Hong Kong declara culpables de subversión a dos líderes de la conmemoración de Tiananmen

Nuevo jarro de agua fría para los demócratas de Hong Kong, único lugar de China junto con Macao donde todavía se podía reivindicar y conmemorar a las víctimas de Tiananmen, siete años atrás. Este viernes, el Tribunal Superior de Hong Kong les marcó los límites de lo posible como Región Administrativa Especial, con la nueva Ley de Seguridad en la mano. Los damnificados, dos activistas que llevan ya cinco años en prisión preventiva y que han sido declarados culpables, son el exdiputado y sindicalista Lee Cheuk Yan, 79, y la abogada Chow Hang Tung, 41. Presidente y vicepresidenta, respectivamente, de la Alianza de Hong Kong en Apoyo de los Movimientos Democráticos Patrióticos de China, disuelta en 2021. Su crimen, intentar “socavar” y “derribar” al Partido Comunista de China, “para subvertire el Estado”. Los tres magistrados hongkoneses no necesitaron declarar culpable a otro vicepresidente, Albert Ho, 74, ya que se auto inculpó hace unos meses

La pena prevista para este delito, que se conocerá más adelante, es de un máximo de diez años de cárcel. El próximo viernes, en cualquier caso, los abogados de los reos tendrán una última oportunidad de presentar contra argumentos. Quien ya se ha declarado “furiosa” por la sentencia es la esposa de Lee, por lo que considera una injusticia para los tres líderes de Alianza de Hong Kong, que llevan ya cinco años de prisión preventiva, que se descontarán de la condena que reciban.  

La sentencia culpa a su organización de “incitar a otras personas a planificar, cometer o participar en actos por medios ilícitos para subvertir el poder del Estado”. Alianza por Hong Kong era conocida por organizar cada 4 de junio, en el parque Victoria, la concentración con velas en memoria de las víctimas de Tiananmen. Lee fue uno de sus fundadores, dos semanas antes de la matanza. De hecho, la noche de los hechos el sindicalista estaba allí, en  Pekín, con dinero para los manifestantes recogido entre empresarios y otros particulares. Luego fue uno de los hombres clave en la compleja operación Yellowbird, que sacó de China a cientos de disidentes durante meses, con la colaboración del consulado de Francia, de los servicios británicos, de las tríadas -que cobraban por el contrabando humano según el valor de la pieza- y hasta de la Iglesia. 

Lee, que se convirtió a continuación en secretario general de la Federación de Sindicatos de Hong Kong -aún bajo dominio británico- fue también diputado del Partido Laborista. Su compañera de desdichas apenas era una niña en 1989 y nada hacia presagiar su paso a la política cuando se licenció en  Geofísica en Cambrige, donde también se doctoró. De regreso a Hong Kong se graduó en Derecho -allí aún rige la Common Law británica- cosa que le ha permitido representarse a sí misma durante el juicio. 

Atacar al Parstido Comunita es una línea roja, según la Constitución de China, que contempla la existencia de otras fuerzas, pero en un papel puramente auxiliar y consultivo respecto al partido único. 

También es cierto que el Partido Comunista de China vivió en la clandestinidad en Hong Kong mientras duró la colonia. Hoy en día es legal, pero no se presenta a las elecciones, a las que concurren partidos propios de Hong Kong. Eso sí, sus listas deben pasar ahora una criba. Los “elementos antinacionales” no pueden concurrir a ellas. 

La sentencia de hoy ha causado estupor y condena entre  organizaciones de derechos humanos y ejecutivos, de Washington a Bruselas, con la UE denunciando “el deterioro de la libertad de expresión” en el gigante asiático.

La sentencia habría podido ser otra, una docena de años atrás. Desde entonces, las legítimas reivindicaciones democratizadoras de muchos de los chinos de Hong Kong se han visto empujadas, pero también zarandeadas, por la rivalidad cada vez más enconada en la cumbre entre China y EE.UU.. Algo que este viernes permitió a los magistrados agarrarse a la “injerencia extranjera” para sustentar sus sentencia. Y en su día, a Pekín, para aprobar -y hacer aprobar- la Ley de Seguridad Nacional, tras las protestas masivas contra la Ley de Extradición que en 2019 desbordaron al ejecutivo hongkonés. Los manifestantes asaltaron la Cámara Legislativa y la violencia se descontroló, pero no hubo un Tiananmen hongkonés. Se retiró la Ley de Extradición y los confinamientos de la covid hicieron el resto. Luego se actuó legislativamente con la Ley de Seguridad Nacional. 

De lo que no cabe duda es de que, hasta 2016, Hong Kong fue incrementando la proporción de diputados elegidos por sufragio universal, hasta el 50%. En la época británica no hubo ninguno, hasta las mismas puertas de la cesión, cuando se sometieron a voto 20 de los 60 escaños. Sin embargo, esta década ha visto una regresión, devolviendo la libre elección a apenas 20 escaños, en una cámara de 90. Todas las listas, además, estas sometidas a un cribado, para eliminar a “elementos antipatrióticos”. Como resultado, en las dos últimas elecciones ha votado menos de un tercio del censo. Y Hong Kong es hoy algo menos cosmopolita. 

Sin embargo, el territorio que los británicos arrancaron a sangre y fuego, ha seguido progresando sin ellos. Pero, al igual que el resto del mundo, lo ha hecho creciendo menos que la China continental. De este modo, la brecha se ha reducido enormemente entre Hong Kong y, al otro lado de la raya, Shenzhen. Ciudad tecnológica con menos personalidad y sin pátina histórica, pero mucho más aireada y bastante más barata. Motivo por el cual muchos jóvenes hongkoneses, que además ya hablan mandarín con casi la misma naturalidad que el cantonés, van allí en metro los fines de semana. 

Brian, empleado local de una cafetería de Hong Kong, que participó en su día en las protestas de 2019, dice que desde entonces no ha querido pisar la China continental, mientras que ha dice haber ido a Japón en varias ocasiones. “Pero para los chavales de 18 años es distinto, no tienen ese trauma”. A lo mejor ya se han acostumbrado a que en su territorio se vean  más banderas de China que en en Shenzhen, siempre algo mayores y en un asta más alta que la de Hong Kong. 

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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