Cuatro años después de la invasión rusa de Ucrania, una nueva crisis energética amenaza el futuro de la Unión Europea. Aunque no estamos como en 2022, la guerra de Irán ha tenido un impacto inmediato en las cotizaciones del petróleo y el gas natural, lo que puede provocar una ralentización del crecimiento económico.
Pese a que nuestra dependencia del Golfo Pérsico es limitada, Europa es una de las regiones más expuestas a los efectos de esta crisis. La razón es que los precios del petróleo, el gas, el diésel o la gasolina se fijan en mercados globales y cualquier conflicto en un área estratégica puede elevar su cotización.
El aumento del precio de los hidrocarburos afecta a cualquier ámbito económico
La primera consecuencia en Europa ha sido un repunte del precio de los combustibles y la electricidad. Además, los ataques a barcos en el Estrecho de Ormuz han provocado la suspensión o el desvío de numerosas rutas marítimas y el alza del precio de los fletes, lo que incrementa los costes del comercio y produce cuellos de botella en las cadenas de suministro.
Todo esto se está dejando notar en la agricultura española, que en pocos días ha asistido a una fuerte subida del precio de los fertilizantes. Solo en momentos como estos reparamos en que del petróleo dependen no solo combustibles y lubricantes, sino también aplicaciones médicas, asfaltos, tejidos, tuberías, envases, pinturas, espumas, y un sinfín de productos. Ocurre como en la sequía que vivimos en Catalunya entre el 2022 y el 2025, que ahora llueve y nos olvidamos de que hay que prepararse para cuando no lo haga.
Basta con revisar los datos de consumo de energía final en 2024 para ser conscientes de la relevancia que el petróleo tiene en la economía española: más de la mitad de la energía que utilizamos (54%) fueron productos petrolíferos, muy por delante de la electricidad (22%) y del gas natural (15%).
Mentalicémonos de que el aumento del precio de los hidrocarburos afecta a cualquier ámbito económico. Es el caso del sector inmobiliario, que podríamos pensar que vive ajeno a estas sacudidas y, por el contrario, ha visto cómo el Euríbor registraba su mayor subida diaria en 18 años. ¿Consecuencias? Encarecimiento de las hipotecas e impacto en el poder adquisitivo de los consumidores.
La UE, y también España, deben diseñar una estrategia energética que permita garantizar el suministro de petróleo y gas, que seguirán siendo imprescindibles en el futuro. Esto supone diversificar más su suministro, dejar de penalizar a los sectores que utilizan estas materias primas en sus procesos o los transforman en productos derivados, e impulsar el desarrollo de alternativas como los combustibles renovables, el biogás y la generación eléctrica renovable y nuclear.
Las renovables no pueden sustituir completamente al petróleo y el gas. La lista de usos antes expuesta demuestra que es una entelequia. Diversifiquemos nuestros suministros, a la vez que mejoramos nuestra autonomía energética. Solo así dejaremos de ser tan vulnerables.
