El TecnoCampus participa en un proyecto europeo que busca erradicar el sesgo de género en la formación sanitaria

Que hombres y mujeres son biológicamente diferentes es una obviedad científica. Los roles sociales asignados a cada género impactan de manera directa en los hábitos de vida, el estrés y también en la forma en la que se manifestación las diferentes enfermedades. Sin embargo, la formación que reciben los futuros profesionales de la salud, desde los médicos o las enfermeras, los fisioterapeutas o los nutricionistas, arrastra históricamente un sesgo invisible. Tradicionalmente, la medicina ha tomado como estándar universal el cuerpo y el patrón masculino.

Para revertir esta inercia y transformar las aulas universitarias ha surgido Gender HehS (Enhancing Gender Perspectives in Higher Education for Healthcare Students), un ambicioso proyecto europeo que tiene como objetivo integrar la perspectiva de gènere de forma real y evaluable en las facultades de ciencias de la salud.

Dotado con un presupuesto global de 400.000 euros a través del programa Erasmus+, el programa se desarrolla en tres años a través de un consorcio internacional coordinado por el Institut de Recerca Germans Trias i Pujol (IGTP) y con la participación destacada del TecnoCampus (UPF) y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

El peligro de un mal diagnóstico

“El sexo y el género tienen un impacto crucial en la salud, pero si no se hace un ejercicio intensivo en la formación formativa de los estudiantes, los sesgos se perpetúan de forma automática”, advierte Meritxell Puyané, investigadora principal del Departamento de Salud del TecnoCampus, que lidera el proyecto junto a la investigadora Gemma Garreta.

El ejemplo más clásico de este vacío formativo se encuentra en el abordaje de los accidentes cardiovasculares. Todos sabemos que el síntoma inequívoco de un infarto es un dolor agudo en el pecho que se irradia hacia el brazo izquierdo. Sin embargo, explica Puyané, “ese es el patrón mayoritariamente masculino. Muchas mujeres no experimentan ese dolor; en su lugar, sienten una presión difusa en el pecho, fatiga o náuseas. Al no estar los profesionales suficientemente entrenados en estas diferencias, estos síntomas se confunden con frecuencia con crisis de ansiedad, lo que retrasa un diagnóstico vital”, añade.

Este fenómeno no es una excepción. Desde la percepción del dolor crónico hasta la metabolización de ciertos fármacos, pasando por los trastornos de salud mental o las patologías autoinmunes, el componente de género altera tanto la manifestación de la enfermedad como la eficacia del tratamiento.

De la teoría a las aulas

A diferencia de otras iniciativas con enfoque más teórico, Gender HehS busca crear herramientas pedagógicas aplicables y medibles. El consorcio, en el que también participan la Nord University (Noruega), la University of Primorska (Eslovenia) y la Hacettepe University (Turquía), trabaja actualmente en la detección de las lagunas en los planes de estudio actuales. Para ello, se están organizando grupos de discusión con el mundo académico, gestores hospitalarios, activistas y, de manera muy destacada, con los propios estudiantes. Así, el próximo mes de junio, el hospital de Can Ruti acogerá un encuentro clave con alumnos de diversas disciplinas sanitarias para testar estas carencias.

Dentro del proyecto, los centros catalanes tienen un papel importante. Mientras la UAB co-lidera la creación de los nuevos materiales académicos y manuales docentes, el TecnoCampus asume, junto a la universidad turca de Hacettepe, la responsabilidad de diseñar y validar la herramienta de evaluación. Esta metodología permitirá medir objetivamente el nivel de conocimientos y, sobre todo, el grado de sensibilidad de los estudiantes antes y después de recibir la nueva formación.

Alumnos e investigadores catalanes se desplazarán en los próximos meses a Turquía para validar los materiales en un entorno multicultural. “No se aprende igual ni se entienden los conceptos de la misma manera en Noruega, Eslovenia o Turquía. Analizar los datos con esa mirada transcultural enriquece el resultado final y abre las miras de los futuros profesionales”, concluye la investigadora del TecnoCampus.

El objetivo final de Gender HehS es el de hacer posible un cambio estructural, en el que la equidad de género se entienda como requisito estrictamente clínico para garantizar la seguridad de los pacientes.

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