

Del 2004 al 2008 trabajé con el expresidente Zapatero como director del departamento internacional de la Presidencia del Gobierno. Le tengo un gran respeto como presidente y mucho afecto personal. Fui a cerca de un centenar de viajes con él; pasé mucho tiempo a su lado, trabajando, pero también en momentos más relajados, y no le vi nunca ningún gesto ni ningún hecho que permitiera poner en duda su integridad. Por eso las acusaciones que pesan sobre él por tráfico de influencias y blanqueo de capitales me provocan estupor y un gran escepticismo.
No quiero poner en duda la profesionalidad y la buena fe del magistrado ni de las personas que están investigando su actividad durante los últimos años. Pero me pregunto si los que ya lo han sentenciado y condenado no se están precipitando.
Muchas acusaciones que se le hacen a Zapatero descansan sobre conceptos discutibles
El auto deja muchos interrogantes
y en el sumario hay muchas cosas
mezcladas, y dudo de que todas estén
relacionadas con él, al menos de una forma directa. Una de las premisas de las acusaciones que pesan sobre Zapatero
es que intervino en el rescate de
Plus Ultra. Estas acusaciones se basan en afirmaciones de terceras personas,
pero hasta ahora no he visto ninguna prueba concreta. Él lo niega de una manera rotunda. Conociéndolo, yo le creo.
Se le acusa de haberse embolsado cerca de dos millones de euros de comisiones ilegales entre el año 2020 y 2025 a través de unas empresas opacas más o menos instrumentales, creadas para ocultar el rastro del dinero. En esta suma se incluyen 681.318 euros cobrados a través de Thinking Heads, que no es ninguna empresa opaca, ni creo que tenga nada que ver con ninguna trama de corrupción y blanqueo de capitales. Thinking Heads es una empresa con actividad real que gestiona las conferencias que pronuncian muchas personas, no solo el expresidente.
Me imagino que Zapatero cobró este dinero por las conferencias que dio entre el 2020 y el 2025, y me sorprende que el juez lo incluya entre las presuntas comisiones. 681.318 euros son más de la tercera parte de la suma que se acusa a Zapatero de haber cobrado ilegalmente. No estamos hablando de un detalle poco relevante. Si se confirma que este dinero responde a actividades lícitas y reales –cosa fácil de verificar–, la credibilidad de toda la investigación quedará en duda.
Muchas de las gravísimas acusaciones que se le hacen descansan sobre conceptos discutibles. Se considera a Zapatero el cabecilla de una trama de tráfico de influencias y de blanqueo de capitales, afirmación propia de una sentencia, pero no de un auto en el cual se tiene que respetar la presunción de inocencia de la persona investigada. Se habla de la posibilidad de una influencia simulada, sin explicar las razones por las cuales hay que considerar a Zapatero responsable de la eventual simulación. No se determina con quién y cuándo habló el expresidente para ejercer tráfico de influencias. Se habla de liderazgo no visible y se considera la falta de indicios tangibles de la supuesta actividad delictiva como una prueba de la habilidad de Zapatero para borrar su rastro, transformándola sorprendentemente en un indicio de delito.
Admito que no soy imparcial. Pero no creo que eso reste valor a mi opinión. Se atribuye al temido Joseph Fouché esta frase: “Dadme una carta de un hombre, cualquier carta que haya escrito, y lo enviaré a la guillotina”. Hoy podríamos decir: “Dadme las facturas y los correos de un político retirado, las que sean, y lo enviaré a los tribunales”.
Es posible que la exhibición pública de toda la actividad profesional de Zapatero, una actividad por su naturaleza difícil de catalogar, con exhumación de archivos y apertura de cajas fuertes, deje a la vista irregularidades, errores y detalles que no nos gusten. ¿ Qué empresa o qué despacho profesional saldría bien parado de un escrutinio parecido?
Pero para mí la hipótesis de que haya estado dirigiendo una trama de blanqueo de capitales y de tráfico de influencias es tan poco plausible como que haya encabezado un comando de legionarios. Qué quieren que les diga, no es su perfil.
