Gérard Lhéritier: el estafador de los manuscritos

Charles Ponzi, inmigrante italiano en Estados Unidos, pasó a la historia por dar nombre a una estafa piramidal de gran envergadura que saltó a la luz en 1920. No fue, sin embargo, un escarmiento duradero. Siguió habiendo ahorradores ávidos de altos rendimientos y el método Ponzi se ha ido repitiendo desde hace más de un siglo en todo el mundo bajo formas diversas y productos de inversión muy variados. Uno de los casos más espectaculares lo protagonizó la firma francesa Aristophil, que durante años atrajo a incautos a poner su dinero en fondos basados en el supuesto valor de manuscritos de personajes célebres. La estafa se acercó a los mil millones de euros.

Gerard Lheritier
Gerard LheritierGusi Bejer / Colaboradores

Después de mucho tiempo negando la evidencia, el fundador de Aristophil, Gérard Lhéritier, de 77 años, ha reconocido su culpabilidad. Lo ha hecho para evitar ingresar en la cárcel y cumplir la pena de cinco años de reclusión por estafa y prácticas comerciales engañosas que se le impuso en diciembre pasado. Hace unas semanas, Lheritier llegó a un acuerdo con los fiscales para renunciar al proceso de apelación y resarcir con su patrimonio al menos una parte de la reclamación de los estafados constituidos en parte civil. La condena se reduce a dos años efectivos de privación de libertad, aunque los podrá pasar en su domicilio, con brazalete electrónico.

Miles de inversores atraídos por un interés del 40% en cinco años perdieron casi todos sus ahorros

Mientras el negocio funcionó, Lhéritier estaba considerado un genio de las finanzas y un defensor del patrimonio cultural francés. Llegó a publicar libros y catálogos en la prestigiosa editorial Gallimard. Creó un museo en París. A sus actos y recepciones, organizados en hoteles de lujo para impresionar al máximo, contó con la presencia de expresidentes de la República como Valéry Giscard d’Estaing, Nicolas Sarzozy y François Hollande. Algunos de ellos cobraban o recibían regalos. Lo mismo ocurría con la cobertura mediática, a cambio de compensación económica. No había que escatimar recursos para otorgar verosimilitud a un espejismo.

Carlo Ponzi, cerca del año 1920
Carlo Ponzi, cerca del año 1920wikimedia

Aristophil adquirió, a menudo a un precio desmesurado, manuscritos o cartas originales de autores como el marqués de Sade, Simone de Beauvoir, Marcel Proust, Mozart, Charlotte Bronté, Newton, Albert Einstein, Napoleón o Luis XVI . El teórico beneficio debía proceder de la compraventa. Lhéritier creaba fondos diversos y los dividía en miles participaciones, inflando hasta extremos muy imprudentes el valor de los activos. El anzuelo para los inversores era un rendimiento del 40% en cinco años. La compañía abrió oficinas en Suiza, Austria y Hong Kong. En su momento álgido, Aristophil contaba con 800 agentes dedicados a la captura de clientes.

Después de varios años, el montaje empezó a caer porque la pirámide dejaba de ensancharse suficientemente por su base para devolver el capital y pagar los intereses, el típico problema del método Ponzi. Pero Lhéritier fue salvado milagrosamente del desastre por un hecho digno de una comedia: le tocó la lotería. En el 2012 cobró 170 millones de euros al ganar el premio gordo de EuroMillions. De esa cantidad dedicó 40 millones a mantener a flote Aristophil, una decisión que sus abogados defensores esgrimieron durante el juicio como la prueba fehaciente de que Lhéritier es un hombre honrado, pues ningún verdadero estafador se jugaría así su propia fortuna. Con todo, aquel rescate in extremis solo permitió alargar unos años la ficción, hasta la quiebra de la empresa en el 2016 y el consiguiente escándalo.

Lheritier, como Ponzi, es de origen humilde. El inventor de las estafas piramidales llegó a Nueva York con solo 2,50 dólares en el bolsillo porque el resto se lo había gastado jugando con otros pasajeros en el viaje en barco. Tras pasar por la cárcel y ser expulsado de Estados Unidos, murió arruinado en Brasil. Lheritier, hijo y nieto de fontaneros, fue agente de seguros e intentó sus primeros grandes negocios con la compraventa de diamantes y luego con la filatelia, pero ambos acabaron muy mal. Con Aristophil le parecía que había tocado finalmente el cielo. La caída ha sido dura, pero al menos podrá seguir viviendo una jubilación tranquila en su casa de Niza sin pisar la cárcel.

Eusebio Val Mitjavila

Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)

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