Yemen, la guerra que nunca terminó

Yemen nunca firmó la paz. La tregua del 2022 congeló una guerra que dejó el país partido en dos -los hutíes en el norte, el Gobierno reconocido internacionalmente en el sur- pero no la cerró. Cuatro años después, la guerra en Oriente Medio ha reabierto un frente que nunca cicatrizó.

El domingo, los rebeldes lanzaron dos oleadas de misiles y drones contra Moca, ciudad portuaria del mar Rojo bajo control gubernamental. La primera dejó once muertos -ocho militares y tres civiles- y 32 heridos. La segunda, horas más tarde, siete muertos y treinta heridos, según las Fuerzas Armadas yemeníes, que aseguran haber derribado once drones. El puerto comercial sufrió daños graves, y en el distrito vecino de Al Joja un misil balístico impactó contra la residencia del gobernador de Hodeida designado por el Gobierno, Al Hassan Taher, que resultó ileso.

La respuesta llegó este lunes. El Ejército yemení bombardeó posiciones y lanzaderas de misiles hutíes en la provincia de Marib, al este del país, el principal bastión gubernamental y la región que concentra buena parte del petróleo y el gas yemeníes. Los combates se reanudaron también en Taiz, en el suroeste, una ciudad partida por la línea del frente desde 2014, y las defensas antiaéreas interceptaron un dron sobre Adén, la ciudad portuaria del sur que hace de capital provisional del Gobierno reconocido. Días antes, los hutíes ya habían atacado posiciones militares en la propia Marib y en Hadramaut, con un saldo de al menos 17 soldados muertos.

El conflicto arrancó en 2014, cuando los hutíes tomaron Saná con apoyo iraní. Un año después, Arabia Saudí lideró una coalición militar en apoyo del Gobierno, con una campaña de bombardeos que llevó al país al borde de la hambruna y contribuyó a la muerte de cientos de miles de yemeníes, según Naciones Unidas, sin lograr expulsar a los rebeldes del poder.

Los intentos de retomar las negociaciones tras la tregua quedaron enterrados a partir del 7 de octubre de 2023, cuando los hutíes empezaron a atacar Israel y a los cargueros que cruzaban el mar Rojo en represalia por la ofensiva sobre Gaza. Aquella campaña obligó a las grandes navieras a rodear África y dejó una lección aprendida: pueden hacer sangrar el comercio mundial a un coste muy bajo.

Lo que ha cambiado ahora es la escala del tablero. Durante casi cinco meses, los hutíes permanecieron al margen mientras su principal valedor, Irán, encajaba los ataques estadounidenses e israelíes iniciados el 28 de febrero. La ruptura llegó en julio, cuando un avión iraní aterrizó en el aeropuerto de Saná -una línea roja para Riad- y los hutíes acusaron después a Arabia Saudí de bombardear la terminal.

Desde entonces, el grupo ha atacado dos instalaciones de la petrolera estatal Aramco en la costa del mar Rojo, en Yanbu y Jazán, y ha declarado un bloqueo naval contra los buques saudíes, en respuesta a lo que describe como un asedio de Riad, algo que el reino niega. Arabia Saudí anunció la semana pasada una coalición defensiva para proteger las rutas comerciales y energéticas en el mar Rojo.

El blanco no es casual. Con el estrecho de Ormuz cerrado por Irán desde febrero, Riad ha desviado buena parte de sus exportaciones de crudo a través del oleoducto Este-Oeste hasta la costa del mar Rojo, para sacarlo por Bab el Mandeb. Yanbu es precisamente la terminal principal de ese oleoducto. El bloqueo hutí afecta sobre el papel solo a barcos saudíes, pero las primas de seguro se han disparado para toda la navegación y el tráfico se ha ralentizado, según las firmas de seguimiento marítimo.

Con las dos grandes arterias energéticas de la región bajo presión simultánea, el frente yemení ha entrado en la ecuación de la negociación global. Entre las condiciones que el secretario saliente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohamed Bagher Zolqader, exige a Washington para reabrir Ormuz figura el cese de la agresión “contra Irán y sus aliados libaneses, palestinos, yemeníes e iraquíes”. Es decir, el alto el fuego en Yemen como parte del paquete.

El ministro de Exteriores iraní, Abas Araqchi, añadió el domingo la exigencia de compensaciones, el levantamiento de las sanciones y la retirada del bloqueo naval estadounidense en el Golfo. Teherán no negocia directamente con Washington mientras incumpla el acuerdo interino de junio, aunque sitúa en su “fase final” el pacto con Omán sobre las rutas de navegación. Trump restó importancia al proceso y aseguro que “solo estamos semi-negociando con ellos”.

Los hutíes tienen además su propia lista frente a Riad: libertad de movimiento en puertos y aeropuertos yemeníes, intercambio de prisioneros y acceso a los ingresos petroleros del país, hoy bajo control saudí, para pagar a los funcionarios. Sobre el terreno, la fotografía es la de una tregua evaporada.

Helena Pelicano Gómez

Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo

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