, y los misiles Cruise fueron retirados en 1987 después del primer acuerdo de desarme nuclear entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov .

Todavía quedaban moroteos en 1983, pero los aperturistas de la Democracia Cristiana habían pasado por otra amarga experiencia. El 6 de enero de 1980, día de Reyes, fue asesinado a tiros Piersanti Mattarella , presidente regional de Sicilia, exponente del ala más reformista de la DC, empeñado en frenar la infiltración de la mafia en la administración pública. El día que lo mataron, la decisión de instalar los mísiles Cruise en Comiso ya estaba tomada. Al igual que Aldo Moro, Piersanti Mattarella era partidario de la colaboración con el PCI en la política regional. Expiró en brazos de su hermano Sergio, entonces profesor de Derecho Político en Palermo. Desde febrero del 2015, Sergio Mattarella es presidente de la República Italiana. Su segundo mandato concluirá en el 2028.

Impresionado por el asesinato, Pio La Torre , antiguo secretario del PCI siciliano, entonces diputado en Roma, pidió volver a la isla para reactivar la lucha política contra la mafia. La Torre sostenía que el despliegue de los mísiles iba a dar más poder al crimen organizado. La isla tenía que estar de nuevo bajo estricto control –rol histórico de la Cosa Nostra en Sicilia–, y la ampliación de Comiso les daría más oportunidad de negocio. La Torre se convirtió en uno de los grandes animadores de la protesta pacifista. Fue asesinado a tiros el 30 de abril de 1982. El proyecto de Moro murió dos veces, primero en Roma y después en Palermo.

La Mafia creció bajo paraguas nu­clear. Diez años después (mayo de 1992), mataban al juez Giovanni Falcone . Volaron un tramo de autopista para que su coche saltase por los aires. Semanas después liquidaron a su sustituto, Paolo Borsellino . Estalló un coche bomba cuando se acercaba al portal de la casa de su madre. Un año más tarde hicieron explotar una potente bomba al lado del museo de los Uffizzi de Florencia, avisando de que estaban dispuestos a la masacre. Querían un pacto con el Estado. Después del atentado de Florencia, el empresario televisivo Silvio Berlusconi anunciaba su intención de bajar a la arena política.

Italia iniciaba un nuevo experimento. De alguna manera, Berlusconi fue un anticipo del fenómeno Trump . Menos delirante, más atento a las formalidades de la época. Buscó el ingreso en el Partido Popular Europeo – J   osé María Aznar se lo facilitó en 1999–, se rodeó de democristianos clásicos, buscó y obtuvo el apoyo del presidente de los obispos italianos, cardenal Camilo Ruini ; no molestó al papa Wojtyla, combatió a los moroteos , organizó fiestas espectaculares en Cerdeña, se enfrentó a los jueces, exigió un cambio constitucional para restarles poder en Italia (un referéndum al respecto acaba de decir que no), pactó con Vladímir Putin grandes compras de gas y otros negocios, y un día se proclamó el Ungido del Señor . “Yo soy el Jesucristo de la política”, dijo en el 2006.

Robert Francis Prevost conoce esa enrevesada historia. León XIV viene de lejos y parece que va más lejos. Estas semanas se ha erigido en el principal contrapunto moral a Trump. Hay otros movimientos en curso, ha comenzado seguramente una reorganización internacional de los polos políticos, pero es prematuro afirmar que el tiempo de la extrema derecha populista se está acabando. Aún no lo hemos visto todo.

Enric Juliana Ricart

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

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