María O’Donnell es una de las periodistas argentinas más respetadas. Actualmente, conduce en Urbana Play uno de los programas de radio matinales más escuchados y cultiva oyentes con inquietudes progresistas que buscan la objetividad cada vez más difícil de encontrar en el polarizado panorama mediático del país, tan o más crispado que la situación política de Argentina. Hace una década, O’Donnell decidió sumergirse en la historia de Montoneros y desde entonces ha publicado tres libros relacionados con la historia de la guerrilla peronista: Born (Sudamericana, 2015), Aramburu (Planeta, 2020) y ahora Montoneros, una historia visual (Planeta), que recientemente presentó en Barcelona.
¿Por qué esta obsesión con Montoneros?
Una vez que empecé a escribir sobre Montoneros, hace ya más de diez años, ya no pude salir. Fue la guerrilla más potente de América Latina en la década del 70, porque se insertó en un movimiento de masas, el peronismo, pero tuvo con Perón una relación fallida. Nunca se entendieron realmente.
Independientemente del peronismo, que obviamente sí está presente aún en la sociedad argentina, ¿Montoneros sigue siendo un tema recurrente en el país?
Montoneros sigue siendo un tema de debate porque se discute la lucha armada con relación a la dictadura que tomó el poder en 1976 con el propósito de terminar -como se decía durante la Guerra Fría- con la “subversión”. ¿El combate a la insurgencia justifica que el desde el propio Estado los militares hayan montado un aparato de represión ilegal descomunal? Si bien un juicio estableció en 1985 claramente que las Fuerzas Armadas cometieron delitos de que caen en la categoría de crímenes de lesa humanidad, desde que volvió la democracia, las respuestas en el debate público han ido variando.
Montoneros
Fue una guerrilla atípica porque eran jóvenes de clase media, peronistas y católicos”
Montoneros fue una guerrilla atípica en el contexto de los movimientos revolucionarios latinoamericanos surgidos a partir de los años sesenta del siglo pasado.
Son atípicos porque eran jóvenes de clase media que no tenían una formación de izquierdas como las guerrillas que habían entrenado en Cuba para sumarse al proyecto revolucionario del Che Guevara; eran peronistas -cuando la izquierda tradicional consideraba al peronismo un obstáculo para toma de conciencia de clase, porque amigaba a los obreros con el capitalismo-; y eran católicos, se habían formado en la doctrina social de la Iglesia.
Su obra está diseñada de manera muy gráfica. Parece más bien un libro de texto o el catálogo de una exposición. ¿Por qué eligió ese formato? ¿La idea es llegar a las generaciones más jóvenes que quizás no sepan quiénes fueron los Montoneros?
Montoneros fue integrado por algunos de los periodistas, dibujantes y poetas más importantes de su tiempo -Rodolfo Walsh, Francisco Paco Urondo, Héctor Oesterheld-, y yo quería mostrar algo de esa producción. También quise recuperar las fotos de las grandes movilizaciones y los documentos internos de la guerrilla. Creo que con el aporte del diseño de arte de Fernando Rapa Carballo las imágenes complementan la palabra y ayudan a recrear mejor un clima de época, en especial, para las nuevas generaciones, más acostumbradas a lo visual.
Aunque los Montoneros eran peronistas, para explicar el peronismo necesitaría una enciclopedia y no los cinco capítulos en que divide su libro sobre la guerrilla. ¿Acepta el reto de explicar el peronismo en una frase?
Jajaja. El reto imposible para cualquier periodista argentino. Es el movimiento que nació a mediados del siglo pasado, bajo el liderazgo de un militar, Juan Domingo Perón, que inspirado en lo que había visto en Europa promovió el reconocimiento de derechos sociales y laborales de los trabajadores, también el voto femenino. Hubo quienes vieron en él rasgos del fascismo corporativista y otros poco republicanos; gobernó diez años, hasta que los militares lo echaron del poder (1955) y prohibieron el peronismo; en el exilio se mantuvo por casi dos décadas como una figura gravitante, hasta que los jóvenes de ideas de izquierda empujaron su regreso al país, donde las clases populares mantenían su lealtad al peronismo.
El último jefe de Montoneros es una figura cuestionada incluso por muchos de sus excompañeros. Mario Firmenich se exilió en Catalunya, fue profesor de la Universitat Rovira i Virgili y, ahora que se ha jubilado, se ha ido a Nicaragua.
A pesar de la gran cantidad de integrantes de la organización Montoneros desaparecidos, de la derrota de una generación que apostó por la lucha armada, del descrédito de la conducción de la guerrilla, Firmenich se mantuvo en una postura soberbia y sin autocrítica. El rechazo a su figura le impidió participar del debate público en democracia y se fue a España como profesor, hasta que lo jubilaron y terminó como asesor de Daniel Ortega en Nicaragua. Todo un círculo penoso: Montoneros había apoyado a la insurgencia sandinista –que encabezó Ortega– contra Somoza, pero hoy en día la dictadura de Ortega se parece mucho a la de Somoza.
Descontento social
“La promesa de que con la democracia surgiría una sociedad menos desigual y con menos pobreza no se ha cumplido”
Sucede en España: el desconocimiento del franquismo por los más jóvenes lleva, por ejemplo, a que las nuevas generaciones simpaticen con la extrema derecha. ¿También en Argentina? ¿Los jóvenes saben qué representa la dictadura? ¿Apoyan al presidente Javier Milei?
En la Argentina, a diferencia de España, la construcción de la memoria tuvo hitos muy relevantes, entre otros, el trabajo del Equipo de Antropología Forense que todavía identifica víctimas a partir de huesos, la búsqueda de niños apropiados, la condena a los jefes militares de la dictadura y otros juicios que siguen trámite hasta el día de hoy. Lo que Argentina no ha logrado resolver en décadas y décadas es el problema de la inflación, que ha generado un largo período de estancamiento de la economía: uno de los motivos que llevaron a Milei a la presidencia.
¿Por qué los argentinos han confiado en un personaje outsider tan políticamente incorrecto como Milei?
Un factor fue el fracaso de los partidos tradicionales en ordenar la economía y bajar la inflación. La promesa de que con la democracia surgiría una sociedad menos desigual y con menos pobreza no se ha cumplido tampoco. Luego, la pandemia, las redes sociales, la desconexión de los jóvenes y cierto rechazo de los varones a la fuerte ola feminista que precedió a Milei también son elementos a tener en consideración.
El Gobierno de Milei
“Industria y construcción sufren la caída del consumo, que se traduce en cierre de empresas”
¿Milei ha mejorado la vida de los argentinos? ¿Ha llevado a cabo la transformación que prometió? Han caído la inflación y el gasto público pero ¿eso ha mejorado la economía doméstica?
La inflación del 2023, el año anterior a la llegada de Milei al poder, superó el 200 por ciento anual. Milei la redujo al 30 por ciento anual, aproximadamente, y llevó adelante un feroz ajuste fiscal, combinado con una apertura comercial a las importaciones. Estabilizó la economía y promovió el crecimiento de las exportaciones de recursos naturales –petróleo, minería, pesca, además del agro– pero los sectores que más empleo demandan, la industria y la construcción, están sufriendo la caída del consumo masivo, lo que se traduce en cierre de empresas. La quita de subsidios a los servicios públicos, que también golpea a los ingresos familiares, ha llevado la mora en el crédito a niveles históricamente altos.
La única alternativa a Milei es el peronismo, que siempre ha acabado fagocitando las opciones progresistas en Argentina. ¿Es posible una alternativa socialdemócrata desvinculada del peronismo de izquierdas o del kirchnerismo? Tras la irrupción de Perón, el histórico Partido Socialista dejó de ser una opción de masas y nunca levantó cabeza.
La socialdemocracia, o las fuerzas progresistas, siempre han tenido en la Argentina la dificultad de tener que convivir con el peronismo. El espectro político se organiza mucho más entre peronismo versus antiperonismo que entre izquierdas o derechas: y así sumamos un elemento más a la dificultad de explicar el peronismo a los españoles.
Milei tiene posturas extremistas y no solo se pelea con la izquierda, sino también con sectores de la derecha. Utiliza el insulto de manera cotidiana. Un clima que recuerda a la época previa a la dictadura, cuando nacieron los Montoneros, precisamente.
El nivel de violencia verbal de Milei es inaudito y creo que no exagero si digo que es único en el mundo. Insulta cotidianamente a empresarios, periodistas y economistas a través de su cuenta en X con epítetos escatológicos, burlas y comentarios cargados de homofobia. También se muestra violento e intolerante en las entrevistas. Desde luego que su comportamiento deteriora la calidad del debate público y de la democracia.
También ataca a la prensa e insulta a periodistas.
De manera permanente.
Milei se declara admirador de Margaret Thatcher, que siendo primera ministra británica respondió rápidamente a la invasión argentina de las islas Malvinas. Ahora, el presidente enarbola de golpe la soberanía de un archipiélago por el que antes no había mostrado interés.
Milei diría que él admira las políticas económicas de Thatcher, sin que eso signifique resignar el reclamo de soberanía de Malvinas. Es cierto que la cuestión no estaba nada presente en el discurso de Milei, que a diferencia de Trump no es para nada nacionalista, hasta que los jugadores del seleccionado argentino de fútbol exhibieron una bandera en el partido contra Inglaterra durante el último Mundial. Luego, Trump, enojado con el gobierno inglés por la falta de apoyo al ataque a Irán, insinuó que podría hacer lo mismo en la disputa por Malvinas. Milei encontró una oportunidad para agitar un tema sensible a la opinión púbica y la tomó.
