El puente entre crecimiento y bienestar “se ha roto” por la vivienda y los precios, señala el CES

En tiempos difíciles como los actuales, el Consejo Económico y Social (CES) manda un mensaje optimista sobre la situación de la economía española, a la que diagnostica una mejora estructural, pero alertando de que esta mejoría no llega de forma suficiente al bienestar de los ciudadanos. En el camino hay un puente quebrado. “Aquel puente que existía en la segunda mitad del siglo pasado entre crecimiento y bienestar se ha roto en muchos pilares”, ha afirmado su presidente, Antón Costas,  en la presentación de la Memoria sobre la Situación Socioeconómica y Laboral de España 2025.

Hay dos pilares del puente que se han roto, según este análisis. Uno es la vivienda que, en el informe del año pasado, el mismo CES ya calificó de “agujero negro” porque se come la mejora de los salarios reales. El problema persiste. El segundo pilar caído es el coste de la vida. Aquí, el efecto acumulado de varios años de inflación y en especial su impacto en la cesta de compra de bienes básicos afecta a todos, pero muy especialmente a los hogares más vulnerables. La inflación está bajo control ahora mismo, a expensas de la guerra de Irán, pero los precios arrastran la herencia de la espiral inflacionista.

Además, Costas apunta que, en su opinión, “probablemente, en muchos bienes y servicios, tenemos un problema de competencia”. Pero esto, subrayó que era un comentario personal y no quiso precisar más, porque el CES, órgano de consenso por antonomasia, no había entrado a examinarlo.

El efecto acumulado de varios años de inflación y su impacto en la cesta de la compra castiga a los más vulnerables

Esta es la parte negativa del análisis del Comité Económico y Social: el impacto reducido en la situación de los ciudadanos de la mejora de las grandes cifras. En cambio, la positiva es la valoración que hace de la evolución de la economía española, que considera que, después de cinco años de crecimiento, ha llegado a una situación de mejora estructural, no ya simplemente coyuntural.

De entrada, ha pasado “el test de estrés de 2025 con nota de sobresaliente”. En un momento de incertidumbre global, ha mantenido la inercia de crecimiento anterior, con un 2,8% de aumento del PIB, otra vez muy por encima del de los países vecinos.

Pero, más significativa es para Costas, la mejora en un periodo más largo, de cinco años, de 2021 a 2025, una mejora estructural, lo que denomina “un cambio de piel, una mutación de piel ” con una economía más resiliente y más inclusiva.

Un mutación de la economía basada en dos factores. Uno es el cambio en la estructura de las empresas, con una reducción en el porcentaje total de las microempresas y de los autónomos y en cambio, un incremento del de las empresas de tamaño medio. Y el segundo factor es el aumento de la productividad. En concreto, que en los últimos cinco años, por primera vez en un ciclo de expansión económica, crece también la productividad.

“Cuando en cinco años se mantiene una tendencia, no se puede considerar coyuntural”, ha destacado Costas, añadiendo que hay un consenso generalizado entre economistas sobre el incremento de la productividad, aunque con diferencias en el momento en que se inició el cambio o las causas de fondo que la rigen.

Jaume Masdeu Burch

Redactor jefe de la sección de Economía de La Vanguardia

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