La internacional trumpista: de Paraguay a la Puerta del Sol

La internacional trumpista ha sido posiblemente el movimiento más globalista –pese a las declaraciones denostando la globalización de sus dirigentes– y más centralizado de la historia política mundial. Más incluso que la Internacional Comunista del estalinismo. Muchos de sus comportamientos se asemejaban a los de las sectas: divinización del líder, una asombrosa capacidad para negar los hechos y la realidad por más evidentes que sean y un reducido número de dirigentes presentes en casi todas sus actividades. Sin duda, el hecho de controlar la Administración del país más poderoso del mundo explica esa capacidad de control directo y subordinación de todos los tentáculos internacionales.

Su trazabilidad internacional es asombrosa, se conecta desde un extremo del globo a otro con pasmosa facilidad. El último ejemplo, la crisis financiera paraguaya. Su expresidente, Santiago Peña, un destacado seguidor de Donald Trump, ha sido destituido del cargo y se encuentra detenido. La causa, la crisis del banco Ueno, propiedad de un importante grupo del país del que el propio Peña fue accionista hasta el año pasado, que ha atrapado a la mitad de la población del país, incluido el fondo público de pensiones. Aunque formalmente no se ha decretado un corralito, bloqueo general de la retirada de dinero para todo el sistema, sí lo es para los clientes de Ueno. Y, como no, será el Estado paraguayo quien apechugue con la factura del dinero desaparecido.

Un terremoto para el pequeño país sudamericano que tiene conexiones políticas más allá de sus fronteras. Ueno fue uno de los patrocinadores principales de la última reunión internacional de la Hispanic Prosperity Gala 2026, celebrada hace solo unos meses, en febrero pasado, en Mar-a-Lago, el hotel y base de operaciones en Florida del presidente de Estados Unidos. Ese patrocinio está siendo investigado por la justicia paraguaya como una posible desviación de fondos.

¿Quién participó en esa reunión, en persona o por videoconferencia, en la que se entregaron varios galardones? Por una parte, los sospechosos habituales. Javier Milei, presidente argentino; Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente de Brasil y hermano del huido perdedor en las últimas elecciones en su país, y Vivek Ramaswamy, creador con Elon Musk del nefando DOGE, nombre del efímero y fallido programa de recorte gubernamental de Trump. Ramaswamy, financiador del vicepresidente estadounidense J.D. Vance, ha sufrido esta semana un estrepitoso fracaso en su campaña para ser gobernador de Ohio.

Ayuso en la videoconferencia del acto trumpista de Mar-a-Lago en febrero pasado
Ayuso en la videoconferencia del acto trumpista de Mar-a-Lago en febrero pasadoLV

Pero aún hay algo más interesante ¿Quienes fueron los españoles involucrados en ese evento trumpista financiado en parte por el fraudulento banco paraguayo? Pues, en muy destacada posición, Isabel Díaz Ayuso, la presidenta madrileña. La líder madrileña aprovechó su intervención, a través de videoconferencia, para anunciar que la medalla internacional de la Comunidad de Madrid era para EE.UU. Los EE.UU. de Trump, claro.

El otro español conocido que estuvo en aquel acto, este presente en Mar-a-Lago, fue Javier Negre, el ultra propietario de Estado de Alarma TV y La derecha diario , empleador durante un tiempo de Vito Quiles.

Claro que eran otros tiempos, aquellos en los que había competencia entre sectores ultras por aparecer asociados a Trump. Ayuso se esforzaba por ser más próxima a la Casa Blanca que Santiago Abascal, el líder de Vox. Este visitó a Peña en Asunción, el año pasado, y dejó constancia en X de su visión de las cosas: “Paraguay y su Gobierno son un referente por su política fiscal, la defensa de la soberanía e identidad nacional y la protección de la familia y la infancia”. Se desconoce qué opina ahora.

Abascal puso como modelo de política fiscal al gobierno de Peña, encarcelado por fraude

En realidad, desde el martes pasado, fecha de las legislativas estadounidenses, todos marcan distancias, en Madrid, Roma y París. Ayuso, por ejemplo, se ha abstenido de decir nada sobre las recientes elecciones legislativas estadounidenses; ella, a la que tanto le gusta hablar de todo y cobrar relieve internacional con casi cualquier excusa.

¿El vuelco político en EE.UU consolida y acelera el cambio de ciclo político mundial? Algunos acontecimientos ya indicaban que algo así se estaba fraguando. De manera destacada, la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría, en abril, y ya más recientemente, los retrocesos de la extrema derecha en Suecia o los Países Bajos, el derrocamiento de Aleksandar Vučić en Serbia y la victoria de Lula en Brasil frente al prófugo Flávio Bolsonaro. Lo lógico es que la derrota de los republicanos esta semana en EE.UU. acelere el proceso de descomposición del trumpismo internacional. Del mismo modo que su extrema centralización fue un acicate para su desarrollo y crecimiento desde Washington al resto del mundo, ahora podría ser el disolvente de su fuerza.

El banco hundido financió un acto trumpista en el que Ayuso entregó la medalla de Madrid a EE.UU.

Pero la primera reacción de Trump, evidentemente, ha sido resistir esa tendencia, y para ello ha elegido a Stephen Miller como nuevo jefe de gabinete de la Casa Blanca. Defensor de la política expansionista en el exterior y la xenofobia extrema en el interior, indica hasta qué punto el final del mandato del republicano puede ser un auténtico infierno para el mundo. La violencia latente que ya está presente en la sociedad estadounidense puede convertirse en una realidad en las calles del país. Pero el resultado electoral del martes deja claro que la mayoría en EE.UU. condena el caos desencadenado por Trump y que sus posibilidades de avanzar por ese camino son limitadas. Incluso el ejército, pese a las depuraciones de Pete Hegseth, no es territorio seguro para el presidente..

Manuel Pérez Arias

Adjunto al director de La Vanguardia. Periodista especializado en información económica

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