La asfixia de los médicos en Cuba: “No duermo pensando en si los pacientes habrán sobrevivido”

“No duermo pensando en si los pacientes habrán sobrevivido”, confiesa P., cirujano general de Pinar del Río, en el oeste de Cuba. El médico, con quien este diario habló vía WhatsApp, prefiere mantener el anonimato. La falta de personal médico, medicamentos y recursos básicos necesarios para ejercer su profesión, agravada por la escasez de insumos que sufre la isla y las sanciones de EE.UU, le lleva a preguntarse: “¿Para qué sigo aquí?”. La tensión que experimenta en el trabajo le ha comportado alopecia, pérdida de peso y episodios de depresión.

Hoy en día, un hospital cubano recuerda un escenario de guerra. “He visto a pacientes morir por no tener sangre para hacer una transfusión”, recuerda P., quien acumula historias nuevas cada día, como dejar el abdomen de un paciente prácticamente abierto por falta de hilo para suturar, retrasar la operación de un joven con VIH por no tener guantes o pagar de su bolsillo el transporte a un paciente porque no habían ambulancias. “Trabajamos a la ‘maldita sea’ y tenemos que inventar para salvar vidas”, resume el cirujano.

He visto a pacientes morir por no tener sangre para hacer una transfusión”

P.

Cirujano general en Cuba

Gestionar la salud en un país con desabastecimiento de electricidad, agua, transporte y comida es extremadamente complejo. Cada eslabón afecta al otro. Por esta razón, P. cree que ni siquiera en los casos en los que consigue operar está asegurado que la cirugía funcione: “Puedo hacer la mejor operación del mundo, pero si el paciente no está bien nutrido, por ejemplo, la herida no cicatrizará”.

Según el doctor, algunas de las medidas impuestas por el Gobierno para paliar la crisis sanitaria “no tienen sentido”. Una de ellas es la respuesta a la escasez de medicamentos. Si bien las farmacias del Estado están desabastecidas, es posible conseguir prácticamente cualquier medicina en el mercado negro. Sin embargo, el Estado prohíbe a los médicos utilizar tratamientos que provengan de fuera del sistema. Por ende, ni las instituciones públicas suministran la medicación ni se permite que el paciente compre el tratamiento al margen de estas. Esta norma pone a los profesionales en una encrucijada, ya que cumplirla o no puede determinar la vida.

La precariedad en los hospitales y centros de salud públicos difiere de aquellos de pago controlados por el Estado. En la página web de la Clínica Central Cira García, por ejemplo, ofrecen un chequeo médico pediátrico por 621 dólares o un examen integral por 860. Belraysa, agencia de turismo de la salud, propone la evaluación y rehabilitación para el párkinson por 4.500 dólares o la cirugía cardiovascular por un precio de entre 22.000 y 32.000 dólares.

El país llegó a tener nueve médicos por cada mil habitantes, más del doble que la media de la UE

La situación actual contrasta con el prestigio internacional que llegó a alcanzar la sanidad cubana: contaba con nueve médicos por cada mil habitantes —más del doble que la media de la Unión Europea—, 27 facultades de Medicina y un complejo estatal de investigación biomédica capaz de desarrollar vacunas, fármacos y tratamientos contra enfermedades como la diabetes o el cáncer de pulmón. Cuba se convirtió, además, en un importante exportador de profesionales sanitarios con las conocidas “misiones internacionalistas”.

Desde el principio del castrismo, el Estado promovió el envío de profesionales sanitarios a otros países, entre ellos Venezuela, a cambio de bienes como el petróleo. Gracias a estas colaboraciones en el extranjero, ejercer como médico era una de las pocas profesiones que permitían cierta comodidad económica.  Aunque la cantidad que recibía el profesional era muy inferior al valor económico del servicio que el Gobierno cubano obtenía en el acuerdo, estos viajes seguían siendo una oportunidad de mejora.

Pero la presión diplomática de EE.UU. sobre aquellos países que mantenían acuerdos con la isla, como Guatemala o Honduras, ha devuelto a los profesionales a casa. Sin embargo, en los últimos años Cuba ha vivido el éxodo de médicos más grande de su historia, en el que se calcula que al menos un 30% del total ha emigrado.

Causas del colapso del sistema sanitario

Internas:

1

Déficit continuado de inversión y deterioro progresivo de las infraestructuras 

2

Éxodo de personal provocado por la falta de incentivos económicos, entre ellos, una compensación salarial digna

3

Ausencia de previsión y falta de proyección en un contexto político que prioriza el relato de los logros por encima de la realidad del sistema 

4

Debilidad estructural de la economía: elevada dependencia de las importaciones y deterioro de la capacidad productiva nacional

Causas del colapso del sistema sanitario

Externas:

1

Sanciones de EE.UU que dificultan el acceso de Cuba a financiación, transacciones bancarias y determinados proveedores internacionales de equipo médico y materias primas para la elaboración de fármacos 

2

Pérdida del apoyo económico y energético de Venezuela, principal proveedor de petróleo, tras la intervención de EE. UU., y suspensión de los envíos de combustible de México ante las amenazas del Gobierno de Trump

3

Caída del turismo a raíz de la COVID-19, reduciendo significativamente la entrada de divisas extranjeras y tensionando el sistema de salud

Si bien la crisis sanitaria se agravó a partir del colapso provocado por la covid-19 y, posteriormente, a raíz de la intervención de Estados Unidos en Venezuela, el país ya atravesaba un desgaste sanitario desde la disolución de la URSS, su aliado histórico, en 1991.

La decadencia actual es multifactorial. Por un lado, está el embargo de EE.UU. que prohíbe, entre otros, vender a la isla algunas de las tecnologías que únicamente producen empresas estadounidenses. Por otro, las responsabilidades internas, en lo que respecta a un déficit continuado de inversión y un abandono progresivo de las infraestructuras. P. cree que, a pesar de la fuga masiva de médicos, el Gobierno no apoya a los profesionales ni los estimula “con un simple viaje a Varadero —ciudad de complejos turísticos—”, cosa que sí hacía en periodos anteriores.

P. cobra como cirujano unos trece euros al mes: siete euros más que el salario mínimo del país y lo que equivale al precio de unos pantalones. “Fui el mejor estudiante de mi promoción, me especialicé, hice una maestría y, aún así, son mis padres quienes me mantienen”. Para subsistir, como otros muchos médicos y profesionales, tiene un segundo trabajo como mensajero en una mipyme —micro, pequeña o mediana empresa de carácter privado o mixto legalizada en el país en el 2021. La retribución en estas empresas suele ser mucho más alta en comparación con los salarios de los trabajadores públicos. Sin ir más lejos, el personal de limpieza contratado por una mipyme en el hospital de P. cobra el triple que él como cirujano.

Trabajar hoy en día como médico en Cuba comporta un desgaste físico y psicológico que no está compensado. Aunque P. ha pedido un permiso para salir del país, es extremadamente complicado para los médicos especializados emigrar de manera legal y las solicitudes pueden ser negadas sin justificación. “Me siento encarcelado”, confiesa.

El presente de la isla se impone ante un eco nostálgico de lo que había sido la “revolución”. “Los cubanos estamos rendidos, solo nos interesa vivir. Y, como dice aquella canción de Ricardo Arjona, ‘ya no sirvo de enemigo y hace tiempo me rendí’”, concluye P. 

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