El increíble ascenso de Micron: ya vale un billón de dólares tras apreciarse un 900% en un año

La compañía estadounidense Micron Technology ya ha superado esta semana en bolsa el billón de dólares en capitalización bursátil. Pero lo que sorprende no es sólo su valor (que también), sino la velocidad con la que ha conseguido romper estas barreras. 

La firma fabrica unos chips de memoria que eliminan los cuellos de botella informáticos

Hace unos meses era una empresa relativamente poco conocida por el gran público. En un año sus acciones se han revalorizado casi un 900%. Una subida de tal magnitud está empezando a encender las alarmas. 

El fuerte empujón bursátil ha sido propulsado en los últimos días por un informe del banco suizo UBS, que asegura que la compañía tiene muchísimo más potencial. La firma de inversión helvética estima que Micron generará más de 400.000 millones de dólares en flujo de caja libre en los próximos años y afirma que el precio objetivo de la empresa puede triplicar los niveles actuales. 

Trump ha elogiado la compañía después de comprar sus acciones

El comportamiento de Micron en bolsa no tiene precedentes. Los títulos han registrado un ascenso meteórico: un 186% desde el pasado 30 de marzo. Ha tardado tan sólo 48 días en duplicar su capitalización bursátil. Ninguna empresa ha tenido nunca un comportamiento similar, según Bloomberg. Su ritmo de crecimiento cuadruplica el del índice tecnológico Nasdaq. 

Para entender el fenómeno hay que empezar a contestar a una pregunta previa: ¿a qué se dedica Micron? La empresa fabrica los llamados chips de memoria de alto ancho de banda (las siglas en inglés son HBM). Ante la creciente demanda de centros de datos para la IA, se ha creado una fuerte demanda para este tipo de componentes, en los que Micron es  líder. 

Micron actúa casi como un monopolio y solo puede atender al 60% de sus clientes

Micron ofrece al mercado un tipo de memoria de nueva generación ultrarrápida diseñada específicamente para romper ciertos atascos informáticos. Es decir, el cuello de botella que se genera cuando los procesadores modernos (como los de Nvidia o AMD) procesan datos mucho más rápido de lo que la memoria tradicional puede procesar (se llama el “muro de la memoria”).

Para entenderlo de forma sencilla: si la memoria tradicional es una carretera de dos carriles donde los coches (los datos) circulan a mucha velocidad, la HBM de Micron es una superautopista de 16 carriles. Aunque los coches vayan un poco más despacio, la cantidad de tráfico que puede mover al mismo tiempo es inmensamente mayor. Y además, con un gran ahorro de energía. 

El consejero delegado, Sanjay Mehrotra, asegura que, de momento, solo pueden proveer el 60% de la demanda de sus clientes, con lo que hay una carencia en el mercado de unos componentes que ahora, con el boom de la IA, son esenciales. Esta situación les permite fijar los precios y, en perspectiva, tener la posibilidad de ser rentable durante años.

“Este desequilibrio entre la demanda explosiva de los centros de datos y la capacidad física de producción ha dado a Micron un poder de fijación de precios casi monopolístico”,  explicaban los analistas de XTB. 

Otro detalle que entusiasma a los inversores es que de momento la empresa es barata. Pese a liderar la infraestructura de IA, esta compañía ahora apenas cotiza 12 veces beneficios (PER). Para que se tenga una idea, el PER de otras empresas de semiconductores es mucho más elevado. El de Nvidia roza 40 y el de AMD, 32.

La historia de Micron es llamativa si se piensa que en los ejercicios 2023-2024 estaba en pérdidas netas. Hasta que dio con el producto que el mercado pedía, un chip de nueva generación. “El negocio pasó a crear valor de forma permanente, algo típico de fases de demanda explosiva y oferta limitada en semiconductores. Micron está financiando su expansión con caja interna, no con deuda ni ampliaciones de capital. Esto eleva drásticamente la calidad del negocio y reduce el riesgo estructural”, observan en XTB.

¿Hasta cuándo durará el ciclo de Micron? Nadie lo sabe pero de momento la facturación de la empresa crece a un ritmo de tres dígitos y ya tiene una cartera de pedidos vendida de antemano. Estos dos factores serían suficientes para justificar las valoraciones,  además del contexto político. 

El presidente de EE.UU, Donald Trump 
El presidente de EE.UU, Donald Trump Brendan SMIALOWSKI/AFP

El pasado 22 de mayo Trump elogió a la tecnológica en un acto diciendo textualmente: “La gran compañía Micron, vaya, Micron es genial…” (”Big company Micron, boy, Micron is great…”). En ese mismo discurso destacó las colosales inversiones que la empresa está realizando en suelo estadounidense. 

Dos meses antes, el  26 de marzo, en una entrevista en Fox News,  durante una entrevista telefónica en el programa The Five de la cadena,  afirmó que se había reunido recientemente con  Sanjay Mehrotra y aseguró en directo que Micron era “una de las empresas más calientes del momento”.

El entusiasmo del mandatario con Micron también se explica por el hecho de que él mismo tiene acciones de la compañía, tal como emergió en el informe público que se dio a conocer hace unos días. En concreto, Trump adquirió entre 50.000 y 100.000 dólares en acciones el 25 de marzo, apenas unas horas antes de su llamada a la Fox.

Por cierto, Micron está en buena compañía. Otra firma coreana de chips de memoria, la coreana SK Hynix, ha subido un 1.000% en doce meses y se ha sumido al club de las empresas que valen más de un billón de dólares. Y, en principio, sin la ayuda de Trump. Los chips han entrado en su edad del oro. 

Piergiorgio Sandri

En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.

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