Para los cubanos el voto en España es lo de menos

Iris es profesora de química jubilada y cobra una pensión de unos seis euros mensuales en Cuba. Nieta de un gallego, lleva tres años tramitando la ciudadanía española a través de la ley de Memoria Democrática, proceso en el que ya se ha gastado, al menos, doce veces su pensión. De aquí a dos años, cuando estima tener el pasaporte español, no pretende exhibirlo en una vitrina ni guardarlo en un cajón, sino utilizarlo para coger por primera vez un avión. A sus 65 años, quiere venir a España “para trabajar y ver otras partes del mundo”.

Cuando murió Fidel Castro, Iris lloró durante días. Toda su vida apoyó el régimen socialista y su decisión de salir del país responde hoy a razones económicas, no ideológicas: “Mi abuelo emigró buscando una mejor vida; ahora su nieta hace lo mismo, pero al revés”. Su caso ilustra un cambio en el perfil de quienes podrán acceder a la nacionalidad a través de la ‘ley de nietos’. Si durante décadas buena parte de la emigración cubana estuvo integrada por opositores al régimen, entre los nuevos solicitantes hay afines al mismo y, en el caso de los más jóvenes, ciudadanos marcados por una gran desafección política. La pregunta ya no es cómo votarán los españoles residentes en Cuba, sino qué comportamiento electoral tendrán una vez en España.

La nueva emigración de la isla responde más a causas económicas que ideológicas

“No nos interesa a quién vamos a votar. Solo queremos venir a trabajar”, aseguraba la presidenta cubana de la asociación Soy Descendiente, Estela Marina, en una entrevista a TVE el pasado mes de junio. Aunque el peso del voto CERA inscritos en la isla ha sido hasta ahora irrelevante —menos del 1% ejercieron su derecho al voto en las elecciones del 2023— la posible incorporación de más de 600.000 nuevos electores ha situado el foco en este colectivo. Según estimaciones del medio independiente cubano 14ymedio , el total incluye 107.000 solicitudes formales y alrededor de 400.000 que esperan cita previa.

Si bien la primera ola migratoria cubana estaba integrada mayoritariamente por exiliados políticos que mostraban una mayor afinidad con la derecha española, la nueva generación que aspira a la nacionalidad presenta un perfil más diverso. “Abel es licenciado en Historia y llegó a España en el 2020. En las próximas votaciones se muestra indeciso y se plantea no votar o hacerlo en blanco: no se siente representado por ningún partido”. Otros residentes en el país, que en anteriores comicios optaron por el PSOE, se sienten decepcionados por los casos de corrupción que afectan al Gobierno y tienen la sensación de que España “se parece cada vez más a Cuba”.

Para el director del Centro de Estudios de Convivencia, grupo cubano que promueve la reflexión independiente, Dagoberto Valdés, el analfabetismo democrático es esencial para entender el perfil político de los cubanos. Valdés se pregunta si están lo suficientemente formados para ejercer la soberanía ciudadana mediante un voto libre, responsable e informado, en el supuesto caso de que tuvieran derecho a votar, ya sea en Cuba o en otras urnas. Para responder a su cuestión, acude a una reflexión del filósofo político italiano Nicolás Maquiavelo: “Las masas no eligen con la cabeza. Eligen con hambre, con miedo, con la promesa de una ración”.

Cuando concluya la tramitación de las solicitudes de la ‘ley de nietos’, los cubanos nacionalizados españoles serán un nuevo actor electoral. Para entender las motivaciones de su voto sería un grave error utilizar únicamente el termómetro de izquierdas o derechas, ya que, antes de preguntarse qué papeleta introducirán en la urna, primero conviene entender por qué decidieron abandonar el archipiélago. Entre quienes obtendrán la nacionalidad en los próximos años convivirán antiguos opositores al régimen y cubanos que, como Iris, siempre fueron fieles de un régimen del cual ahora deciden emigrar. Ella cree que, si algún día puede votar en España, lo hará por el partido de Sánchez.

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