La oposición israelí negocia con los árabes mientras Netanyahu mira a Irán

El posible matrimonio de conveniencia entre la oposición israelí y los partidos árabes ya tiene un contrato prenupcial. Gadi Eisenkot, líder de Yashar y aspirante a sustituir a Beniamin Netanyahu, ha fijado las cláusulas que deberá firmar cualquier diputado que quiera entrar en su gobierno. Reconocer a Israel como un Estado “judío, democrático, liberal e igualitario”, comprometerse con la Declaración de Independencia, aceptar el servicio obligatorio para todos los ciudadanos, militar o civil, y considerar a Hamas una organización terrorista cuyo poder en Gaza hay que destruir.

“La puerta del gobierno que formaremos estará abierta a todo representante público que acepte estos principios”, escribió el exjefe del Ejército en la red social X. El mensaje va dirigido a las formaciones árabes, aunque no las nombre, y también a los posibles desertores del bloque de Netanyahu.

Sin ellas, la aritmética no da para gobernar, porque el bloque del primer ministro se queda en 53 escaños y la oposición sionista, en 48. Los otros 19 son de Ra’am y la Lista Conjunta, el mejor resultado de su historia.

La Lista Conjunta ya ha respondido. Ofrece una “red de seguridad” desde fuera del gobierno a cambio de medidas contra el crimen organizado, los homicidios y la demolición de casas en las localidades árabes. “El próximo gobierno no será el caballero de nuestros sueños, pero será menos malo que el de Netanyahu, Smotrich y Ben Gvir”, admitió su número dos, Ahmad Tibi.

Las cuatro cláusulas de Eisenkot, en cambio, no convencen al ala nacionalista de Balad, que las rechaza como base de un acuerdo. El encargado de tender puentes es el líder de Los Demócratas, Yair Golan, que ya se ha reunido con el islamista Mansour Abbas y ha acordado ver a los dirigentes de la Lista Conjunta.

El principal obstáculo está dentro del propio bloque y se llama Avigdor Lieberman, que no se reunió con Eisenkot hasta el sábado. El líder de Yisrael Beitenu, que descartó en campaña cualquier alianza con los partidos árabes, tendrá que decidir qué le provoca más desdén, si ellos o Netanyahu. Lieberman dirigió la oficina de Netanyahu en su primer mandato, en los noventa, y su negativa a volver a su gobierno en 2019 abrió la serie de repeticiones electorales que llevó a Israel cinco veces a las urnas en cuatro años.

El tiempo apremia. La nueva knéset (parlamento israelí) se constituirá el 10 de noviembre, y la oposición quiere aprovechar los votos árabes para relevar a su presidente, Amir Ohana, del Likud. En paralelo, el presidente Isaac Herzog empezará el miércoles las consultas con los partidos.

Ese mismo día podría reabrirse otro frente. Según medios árabes, Donald Trump ha comunicado a los países del Golfo que reanudará los ataques contra Irán el miércoles, al día siguiente de las elecciones de medio mandato estadounidense. Analistas israelíes creen que Netanyahu intentará animarle, y una nueva lluvia de misiles iraníes congelaría cualquier negociación.

Eisenkot ya ha advertido que, hasta que haya un nuevo gobierno, sólo respaldará operaciones militares ante “amenazas directas e inmediatas que no puedan esperar”.

Mientras, el Likud mantiene su ofensiva contra el voto árabe. La investigación del Shin Bet por injerencia extranjera, que el partido bautizó como “Ra’amgate”, apunta según la prensa israelí a Balad y no a Ra’am, y a cantidades muy inferiores a las anunciadas. Los tres activistas de Ra’am detenidos el día de los comicios ya están en libertad. El chivatazo a la policía, según el canal israelí Canal 12, salió del jefe de gabinete de Netanyahu.

La sospecha sobre el voto árabe y la amenaza de una nueva guerra persiguen un mismo fin, que el matrimonio no llegue nunca al altar. Netanyahu no necesita ganar la batalla por el gobierno, le basta con que nadie la gane. Si la oposición no cierra su pacto antes de que vuelvan a sonar las sirenas, Israel se encaminará hacia unas nuevas elecciones, las séptimas desde 2019, con el primer ministro todavía en el cargo.

Helena Pelicano Gómez

Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo

También te puede interesar