Putin ofrece enviar petróleo y gas a Europa si así lo pide y sin condiciones políticas

En medio de la crisis energética que está provocando la guerra en Irán, con el tráfico casi paralizado en el estrecho de Ormuz, Vladímir Putin ha asegurado este lunes que Rusia está dispuesta a suministrar petróleo y gas natural a los países de Europa si estos así lo solicitan. Una oferta envenenada, ya que uno de los pilares de las sanciones de la Unión Europea contra Rusia por la guerra en Ucrania es su decisión de renunciar a los hidrocarburos rusos. Putin añadió que los clientes europeos deben estar dispuestos a firmar contratos largos y a no condicionarlos políticamente.

Rusia está preparada para trabajar con los países europeos, pero necesita que sean ellos los que den el paso, dijo el presidente ruso durante una reunión en el Kremlin dedicada a la situación mundial del mercado energético.

Rusia fue un importante proveedor de hidrocarburos a Europa hasta que estalló la guerra en Ucrania

“Si los compradores europeos de repente deciden reorientarse y permiten un trabajo conjunto sostenible a largo plazo, libre de la coyuntura política, adelante. Nunca nos hemos negado, estamos dispuestos a trabajar, pero necesitamos alguna señal de que ellos también quieren trabajar”, explicó Putin.

Al mismo tiempo, el líder ruso agregó que Moscú debe evaluar en general la posibilidad y la conveniencia de los suministros de combustible ruso al mercado occidental y no esperar a que Europa “dé un portazo” con respecto al suministro de energía.

Durante años Rusia ha sido un importante proveedor de petróleo y gas para los países de la UE, en particular para Alemania y los países del Este de Europa. Pero eso fue antes de que la mayoría dieran la espalda a los hidrocarburos rusos tras el estallido de la guerra en Ucrania, hace más de cuatro años.

Hace un mes entró en vigor el decreto sobre la prohibición completa de las importaciones de gas ruso en la UE. A partir de enero de 2027 estará prohibida la importación de gas natural licuado (GNL) y a partir de septiembre del mismo año, a través de gasoductos.

Moscú se ha reorientado hacia otros mercados , sobre todo India y China

A finales de 2022 la UE fijó un techo al precio del petróleo ruso. Como respuesta, Moscú prohibió exportar petróleo y productos derivados bajo contratos cuyas condiciones estén basadas en ese máximo.

Desde 2022 Rusia ha reorientado sus exportaciones a otros mercados, como Turquía, pero sobre todo hacia importantes clientes asiáticos como India y China.

Además de las múltiples sanciones occidentales contra el sector ruso, las dos principales vías de exportación a Europa se han cerrado: los gasoductos Nord Stream, saboteado por un comando ucraniano en 2022, y el oleoducto Druzhba, que atraviesa Ucrania y que el pasado enero resultó dañado por un ataque ruso. Su reparación, que Kyiv se niega a costear, es actualmente el centro de una disputa entre Ucrania, Hungría y Eslovaquia.

Hace unos días el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, pidió a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, permitir la importación de recursos energéticos rusos. Acusó al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de bloqueo petrolero y argumentó que con esto y con la guerra en Oriente Medio los precios del combustible en su país han comenzado a aumentar.

Vladímir Putin dijo este lunes que Rusia seguirá suministrando petróleo y gas natural a Hungría y a Eslovaquia, a los que incluyó en el grupo de “socios fiables”.

El jefe del Kremlin aseguró que Moscú ha comenzado a suministrar más hidrocarburos a este tipo de socios, y aseguró que “Rusia es un proveedor fiable de energía y siempre lo ha sido”.

El líder ruso añadió que los altos precios actuales de las materias primas “son claramente temporales, todos lo entendemos”. Este lunes el precio petróleo de referencia (Brent) sobrepasó la barrera psicológica de los cien dólares, y llegó a acercarse a los 120. Antes del inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el 28 de febrero, se encontraba en torno a 70.

Gonzalo Aragonés

Corresponsal de La Vanguardia durante más de dos décadas en Moscú. Con anterioridad, escribió para este diario desde Hong Kong y cubrió acontecimientos como el referéndum de independencia de Timor Oriental (1999) o la guerra de Afganistán tras los atentados del 11-S (2001). En la «prehistoria» trabajó en Madrid para la revista Cambio16 y la siempre recordada Jaque, especializada en ajedrez, una de sus grandes pasiones.

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