La mitad de los jóvenes de 26 a 34 años que vive con sus padres no puede pagar una vivienda

El acceso a la vivienda se ha convertido hoy día en uno de los mayores factores de desigualdad, con impacto directo en la emancipación de las generaciones más jóvenes. Casi la mitad de las personas de entre 26 y 34 años que vive con sus padres, un 47,3%, lo hace porque no se puede permitir ni comprar ni alquilar un piso. Es la razón principal que argumentan para explicar su situación, tal y como indican los datos de acceso a la vivienda de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, conocidos este lunes. Otro 23,6% afirma que ni se ha planteado independizarse y apenas un 1,9% reconoce que puede permitirse un alquiler o una compra, pero que prefiere vivir así.

Las cifras reflejan una vez más las dificultades crecientes de los jóvenes para entrar en un mercado residencial que cuenta con una oferta escasa, alta demanda y precios disparados, mientras los salarios no suben al mismo ritmo. En la franja de edad citada, las limitaciones económicas aparecen como el principal escollo para iniciar un proyecto de vida independiente. Así, el 34,6% señala que sus ingresos no le permiten alquilar una vivienda, mientras que el 12,7% no cuenta con dinero suficiente como para adquirir un piso en propiedad. La necesidad de ahorro para comprar un inmueble aparece asimismo como otro de los motivos para permanecer con sus padres. Por tanto, seguir en el hogar familiar a edades ya más maduras no responde a una búsqueda de comodidad, sino a la necesidad. 

Si se amplía la mira, en total el 67,1% del grupo entre 18 a 34 años convivía con alguno de sus progenitores en el 2025. Suponen 6,26 millones de personas y uno de cada tres no puede permitirse ni alquilar ni comprar.

Otro síntoma de las dificultades del mercado se observa en las personas que buscan vivienda pero no cambian de residencia, es decir, la demanda insatisfecha. Hasta un 7,6% de los mayores de 16 años buscó piso de manera activa en los últimos doce meses sin acabar de mudarse, principalmente debido a un “precio excesivo”, algo que se vio en casi siete de cada diez casos de demanda insatisfecha. La estadística del INE muestra además que el factor del coste penaliza especialmente en los mercados más tensionados, como Baleares, Madrid, Catalunya o Canarias. 

Ahora bien. La situación varía en función de los ingresos de los jóvenes. Entre las personas con rentas superiores a los 24.000 euros anuales, solo el 29,4% vive en casa de sus padres, frente al 42,2% de aquellos que ganan entre 18.000 y 24.000 euros o el 44,8% de los que ingresan entre 12.000 y 18.000 euros al año. 

El catedrático de Economía de la UAB Josep Oliver señala al respecto que el gran obstáculo que afrontan los jóvenes en el acceso a la vivienda está en la falta de oferta en relación a una demanda en ascenso por el “shock migratorio”, lo que provoca un incremento de precios por encima de la evolución de los salarios. En el 2025, el coste de los pisos en España repuntó un 7,52%, el ritmo más alto en 12 años, hasta superar los 1.900 euros el metro cuadrado de media. En ubicaciones como Madrid o Barcelona el metro cuadrado ronda los 4.000 euros.

Mientras tanto, el salario medio bruto  de las personas entre 25 y 34 años se situó en el 2024 en 2.131,6 euros mensuales, un 6% más que un año antes. En la franja de 16 a 24 años el salario medio bruto incluso ha descendido, pasando de los 1.387,4 euros al mes del 2023 a los 1.372,8 del 2024. Aún así, Oliver apunta a la escasez de vivienda como el primer factor desestabilizante. “Sobre todo en el mercado del alquiler, con una gran brecha entre precios y renta disponible”, prosigue. 

Otras investigaciones apuntan también a la dependencia de la red familiar para lograr la emancipación. La segunda edición del Barómetro de la vivienda en España, elaborado por GAD3 y el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE) alerta que ni con uno ni con dos sueldos basta para iniciar un proyecto de vida propio sin el colchón de los padres. Sus datos indican que el 36% de los menores de 30 años ha necesitado ayuda económica de sus progenitores u otros familiares para acceder a una vivienda. Se trata de un porcentaje mucho mayor al del conjunto de la población. Si se consideran todos los tramos de edad, solo el 21% tuvo que recurrir a sus progenitores para poder tener una casa propia.

“Los jóvenes tienen un grave problema de condiciones laborales, tanto de salario como de temporalidad”, destaca José García Montalvo, catedrático de Economía de la UPF. De ahí –continúa– que la edad media de emancipación aumente y supere la registrada durante la burbuja inmobiliaria, cuando los precios también se habían disparado.

Aquí, herencias y donaciones en vida, la transferencia de capital de padres a hijos, están ejerciendo de paracaídas de toda una generación.

María Teresa Gutiérrez Reyes

Periodista. Ha desarrollado gran parte de su carrera en La Vanguardia, donde ha cubierto las áreas de Educación y Universidades, Política y, ahora, Economía. Licenciada en Ciencias de la Información y Postgrado en Estudios Culturales

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