Cuando Nixon se subió al ‘Enola Gay’ y al ‘Apollo XI’ para combatir la crisis del petróleo

“La producción se reducirá en un mínimo del 5% mensual hasta que se complete la retirada israelí de los territorios ocupados y se restablezcan los derechos de los palestinos. Los países amigos que brindan ayuda material efectiva a las tropas árabes tendrán el suministro garantizado. Se aplicará un embargo total a Israel y a los países que usen sus fuerzas armadas para ayudar a Israel”.

Con un breve comunicado, la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (OPAEP) convertía por primera vez el crudo en un arma política el 17 de octubre de 1973, hace más de medio siglo, con motivo de la Guerra del Yom Kipur. Era un extremo del que siempre había tratado de huir la Organización de Países Exportadores del Petróleo (OPEP) –creada casi una década antes que la OPAEP–, por más que en la reunión que había celebrado justo un día antes en Kuwait no le quedaba sino cerrar filas con la mayoría árabe.

Ese día previo, Arabia Saudí, Kuwait, Irán, Irak, Abu Dabi y Qatar anunciaban al resto de socios que, de forma unilateral, aumentaban el precio del barril de crudo árabe ligero de forma espectacular y sin precedentes: ni más de menos que en un 70%. Eso significaba que el barril pasaba de costar 3 dólares a 5,12.

Una medida, lógicamente, no negociada con las grandes petroleras que por entonces controlaban en torno al 85% de toda la cadena de valor del sector, conocidas como las Siete Hermanas, todas ellas de capital occidental, pero que operaban al albur de la legislación de los países productores.

Al día siguiente, la cumbre de la OPAEP añadía a ese incremento otras medidas de carácter abiertamente político: el recorte progresivo de la producción de al menos un 5% mensual hasta que Israel se retirara de los territorios ocupados en 1967 y se restauraran los derechos palestinos y el embargo al mismo Israel y a los países que lo apoyaban militarmente: Estados Unidos, los Países Bajos, Portugal, Sudáfrica y Rodesia (actual Zimbabue).

Gasolinera cerrada en Estados Unidos en plena crisis del petróleo 
Gasolinera cerrada en Estados Unidos en plena crisis del petróleo Dominio público

Liderada por Arabia Saudí, la OPAEP se lanzaba decididamente a estrangular la economía mundial, particularmente la occidental. Se abría así la primera y mayor crisis del petróleo que ha vivido el planeta desde su industrialización y la adopción de un modelo de vida dependiente de la energía, un escenario sin precedentes y con consecuencias entonces impredecibles.

El golpe fue duro y tanto Europa como Estados Unidos y Japón lo notaron pronto. En pocos días, los precios de todo tipo de combustibles y materias primas se dispararon, arrastrando con ellos a los productos de consumo. Y en apenas tres meses, el incremento del precio del crudo anunciado se multiplicó por tres superando los 12 dólares el barril en todo el mundo, sin distinción de países señalado o no señalados.

De un día para otro, los productores árabes decidieron subir el precio del barril un 70% y reducir la producción

Para más inri, todo ello coincidió con una espiral inflacionista provocada por las políticas expansionistas en Estados Unidos y Europa y el abandono del patrón oro. En Estados Unidos, la inflación pasó del 3,3% en el que cerró 1972 a más del 11% de 1974, acompañada de un desempleó que superó el 7%. En el Reino Unido se disparó por encima del 24%. En España, la apuesta del Gobierno por compensar el incremento de precios moderó de entrada la inflación en torno al 10%, aunque su efecto se alargó y se disparó de forma tardía, alcanzando el 17% en 1975. El escenario, en todo Occidente, derivó en estanflación, una combinación de alta inflación persistente, recesión y desempleo creciente.

Washington, el principal país –junto a Israel– a quien iba dirigida esta guerra del petróleo, reaccionó rápido. La Administración Nixon, en pleno escándalo Watergate, se encontró con un contexto idóneo para apelar a la unidad nacional. El presidente se dirigió a la nación desde el despacho Oval de la Casa Blanca el 7 de noviembre, cuando no había transcurrido ni un mes del órdago de la OPAEP y sus efectos ya se hacían notar.

En un discurso que ofrecemos ligeramente extractado, Nixon apeló no sólo al espíritu de superación del pueblo estadounidense, sino a los proyectos Manhattan, que permitió desarrollar en tiempo récord el armamento nuclear con el que el país derrotó a Japón en la Segunda Guerra Mundial, y Apollo, con el que adelantó a la Unión Soviética en la carrera espacial.

Además de las restricciones que la Administración impuso a la ciudadanía para implicarla directamente en la crisis, las políticas de Washington supusieron el inicio de una nueva carrera hacia la soberanía energética en la que incidió en la siguiente crisis del petróleo, en 1979, ya otro presidente, Jimmy Carter. Porque a Nixon, el oxígeno que le dio la crisis, en la que se apoyó sin complejos, apenas le duró unos meses y se vio obligado a renunciar en agosto de 1974 por el Watergate. Su vicepresidente, Gerald Ford, acabó el mandato, pero perdió las presidenciales ante Carter en 1977.

El discurso

“Buenas noches:

”Quiero hablarles esta noche sobre un grave problema nacional, un problema que todos debemos afrontar juntos en los próximos meses y años.

”A medida que Estados Unidos ha crecido y prosperado en los últimos años, nuestra demanda energética ha empezado a superar los suministros disponibles. En los últimos meses, hemos tomado numerosas medidas para aumentar el suministro y reducir el consumo. Pero incluso con nuestros mejores esfuerzos, sabíamos que un período de escasez temporal era inevitable.

”Lamentablemente, nuestras expectativas para este invierno se han visto drásticamente alteradas por el reciente conflicto en Oriente Medio. Debido a dicha guerra, la mayoría de los productores de petróleo de Oriente Medio han reducido la producción general y suspendido sus envíos de petróleo a Estados Unidos. Para finales de este mes, más de dos millones de barriles diarios de petróleo que esperábamos importar a Estados Unidos ya no estarán disponibles.

”Por lo tanto, debemos afrontar una realidad muy cruda: nos encaminamos hacia la escasez de energía más aguda desde la Segunda Guerra Mundial. Nuestro suministro de petróleo este invierno será al menos un 10 % inferior a nuestra demanda prevista, y podría llegar a ser hasta un 17 % inferior. Incluso antes de que estallara la guerra en Oriente Medio, esta posible escasez fue objeto de intensos debates entre miembros de mi administración, líderes del Congreso, gobernadores, alcaldes y otros grupos. De estas conversaciones surgió un amplio consenso: como nación, debemos emprender un nuevo rumbo.

Nos encaminamos hacia la escasez de energía más aguda desde la Segunda Guerra Mundial

”A corto plazo, este camino implica que debemos consumir menos energía: menos calefacción, menos electricidad, menos gasolina. A largo plazo, implica que debemos desarrollar nuevas fuentes de energía que nos permitan satisfacer nuestras necesidades sin depender de ningún país extranjero. La escasez inmediata afectará la vida de todos. En nuestras fábricas, coches, hogares y oficinas, tendremos que usar menos combustible del que estamos acostumbrados. Algunos horarios escolares y de fábrica podrían verse reajustados, y algunos vuelos de aviones a reacción se cancelarán.

”Esto no significa que nos vayamos a quedar sin gasolina, que los viajes aéreos se detengan o que pasemos frío en nuestras casas u oficinas en cualquier lugar de Estados Unidos. La crisis del combustible no tiene por qué suponer un sufrimiento real para ningún estadounidense. Pero sí requerirá cierto sacrificio de todos. Debemos asegurarnos de que nuestras necesidades más vitales se satisfagan primero, y que nuestras actividades menos importantes sean las primeras en recortarse. Y debemos asegurarnos de que, mientras se recorta la grasa de nuestra economía, el músculo no se dañe gravemente.

”Para ayudarnos a cumplir con esa responsabilidad, esta noche anuncio las siguientes medidas: en primer lugar, ordeno que se impida que las industrias y los servicios públicos que utilizan carbón, nuestro recurso más abundante, lo conviertan a petróleo. También se realizarán esfuerzos para convertir las centrales eléctricas del petróleo al carbón. En segundo lugar, estamos asignando cantidades reducidas de combustible para las aeronaves. Esto conllevará una reducción de más del 10% en el número de vuelos y algunas reprogramaciones de las horas de llegada y salida.

Debemos desarrollar nuevas fuentes de energía que nos permitan satisfacer nuestras necesidades sin depender de ningún país extranjero

”En tercer lugar, habrá reducciones de aproximadamente el 15% en el suministro de combustible para calefacción en hogares, oficinas y otros establecimientos. Para garantizar que haya suficiente combustible para todo el invierno en todo el país, será esencial que todos vivamos y trabajemos con temperaturas más bajas. Debemos pedir a todos que bajen el termostato de sus hogares al menos 6º Fahrenheit (14,4º Celsius) para alcanzar una temperatura media nacional diurna de 68 grados. Por cierto, mi médico me dice que con una temperatura de 66º a 68º F (19º-20º C), se está mucho más sano que con una de 75º a 78º F (24º-26º C), si es que eso les sirve de consuelo. En oficinas, fábricas y establecimientos comerciales, debemos pedirles que logren una reducción equivalente a 10º F (12 C) bajando el termostato o reduciendo las horas de trabajo.

”En cuarto lugar, ordeno reducciones adicionales en el consumo de energía del Gobierno Federal. Ya hemos tomado medidas para reducir el consumo del Gobierno en un 7%. Los recortes deben ser ahora más profundos y deben ser aplicados por todas las agencias y departamentos del Gobierno. Ordeno que la temperatura diurna en las oficinas federales se reduzca inmediatamente a un nivel de entre 18º y 20º grados C, lo que incluye también esta sala, así como todas las demás salas de la Casa Blanca. Además, ordeno que todos los vehículos propiedad del Gobierno Federal –y hay más de medio millón– no circulen a más de 80 km/h, excepto en emergencias. Esta es una medida que también he solicitado a gobernadores, alcaldes y funcionarios locales que tomen de inmediato con respecto a los vehículos bajo su autoridad.

”En quinto lugar, solicito a la Comisión de Energía Atómica que agilice el proceso de licenciamiento y construcción de centrales nucleares. Debemos procurar reducir el tiempo necesario para la puesta en funcionamiento de las centrales nucleares –centrales nucleares capaces de producir energía– de diez a seis años, acortando así ese lapso.

La crisis del combustible no tiene por qué suponer un sufrimiento real para ningún estadounidense, pero sí requerirá cierto sacrificio de todos

”En sexto lugar, solicito a los gobernadores y alcaldes que refuercen estas acciones tomando las medidas pertinentes a nivel estatal y local. Ya hemos aprendido, por ejemplo, del estado de Oregón, que se pueden ahorrar cantidades considerables de energía simplemente reduciendo la iluminación innecesaria y modificando ligeramente el año escolar. Recomiendo que otras comunidades sigan este ejemplo y busquen maneras de escalonar los horarios laborales para fomentar un mayor uso del transporte público y el uso compartido del coche.

”¿Cuántas veces ha ido por la carretera o la autopista, donde sea, y ha visto cientos y cientos de coches con una sola persona en cada uno? Todos debemos cooperar para cambiar esto. En consonancia con consideraciones de seguridad y económicas, también solicito a los gobernadores que tomen medidas para reducir los límites de velocidad en las carreteras a 80 km/h. Esta medida, por sí sola, si se adopta a nivel nacional, podría ahorrar más de 200.000 barriles de petróleo al día, tan solo reduciendo el límite de velocidad a 80 km/h. Todas estas medidas se traducirán en ahorros sustanciales de energía. Es más, la mayoría son medidas que podemos tomar ahora mismo, sin más demora.

”Sin embargo, la clave de su éxito reside no sólo aquí en Washington, sino en cada hogar, en cada comunidad de este país. Si cada uno de nosotros se suma a este esfuerzo, si se une con el espíritu y la determinación que siempre han acompañado al carácter estadounidense, entonces la mitad de la batalla ya estará ganada. Pero debemos reconocer que incluso estas medidas, por esenciales que sean, podrían no ser suficientes. Debemos estar preparados para tomar medidas adicionales, y para ello, el Congreso debe otorgarle facultades adicionales.

Solicito a la Comisión de Energía Atómica que agilice el proceso de licenciamiento y construcción de centrales nucleares

”Por lo tanto, he ordenado a mi asesor principal en política energética, el gobernador Love, y a otros funcionarios de la Administración que trabajen en estrecha colaboración con el Congreso en el desarrollo de una ley energética de emergencia.

(…)

”Esta propuesta legislativa permitiría al poder ejecutivo afrontar la emergencia energética de varias maneras importantes: en primer lugar, autorizaría el retorno inmediato al horario de verano durante todo el año. En segundo lugar, proporcionaría la autoridad necesaria para relajar las regulaciones ambientales de manera temporal, caso por caso, permitiendo así un equilibrio apropiado entre nuestros intereses ambientales, que todos compartimos, y nuestras necesidades energéticas, que, por supuesto, son indispensables.

”En tercer lugar, otorgaría autoridad para imponer medidas especiales de conservación de energía, como restricciones en los horarios de trabajo de los centros comerciales y otros establecimientos comerciales. Y en cuarto lugar, aprobaría y financiaría el aumento de la exploración, el desarrollo y la producción de nuestras reservas navales de petróleo. Estas reservas son ricas en petróleo. Tan solo de una de ellas –Elk Hills, California– podríamos producir más de 160.000 barriles de petróleo al día en dos meses.

Nuestros problemas energéticos no provienen de la guerra, sino de la paz y la abundancia: lo que antes era un lujo ahora es una necesidad

”En quinto lugar, proporcionaría al Gobierno Federal la autoridad para reducir los límites de velocidad en las carreteras de todo el país. Y por último, ampliaría el poder de las agencias reguladoras del Gobierno para ajustar los horarios de aviones, barcos y otros transportistas. Si a pesar de todas estas medidas y de los inevitables aumentos del precio de los productos energéticos persiste la escasez, puede que resulte necesario adoptar medidas aún más enérgicas.

”Es prudente que estemos dispuestos a reducir el consumo de productos derivados del petróleo, como la gasolina, mediante el racionamiento o un sistema justo de impuestos y, en consecuencia, he ordenado que se preparen planes de contingencia para ese propósito si esto llega a ser necesario.

”Ahora bien, algunos de ustedes se preguntarán si estamos retrocediendo a otra época. El racionamiento de gasolina, la escasez de petróleo, la reducción de los límites de velocidad… todo esto suena a un estilo de vida que dejamos atrás con Glenn Miller y la guerra de los 40. Bueno, de hecho, parte de nuestro problema actual también se deriva de la guerra: la guerra en Oriente Medio. Pero nuestros problemas energéticos más profundos no provienen de la guerra, sino de la paz y la abundancia. Nos estamos quedando sin energía hoy en día porque nuestra economía ha crecido enormemente y porque, en la prosperidad, lo que antes se consideraba un lujo ahora se considera una necesidad.

Aunque solo el 6% de la población mundial vive en Estados Unidos, consumimos más del 30% de toda la energía del planeta

”¿Cuántos de ustedes recuerdan cuando era muy inusual tener aire acondicionado en casa? Y, sin embargo, esto es muy común en casi todo el país. Como resultado, el estadounidense promedio consumirá tanta energía en los próximos siete días como la mayoría de las personas en el mundo en un año entero. Aunque solo el 6% de la población mundial vive en Estados Unidos, consumimos más del 30% de toda la energía del planeta. Ahora, nuestras crecientes demandas han chocado con los límites de la oferta disponible, y hasta que proporcionemos nuevas fuentes de energía para el mañana, debemos estar preparados para apretarnos el cinturón hoy.

”Permítanme ahora referirme a nuestros planes a largo plazo.

”Si bien resolver la crisis inmediata es nuestra máxima prioridad, también debemos actuar ahora para evitar que se repita en el futuro. Este es un asunto de preocupación bipartidista. Requerirá una respuesta bipartidista.

”Hace dos años, en el primer mensaje sobre energía que un presidente ha enviado al Congreso, llamé la atención sobre nuestro urgente problema energético. El pasado abril de este año, reafirmé ante el Congreso la magnitud de dicho problema y solicité la acción en siete importantes iniciativas legislativas. De nuevo, en junio, solicité la acción. Lo he hecho con frecuencia desde entonces.

Hasta que proporcionemos nuevas fuentes de energía para el mañana, debemos estar preparados para apretarnos el cinturón hoy

”Pero hasta la fecha, no se ha promulgado ni un solo proyecto de ley energético importante que he solicitado. Soy consciente de que el Congreso se ha distraído en este período con otros asuntos. Pero ha llegado el momento de que el Congreso se ponga manos a la obra con esta tarea urgente: elaborar la legislación que aborde no sólo la crisis actual, sino también el desafío a largo plazo que enfrentamos.

”Nuestra incapacidad para actuar ahora respecto de nuestros problemas energéticos a largo plazo podría poner en grave peligro la capacidad de nuestras granjas y de nuestras fábricas para emplear a estadounidenses a tasas récord (casi 86 millones de personas trabajan actualmente en este país) y para proporcionar el nivel de vida más alto que nosotros o cualquier otra nación haya conocido jamás en la historia.

”Podría reducir la capacidad de nuestros agricultores para proporcionar los alimentos que necesitamos. Podría poner en peligro todo nuestro sistema de transporte. Podría debilitar gravemente la capacidad de Estados Unidos para seguir brindando el liderazgo que sólo nosotros podemos brindar para mantener la paz que hemos logrado a un alto costo para miles de nuestros mejores jóvenes estadounidenses.

Es hora de actuar ahora sobre una legislación energética vital que afectará nuestra vida diaria, no sólo este año, sino en los años venideros

”Por eso es hora de actuar ahora sobre una legislación energética vital que afectará nuestra vida diaria, no sólo este año, sino en los años venideros. Necesitamos ahora la legislación que autorice la construcción del oleoducto de Alaska: una legislación que no esté cargada de disposiciones irrelevantes e innecesarias.

”Debemos tener autoridad legislativa para incentivar la producción de nuestras enormes cantidades de gas natural, una de las fuentes de energía más limpias y mejores. Debemos tener la capacidad legal para establecer estándares razonables para la minería a cielo abierto del carbón. Y debemos tener las estructuras organizativas para cumplir y administrar nuestros programas energéticos.

”Y por eso, esta noche, como lo hice esta mañana al reunirme con los líderes del Congreso, insto nuevamente al Congreso a que preste atención a las iniciativas que recomendé hace seis meses para satisfacer estas necesidades que he descrito.

Contamos con todos los recursos necesarios para afrontar el gran desafío, ahora debemos demostrar la voluntad de afrontarlo

”Por último, he insistido reiteradamente en la necesidad de intensificar nuestros esfuerzos de investigación y desarrollo energético. En junio pasado, anuncié un programa de cinco años y 10.000 millones de dólares para desarrollar mejores maneras de utilizar la energía y explorar y desarrollar nuevas fuentes de energía. El mes pasado, anuncié planes para una aceleración inmediata de dicho programa.

”Nos reconforta saber que en Estados Unidos poseemos la mitad de las reservas mundiales de carbón conocidas. Contamos con enormes fuentes de gas natural sin explotar. Contamos con la tecnología nuclear más avanzada conocida por la humanidad. Tenemos petróleo en nuestras plataformas continentales. Tenemos esquisto bituminoso en el oeste de Estados Unidos, y contamos con algunas de las mentes técnicas y científicas más brillantes del mundo. En resumen, contamos con todos los recursos necesarios para afrontar el gran desafío que tenemos ante nosotros. Ahora debemos demostrar la voluntad de afrontarlo.

”Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se enfrentó a la necesidad de desarrollar rápidamente una capacidad atómica. Las circunstancias eran graves. Para responder a ese desafío, esta nación aunó sus mejores habilidades científicas y administrativas en lo que se conoció como el Proyecto Manhattan. Con todos los recursos necesarios a su disposición y dando la máxima prioridad a sus esfuerzos, el Proyecto Manhattan nos proporcionó la capacidad atómica que ayudó a poner fin a la guerra en el Pacífico y a traer la paz al mundo.

Las lecciones del Proyecto Apolo y del anterior Proyecto Manhattan muestran que podemos hacer cosas extraordinarias

”Veinte años después, respondiendo a un desafío diferente, centramos nuestro ingenio científico y tecnológico en las fronteras del espacio. Nos comprometimos a poner un hombre en la luna antes de 1970, y el 20 de julio de 1969, Neil Armstrong dio ese histórico ‘gran paso para la humanidad’ al pisarla.

”Las lecciones del Proyecto Apolo y del anterior Proyecto Manhattan son las mismas que enseña toda la historia de Estados Unidos: siempre que el pueblo estadounidense se enfrenta a un objetivo claro y se ve desafiado a alcanzarlo, podemos hacer cosas extraordinarias.

”Hoy, el reto es recuperar la fuerza que teníamos a principios de este siglo: la fuerza de la autosuficiencia. Nuestra capacidad para satisfacer nuestras propias necesidades energéticas se ve directamente limitada por nuestra capacidad continua de actuar con decisión e independencia, tanto en el país como en el extranjero, al servicio de la paz, no sólo para Estados Unidos, sino para todas las naciones del mundo.

Hoy, el reto es recuperar la fuerza que teníamos a principios de este siglo: la fuerza de la autosuficiencia

”He ordenado que se financie este esfuerzo para lograr la autosuficiencia con una cantidad muy superior a la que se invirtió en el Proyecto Manhattan. Pero el dinero es solo uno de los ingredientes esenciales para el éxito de un proyecto de este tipo. También debemos tener un compromiso unificado con ese objetivo. Debemos tener una dirección unificada para lograrlo.

”Debido a la urgente necesidad de una organización que proporcione un liderazgo centrado en este esfuerzo, solicito al Congreso que considere mi propuesta de una Administración de Investigación y Desarrollo Energético, separada de cualquier otra iniciativa organizativa, y que promulgue esta legislación en la presente sesión del Congreso.

”Unámonos para destinar los recursos de esta nación a un nuevo e importante esfuerzo, un esfuerzo que en esta Era del Bicentenario podemos llamar apropiadamente Proyecto Independencia. Fijémonos como meta nacional, en el espíritu de Apolo, con la determinación del Proyecto Manhattan, que para finales de esta década hayamos desarrollado el potencial de satisfacer nuestras propias necesidades energéticas sin depender de ninguna fuente energética extranjera. Prometamos que para 1980, bajo el Proyecto Independencia, podremos satisfacer las necesidades energéticas de Estados Unidos con sus propios recursos energéticos.

Prometamos que para 1980, bajo el Proyecto Independencia, podremos satisfacer nuestras necesidades energéticas

”Al dirigirme a ustedes esta noche de forma tan directa, mi objetivo ha sido exponerles la realidad completa de la escasez de energía en el país. Es importante que cada uno de nosotros comprenda cuál es la situación y cómo los esfuerzos que podemos realizar juntos para ayudar a superarla son esenciales para nuestro esfuerzo total. Ningún pueblo en el mundo se desempeña con mayor nobleza que el pueblo estadounidense cuando se le llama a unirse al servicio de su país. Tengo plena confianza en que, si bien los próximos días y semanas pueden ser difíciles para muchos de nosotros, también serán un momento de renovado compromiso y concentración con el interés nacional.

”Tenemos una crisis energética, pero no una crisis del espíritu estadounidense. Sigamos adelante, pues, haciendo lo que hay que hacer, orgullosos de lo que hemos logrado juntos en el pasado y confiados en lo que podemos lograr juntos en el futuro. Encontremos en este momento de necesidad nacional una renovada conciencia de nuestras capacidades como pueblo, un sentido más profundo de nuestras responsabilidades como nación y una mayor comprensión de que la medida y el significado de Estados Unidos siempre han estado determinados por la devoción que cada uno de nosotros aporta a nuestro deber como ciudadanos de Estados Unidos.

”Me gustaría terminar con una nota personal.

”Hace apenas un año que fui reelegido presidente de Estados Unidos de América. Durante este último año, hemos logrado grandes avances en el logro de los objetivos que me propuse en mi campaña de reelección.

A raíz del deplorable caso Watergate, algunas publicaciones me han pedido que renuncie: no tengo intención alguna de hacerlo

”Hemos puesto fin a la guerra más larga en la historia de Estados Unidos. Todos nuestros prisioneros de guerra han regresado a casa. Y por primera vez en 25 años, ningún joven estadounidense está siendo reclutado en las fuerzas armadas. Hemos avanzado hacia nuestro objetivo de una prosperidad real, una prosperidad sin guerra. La tasa de desempleo ha bajado al 4,5%, la más baja en tiempos de paz en 16 años, y finalmente estamos comenzando a avanzar en nuestra lucha contra el aumento del costo de la vida.

”Son logros sustanciales los alcanzados en este año 1973, pero sería poco sincero si no admitiera que éste no ha sido un año fácil en otros aspectos, como todos ustedes saben perfectamente. A raíz del deplorable caso Watergate, un gran número de estadounidenses han expresado dudas sobre la integridad del presidente de Estados Unidos. Incluso he notado que algunas publicaciones me han pedido que renuncie al cargo de presidente de Estados Unidos.

”Esta noche quisiera dar mi respuesta a aquellos que han sugerido que renuncie. No tengo intención alguna de renunciar al cargo para el que fui elegido. Mientras pueda físicamente, seguiré trabajando de 16 a 18 horas diarias por la causa de una paz verdadera en el extranjero y por la causa de la prosperidad sin inflación ni guerra en el país. Y en los próximos meses, haré todo lo posible para disipar cualquier duda sobre la integridad del hombre que ocupa el cargo más alto de este país.

”Y tengo confianza en que en los próximos meses el pueblo estadounidense se dará cuenta de que no he violado la confianza que depositaron en mí cuando me eligieron como Presidente de los Estados Unidos en el pasado, y les prometo esta noche que siempre haré todo lo que pueda para ser digno de esa confianza en el futuro.

”Gracias y buenas noches.”

Ramón Álvarez Sánchez

Redactor de la sección de Continuidad y colaborador del canal Historia y Vida. Ha trabajado en La Revista del Sábado, Deportes, Magazine y Última Hora y ha coordinado el suplemento económico Dinero. Autor de varias obras divulgativas

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