Catalunya ante el espejo: del “España nos roba” a la amenaza del “califato”

La justicia europea se pronunciará la próxima semana sobre la amnistía que el Gobierno de Pedro Sánchez aprobó para los líderes del procés. Si la avala, estará a punto de concluir la mayor crisis constitucional de España en esta etapa democrática. Mientras, la sociedad catalana ha virado en sus preocupaciones desde aquel otoño de 2017 en que detonaron las actuaciones judiciales contra los miembros del Govern a partir de la declaración unilateral de independencia, pero la política no ha abandonado el populismo como herramienta para acercarse a los votantes. Al contrario, esa tendencia se ha acentuado. El vertiginoso crecimiento de Aliança Catalana (AC) que arrojan todas las encuestas es un fenómeno que revela hasta qué punto esta sociedad comparte las actitudes de su entorno europeo. Marine Le Pen tiene más opciones que nunca de convertirse en presidenta de Francia, de la misma forma que el auge independentista coincidió con el Brexit.

Son muchas las causas del alza de Aliança. Desde el descontento por las condiciones socioeconómicas, pasando por el fracaso del procés , el deterioro de los servicios públicos o la influencia de las redes sociales. La palanca que impulsa su ascenso es común al resto de populismos actuales en boga: el reproche a la inmigración como origen de casi todos los males a partir de un nacionalismo excluyente que se resume en el lema “los catalanes primero”. Si durante el procés el eslogan que prendió la mecha fue “España nos roba”, ahora Aliança se olvida significativamente de España y de un mensaje que está agotado para enfocar su discurso en la amenaza del “califato”.

Con esos mimbres, el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat, en la línea de otras encuestas, otorga al partido de Silvia Orriols un ascenso desde los dos diputados actuales a 24, rozando el segundo puesto en el Parlament. Las consecuencias para la política catalana (y probablemente para la española en el futuro) son imprevisibles. Pero ya se avista un nuevo eje polarizador de la sociedad. Si durante más de una década la división giró entre partidarios y detractores de la independencia, está por ver si lo que se está conformado ahora es un clásico choque entre izquierda y derecha, llevada esta última al extremo o a un enfrentamiento entre fuerzas que defienden las instituciones actuales y la ampliación de los derechos civiles, es decir, el bloque de la democracia liberal, y el de aquellos que buscan un recorte de libertades en aras de la seguridad y la preservación de la identidad, que podríamos denominar el bloque de inspiración iliberal, con AC y Vox (casi el 30% de la Cámara, según el CEO), en el que los progresistas tratan de incluir al PP.

El discurso de que el PSOE y el PP son lo mismo ya no resulta rentable para Junts

En ese esquema, tratar de mantener la equidistancia no da réditos. Es uno de los factores que están perjudicando a Junts. Lo más llamativo de la encuesta del CEO es el ascenso de Aliança y su correlato en la caída de un partido heredero de la fuerza hegemónica en Catalunya durante más de tres décadas. En la medida en que cada vez es más evidente que el PP solo podrá gobernar con una alianza con Vox, a Junts se le complica la equidistancia entre populares y socialistas, el discurso de que ambos son dos caras de la misma moneda desde el punto de vista de un independentista catalán.

Orriols entre diputados de Vox, PP y ERC, y un lazo por Puigdemont
Orriols entre diputados de Vox, PP y ERC, y un lazo por PuigdemontMané Espinosa

Carles Puigdemont solo cuenta con sus siete diputados en el Congreso para fijar su mensaje, ya que en Catalunya no son determinantes. Si finalmente se le aplica la amnistía, podrá tomar las riendas del partido y decidir hacia noviembre si le da a Sánchez una botella de oxígeno en forma de presupuestos o no. En la Moncloa creen que el no ya lo tienen asegurado, pero están dispuestos a negociar contrapartidas económicas además de tratar de cumplir con los compromisos pendientes para que Junts pueda sumarse.

En cualquier caso, después de las elecciones municipales de mayo, Junts tendrá que tomar decisiones sobre Aliança, es decir, en qué bloque se sitúa a la hora de llegar a acuerdos para gobernar en las instituciones locales. El partido de Orriols espera lograr representación en Barcelona, lo que le permitirá superar una imagen apegada a la Catalunya interior y dar así un salto cualitativo. En Barcelona es donde se ha visualizado como en ningún otro sitio las tensiones en el seno de Junts entre los defensores del estilo de la vieja Convergència, los partidarios de Puigdemont y otras corrientes internas.

Aliança presentará en toda Catalunya unas 150 candidaturas y puede condicionar algunas alcaldías de Junts. El PSC tenderá la mano a Puigdemont, pero si éste accede se colocará junto a sus principales competidores en la Generalitat, los socialistas y ERC. El ejecutivo catalán está en manos de una alianza de izquierdas cada vez más explícita después del apoyo de los republicanos y los Comuns a los presupuestos de Salvador Illa. Según el CEO, la estrategia le resulta rentable a ERC, aunque la encuesta refleja un cierto dopaje derivado del “efecto Rufián”. El partido de Oriol Junqueras atrae voto del PSC gracias a la figura de su portavoz en el Congreso, que tantos problemas internos le provoca a la dirección de ERC y con sus bases. Es un dato a tener en cuenta, puesto que indica que ahora mismo los trasvases entre siglas se producen más por influencia del eje ideológico que por el independentista.

El PP y Vox ya no reciben el plus de votos de los motivados en contra de la secesión. Quizá por eso los populares se proponen hablar a los catalanes de otros asuntos que no sean el procés . Es más, si por el PP fuera, mejor que Puigdemont regrese cuanto antes y, como dijo Alberto Núñez Feijóo, pasar página para concentrarse en el mensaje de desbancar a Sánchez de la Moncloa. El terremoto político que se está gestando en Catalunya acabará por afectar a la política española en algún momento. Ya se sabe que la historia no se repite, pero rima.

María Dolores García García

Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter ‘Política’, que se publica cada jueves, y de los libros ‘El naufragio’ y ‘El muro’, sobre el conflicto catalán

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