Los soldados de la brigada Black Jack recogieron y guardaron solemnemente los colores de su unidad en Fort Hood, Texas, a principios de mayo, mientras los 4.000 efectivos de la unidad de carros de combate se preparaban para desplegarse en Polonia y contribuir a la defensa de la OTAN frente a la amenaza rusa. “Cuando una brigada de combate acorazada se despliega hacia el frente, envía un mensaje claro e inequívoco”, afirmó el comandante de la división, el general Thomas Feltey, durante la ceremonia. Menos de dos semanas después, Estados Unidos envió la señal contraria: la misión fue cancelada. Era la segunda vez este mes que Trump anunciaba recortes en la presencia militar estadounidense en Europa, reflejo de su enfado por la falta de apoyo europeo en su guerra en Irán. Según informa Reuters, se espera que el 22 de mayo Estados Unidos anuncie una reducción de las fuerzas comprometidas en caso de ataque.
Trump lleva poniendo en duda su compromiso con la OTAN y con el artículo 5 de defensa mutua desde el inicio de su segundo mandato. Eso ha provocado un aumento en el gasto en defensa europeo, que ya era necesario desde hace tiempo. Sin embargo, en los últimos meses ha ido más allá, anunciando reducciones inesperadas de tropas y cancelando el despliegue en Alemania de una unidad de misiles de crucero que debía cubrir una carencia importante en la defensa europea. La retirada acelerada ha hecho añicos la suposición de los europeos de que tendrían tiempo para reforzar sus propias fuerzas y sustituir los elementos estadounidenses imprescindibles, como los sistemas de inteligencia y vigilancia. El enorme gasto de Estados Unidos en misiles en Irán está retrasando los envíos a los aliados europeos y a Ucrania, que ahora deben esperar mientras Washington repone sus reservas.
Varios países se plantean cómo, y bajo qué mando, combatiría Europa en caso de que la OTAN “dejara de funcionar”
Algunos en la OTAN, conmocionados por la amenaza de Trump en enero de apoderarse de Groenlandia (Dinamarca), temen no solo que Estados Unidos se mantenga al margen de una guerra con Rusia, sino que incluso pueda obstaculizar activamente la respuesta de otros miembros. Aunque la posibilidad se considera remota, entrevistas con altos mandos y responsables de defensa de varios países de la OTAN revelan por primera vez hasta qué punto se toman en serio este riesgo. Algunas fuerzas armadas europeas están elaborando planes secretos para combatir no solo sin la ayuda de Estados Unidos, sino también sin buena parte de la infraestructura de mando y control de la OTAN. “La crisis de Groenlandia fue una llamada de atención”, afirma un responsable de defensa sueco. “Nos dimos cuenta de que necesitamos un plan B”.
Ninguno de los altos cargos entrevistados accedió a hablar oficialmente, por temor a que ello pudiera acelerar la salida de Estados Unidos. Rutte, secretario general de la OTAN, “ha prohibido literalmente hablar del tema porque cree que puede echar más leña al fuego”, afirma una persona cercana. Cuando el año pasado Matti Pesu, del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales (FIIA), fue coautor de un informe que defendía la necesidad de un plan B, las autoridades finlandesas negaron que se estuviera planteando. Sin embargo, la urgencia de la amenaza ha llevado a varios países a plantearse cómo, y bajo qué mando, combatiría Europa en caso de que la OTAN “dejara de funcionar”, en palabras de un responsable. “¿Qué cadena de mando puedes utilizar si Estados Unidos está bloqueando la OTAN?”, se pregunta otro alto cargo de Defensa.

La pregunta va al centro del éxito de la alianza. La mayoría de las coaliciones militares se asemejan a un ensayo de música en primaria: cada país aparece, golpea su tambor más o menos al compás de los demás y se marcha. La OTAN, en cambio, se estableció como una orquesta sinfónica bajo el control de un único director, el Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR, por sus siglas en inglés), un general estadounidense que también dirige las fuerzas estadounidenses en Europa. Para dirigir esta orquesta, el SACEUR dispone de enlaces de comunicación seguros con una red de cuarteles generales subordinados permanentes, dotados de miles de efectivos listos para responder en el momento en que estalle una guerra. “El liderazgo de Estados Unidos es el pegamento que mantiene unida a la alianza”, afirma Luis Simón, director del Centro de Seguridad, Diplomacia y Estrategia de la Universidad Libre de Bruselas. “Sin ellos, probablemente veríamos una fragmentación del ecosistema de disuasión”.
Así, un Plan B requiere algo más que adquirir armas; implica crear una estructura bajo la cual los europeos estén dispuestos a luchar. El núcleo, al menos en el norte de Europa, probablemente sería una coalición de países bálticos y nórdicos, además de Polonia. Estos países comparten en su mayoría valores comunes y todos temen a Rusia. Varios de los principales miembros europeos de la OTAN, como Reino Unido, Francia y Alemania, cuentan con fuerzas de “disuasión” en los países bálticos y, por tanto, es muy probable que se vean arrastrados a cualquier conflicto. Aproximadamente un tercio de los miembros de la OTAN “lucharían desde el primer día” independientemente de que se active el Artículo 5, afirma Edward Arnold, del think-tank RUSI en Londres. “Nadie se quedaría esperando a que los portugueses aparecieran en el Consejo del Atlántico Norte [el principal órgano de decisión de la OTAN] para debatir,” asegura.
La JEF, como señaló su entonces comandante, el general Jim Morris, en 2023, “puede reaccionar ante situaciones sin necesidad de consenso”
Una de las alternativas a la estructura de mando que más se menciona es una coalición liderada por el Reino Unido formada por diez países, en su mayoría bálticos y nórdicos, conocida como la Fuerza Expedicionaria Conjunta (JEF, por sus siglas en inglés), con cuartel general cerca de Londres. Creada por Reino Unido y otros seis miembros de la OTAN en 2014, la JEF se concibió inicialmente como un complemento al organismo principal, capaz de proporcionar fuerzas de alta disponibilidad con poca antelación en circunstancias que no justificaran la activación del Artículo 5. Su función se amplió cuando Suecia y Finlandia se unieron a la coalición en 2017, varios años antes de solicitar su ingreso en la OTAN. Ahora se considera una forma de sortear una de las debilidades de la OTAN: cualquier miembro puede bloquear la activación del Artículo 5, que exige una decisión unánime. La JEF, como señaló su entonces comandante, el general de división británico Jim Morris, en 2023, “puede reaccionar ante situaciones sin necesidad de consenso”. Ya se ha activado en varias ocasiones, tanto para ejercicios como para patrullas navales.
“El JEF es la más consolidada de las alternativas”, señala Arnold. Añade que su cuartel general ya cuenta con capacidades de inteligencia, planificación y logística. Dispone de sus propias redes de comunicaciones seguras que, aunque limitadas, no dependen de la OTAN. Además, la participación británica aporta cierto grado de disuasión nuclear.
Sin embargo, la JEF se centra principalmente en las regiones nórdica y báltica. Carece de grandes potencias como Francia, Alemania y Polonia. Algunos funcionarios muestran preocupación por el estado de preparación de la defensa británica: la falta de financiación ha dejado al país con pocos barcos, submarinos y unidades del ejército listas para desplegarse en poco tiempo. “Inglaterra es el tío favorito de todos”, afirma un funcionario. “Pero sufre el síndrome Downton Abbey. Mantiene las apariencias, pero no tiene fondos.”
Estos problemas podrían mitigarse si el grupo incluyera a Alemania, que está aumentando enormemente su presupuesto de defensa. Con todos sus inconvenientes, la JEF parece ser la mejor solución si los países europeos no son capaces de asumir el marco existente de la OTAN. Pero Europa encontrará algún tipo de estructura de defensa para sustituir a los estadounidenses. Un sistema de disuasión basado en alguien que puede que no acuda no es ninguna disuasión.
© 2026 The Economist Newspaper Limited. Todos los derechos reservados.
