IA: ¿abundancia o extinción?

Desde la revolución industrial, el crecimiento de la renta per cápita de las economías punteras ha sido cercano al 2%. Las economías emergentes exitosas crecen más rápidamente hasta que acaban convergiendo a esta cifra cuando alcanzan niveles comparables de bienestar.

Con la llegada de la inteligencia artificial (IA), se ha producido una oleada de entusiasmo sobre sus efectos positivos en la productividad y, por tanto, en la renta per cápita. Hay quien cree que resolverá el problema de la escasez en el planeta. Si fuera el caso, los economistas seríamos los primeros en perder el empleo, ya que nuestra (pseudo)ciencia se dedica a la administración de recursos escasos. Como consuelo, sin embargo, no deberíamos preocuparnos mucho en ese mundo de opulencia absoluta. También hay quien pronostica que la tecnología puede ser muy peligrosa y provocar la aniquilación de la especie humana. El nuevo economista jefe de Anthropic cree que este escenario tiene un 33% de probabilidades. Sí, habéis leído bien. Suerte que no ha dicho si será este año o más adelante.

Tecnología

La mejora de los modelos de IA desde el 2022 ha sido asombrosa pero la capacidad de cálculo no es infinita y tiene sus límites

Todo esto no nos debería sorprender. La IA es peor que la tecnología nuclear. El mal que puede hacer una bomba atómica lo entendemos. Lo preocupante de la IA es que ni sus creadores pueden explicar algunos de sus comportamientos. Se habla, incluso, de una IA que en pocos años ¡se podrá reproducir a sí misma! Ahora bien, este escenario de altísimas prestaciones de la IA, ya sea para conseguir la abundancia o para conducirnos a la extinción, se basa en la hipótesis de que las capacidades de la nueva tecnología seguirán mejorando al extraordinario ritmo actual. Eso es muy poco probable. La explosión de la IA se ha fundamentado, en parte, en la idea de Rich Sutton, ganador del premio Turing en el 2024, cuando escribió en el 2019 La lección amarga , una nota en la que advertía que las mejoras en IA no vendrían por añadir más razonamiento humano, sino más capacidad de cálculo para procesos de búsqueda y aprendizaje. El tiempo le ha dado la razón, y la mejora de los modelos de IA desde el 2022 ha sido asombrosa. Ahora bien, esto no quiere decir que el ritmo actual se pueda mantener y nos lleve a un mundo nuevo donde todo sea posible. La capacidad de cálculo no es infinita y empieza a encontrar sus límites. Se necesitan cada vez más semiconductores, energía, agua, y capacidad para almacenar y transportar. La oferta de estos componentes no es ni será infinita, y no es sorprendente que los costes de utilizar la IA se empiecen a disparar. Esta conclusión no es negativa. Quiere decir que no estamos ante una invención que nos lleve a la inteligencia sobrehumana, pero sí ante una tecnología transformadora de uso general que –como lo hizo la electricidad– durante muchos años permitirá a la humanidad nuevas posibilidades y mantener, así, un crecimiento de la renta per cápita cerca del 2%, evitando el estancamiento que se había percibido en las últimas décadas. Son buenas noticias.

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