
En gran medida, el populista ultraconservador Abelardo de la Espriella debe su reñida victoria electoral a la ciudad de Medellín. Según los cálculos del consultor Ricardo Ruiz, de la Universidad Nacional de Colombia, el presidente electo obtuvo en el departamento de Antioquia —el gran feudo del conservadurismo del expresidente Álvaro Uribe— un margen neto de un millón de votos: más de cuatro veces el margen nacional. “Solo Medellín le aportó más votos de ventaja que su margen de victoria en todo el país”, explica Ruiz.
En entrevistas mantenidas en las calles de Medellín, con gente de todas las clases, se repetían las mismas consignas, todas de dudoso fundamento: que Gustavo Petro —el actual presidente que fue integrante hace 40 años del grupo armado M-19— aún tiene simpatías por la guerrilla; que eso explica la política de diálogo con los grupos armados disidencias aún activos; que Medellín —la ciudad de Pablo Escobar— derrotó el narcotráfico y la guerrilla en los años noventa y, ahora, hay que repetir la batalla a nivel nacional para salir de una grave crisis de inseguridad.
“En Antioquia el uribismo y el antipetrismo es de todas las clases y el mensaje de ‘firmeza y orden” de De la Espriella calza con el relato sobre la transformación de Medellín como logro de la seguridad”, dice Ruiz.
Por esto, no es de extrañar que el presidente electo esté tanteando una medida que, en muchos sentidos, reconstruye la de Uribe cuando este fue gobernador de Antioquia entre 1995 y 1997: dar rienda libre a asociaciones y cooperativas de seguridad privada, para luchar contra la guerrilla, defender haciendas y prevenir secuestros en momentos de violencia endémica.
Uribe, cuyo padre fue asesinado por la guerrilla FARC, aprovechó una ley del gobierno de Ernesto Samper que dio luz verde a grupos de supuesta “autodefensa” conocidos como los Convivir. Muchos de estos se convirtieron después en escuadrones de muerte paramilitares que cometieron atrocidades contra campesinos y otras poblaciones vulnerables en Antioquia y, luego, en el resto del país.
Los “convivires” se convirtieron en paramilitares que cometieron atrocidades
Admirador de Uribe y abogado de varios grupos paramilitares a principios de siglo, De la Espriella parece querer seguir en los pasos del expresidente, al menos en parte.
Anunció a principios de esta semana que, al tomar posesión en agosto, firmará un decreto para crear un “bloque de Defensa para la Seguridad Urbana”. En otros documentos, se habla de una “primera línea de seguridad”, integrada por reservistas y veteranos de las fuerzas militares. Según el militar nombrado próximo ministro de Defensa, Jorge Eduardo Mora, los bloques de defensa incluirán grupos de seguridad privada, así como veteranos, aunque estos no tendrán armas.
Esto es necesario para combatir “los delitos como la extorsión, los atracos y los homicidios en las principales ciudades del país”, insiste de la Espreilla. Decretará también la construcción de una decena de nuevas cárceles privadas de alta seguridad; el fin del diálogo con grupos armados del plan de Paz Total y la vuelta de la fuerza antidisturbio conocida como el Esmad, desmantelada por Petro debido a su polémica actuación durante el estallido social de 2021.
Está por ver si el presidente electo realmente pretende crear una nueva “Convivir” o si se trata simplemente de una participación ciudadana en el combate al crimen, una medida más simbólica que ayudaría a consolidar el apoyo político de De la Espriella en lugares como Medellín.
Pero Iván Cepeda, el candidato de la izquierda que perdió las elecciones por un margen de solo 250.000 votos, teme lo peor. “Colombia comienza a tener la configuración de un gobierno paramilitar (…)”, dijo el miércoles.
“El resultado de la historia del paramilitarismo en Colombia no ha sido nunca tener más seguridad, sino más violencia, más arbitrariedad y más impunidad”, añadió.
Cepeda —cuyo padre fue asesinado por paramilitares en 1994-se dedicó durante años a demostrar en los tribunales la relación entre Uribe y grupos paramilitares como el Bloque Metro y el Cóndor, con base en la Hacienda Guacharacas, propiedad de Álvaro Uribe y su hermano Santiago en Antioquia.
Estos paramilitares provocaron crímenes con un saldo de 110.000 víctimas entre 1995 y 2004, según la base de datos del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).
Pero para Uribe —que rechaza todas las acusaciones de complicidad en las actividades paramilitares— el resultado político fue espectacular. Tras su éxito al mando del gobierno de Antioquia (1995-1997), ganó dos elecciones presidenciales y presidió el país entre 2002 y 2010. Así mismo, encabezó la campaña ganadora contra el acuerdo sobre la paz en el referéndum de 2016.
Aunque sea más simbólica que real, la vuelta al pasado parece formar parte de la estrategia política de De la Espriella, . Para el nuevo presidente electo -que, al igual que Uribe, rechaza el proceso de paz puesto en marcha por Juan Manuel Santos- ha sido necesario crear una percepción en el electorado de que Colombia pasa por una nueva guerra igual que a principios del siglo.
“Lo crucial es la magnificación del poder de los grupos armados disdencias”, dijo durante una comida el periodista Ricardo Vargas,. ” Y claro, si bien las disidencias son una molestia, no hay punto de comparación con lo que eran las FARC, Tenemos un anacronismo, porque la realidad del país en el tema de la inseguridad no es la del año 2000,”.
Esto queda muy claro en las estadísticas. La tasa de homicidios no ha subido en los años de Petro. Se mantiene estable desde hace diez años, en torno a 25 por 100.000, tras caer en picado desde 30 por 100.000 cuando se firmó el acuerdo de paz. En 2000, cuando los paramilitares se empleaban a fondo en Antioquia, hubo 77 asesinatos por 100.000 ciudadanos.
Tampoco hay una relación comprobable entre la violencia y la política de Paz Total de Petro. “Es un cuento de hadas; no hay relación entre las dos”, dijo el experto en seguridad de la Universidad Nacional de Colombia, Francisco Gutiérrez.
Pero en las calles de Medellín, los datos no importan y todos esperan con expectación los zarpazos de El Tigre.
