La protesta social debilita aún más el motor francoalemán de la UE

Francia y Alemania, el motor que siempre ha impulsado el proyecto europeo, llevan años sin el consenso bilateral ni la fuerza suficientes para empujar la UE hacia adelante. A la debilidad política de sus gobiernos respectivos, acechados en ambos casos por el auge imparable de la extrema derecha, se añade ahora la protesta social, que comenzó en Francia y se ha contagiado a la otra orilla del Rin, con episodios de guerrilla urbana y saqueos de tiendas incluidos.

El renqueante tándem francoalemán compartió el sábado el mismo tipo de imágenes, que delatan malestar y un serio problema de orden público: alborotadores enfrentándose a la policía y provocando destrozos. En ambos países las manifestaciones transcurrieron de manera relativamente pacífica, pero luego los elementos más radicales tomaron el protagonismo y la noche derivó en violencia.

En Francia, habituada a los frecuentes desórdenes, hubo bastante alivio porque la jornada no terminó en el caos del pasado 17 de octubre. Con todo, los altercados en diversas ciudades se saldaron –según el balance definitivo hecho ayer por el Ministerio del Interior– con 779 detenciones, 159 policías heridos y 36 comercios víctimas del vandalismo o de intentos de pillaje. Podría haber sido peor, aunque hay razones para permanecer inquieto.

En Frankfurt, la capital financiera de Alemania y sede del Banco Central Europeo (BCE), los disturbios desencadenados por jóvenes violentos por la noche terminaron con más de un centenar de agentes heridos, 54 detenidos y 17 comercios dañados, cinco de ellos víctimas de saqueos, entre ellos una armería. Ese desenlace contrastó con el tono en general pacífico de las marchas de los estudiantes y de la generación Z, horas antes, en las principales ciudades

Francia afronta esta semana bloqueos de institutos, una huelga el jueves y nueva protesta el sábado

El ministro del Interior del estado federado de Hesse, Roman Poseck, dio unas explicaciones que pueden alimentar el discurso de la extrema derecha. Poseck afirmó que la inmensa mayoría de los alborotadores, entre 1.000 y 1.500, eran de nacionalidad alemana, aunque muchos de ascendencia extranjera. “Debemos nombrar muy claramente a qué grupo de agresores nos enfrentamos ayer por la tarde y por la noche”, señaló el ministro, quien agregó: “Este grupo estaba compuesto en su mayoría por personas de origen inmigrante, y también debemos abordar esta cuestión, sin ambigüedades”. El ministro del Interior federal, el democristiano bávaro Alexander Dobrindt, declaró al rotativo Bild que habrá severidad absoluta con los autores de los desmanes cuando sean identificados.

En Francia la semana que comienza se presenta muy tensa porque los alumnos de los institutos de enseñanza media prevén organizar nuevos bloqueos de sus centros y manifestaciones. El día más peligroso a nivel de orden público será el jueves, con la huelga convocada por los sindicatos y apoyada de manera entusiasta por los chalecos amarillos y los partidos de izquierda. Su seguimiento dará la medida de la amplitud del malestar, más allá de los colectivos que se han manifestado hasta ahora. Los sindicatos evitan hablar de “huelga general” y prefieren designarla “huelga generalizada”. Así se curan en salud si el seguimiento decepciona porque no es masivo. El sábado está convocado el Acto IV de los chalecos amarillos. Todo ello exigirá un despliegue continuo de un enorme número de fuerzas policiales, con el riesgo de quedar desbordadas.

Los medios franceses, según su orientación política, juzgan las últimas protestas como limitadas y con pérdida de vigor, o bien continúan hablando de una deriva hacia el caos. “Movilización fuerte, pero en retroceso y con desbordamientos contenidos”, tituló Le Parisien, que es propiedad del grupo LVMH (Louis Vuitton), pero defiende posiciones moderadas. Le Journal du Dimanche , uno de los órganos de prensa que alientan el avance de la derecha dura y la extrema derecha, lo veía de forma diferente: “La violencia cada semana. Hartazgo”.

El descontento francés ha estallado a menos de seis meses de las elecciones presidenciales, a las que Macron, muy impopular, ya no puede presentarse, y con el Gobierno en minoría en la Asamblea Nacional. La situación política en Berlín es diferente. Gobierna una gran coalición de democristianos y socialdemócratas que, en principio, podría seguir en el poder hasta el 2029, si bien el canciller Merz es muy impopular y la economía pasa apuros.

En París y Berlín, que impulsaban Europa, hay ahora gobiernos débiles acechados por la extrema derecha

En una UE que sufre el entorno geopolítico más peligroso de los últimos decenios, acosada por Rusia con la guerra híbrida y por el trumpismo en Estados Unidos, la fragilidad del eje francoalemán y las escenas de desórdenes en las calles no son una buena noticia.

Eusebio Val Mitjavila

Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)

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