Larga vida a Flick, un seductor enamorado de su trabajo, del club y de Barcelona

Si la puerta del despacho de Hansi Flick saludara a los visitantes con un lema este bien podría ser: “Encantado de estar aquí”. Lo que para otros entrenadores podía llegar a ser una tortura que les cambiara el humor o incluso que les echara más años de la cuenta encima para el alemán es un gozo. Cierto que no siempre está radiante. Cierto que se enfada cuando sus futbolistas no ofrecen lo que de ellos espera. Verdad que en la banda se enoja ante decisiones arbitrales que considera injustas. Pero, en líneas generales, frecuenta mucho más la sonrisa, el abrazo, la palabra de ánimo y el optimismo. Valores que le son reconocidos y que le hacen ser todo un ídolo para la afición y casi un padre para sus jóvenes pupilos. Los hinchas y los futbolistas le han reconfortado en estos días difíciles para él, pues el domingo falleció su padre. Aún así permaneció al frente de la nave.

Como le va bien Flick continúa hablando en inglés en sus comparecencias públicas y sigue siendo muy recto en cuanto a distintas normas, como la puntualidad, aunque la influencia del carácter mediterráneo ha hecho que las matizara o las adaptara en consenso con sus jugadores. Como por ejemplo cuando aceptó que llegar tarde no conllevara una suplencia, como pasaba la temporada anterior, sino una multa económica. Las bases son las mismas, pero va añadiendo matices. Algo similar ha ocurrido con el patrón de su fútbol. El vértigo, el ataque, la línea defensiva adelantada y el intercambio de golpes han continuado a la orden del día pero no siempre ni de manera tan acentuada como en su primera campaña.

El técnico ha sabido encontrar soluciones a las lesiones sin que el equipo perdiera sus señas de identidad

Si en su aterrizaje consiguió que el rendimiento de la mayoría de los futbolistas que ya estaban en la casa se multiplicara, en la temporada de su consolidación ha sabido encontrar soluciones para sumar otra Liga que no ha sido nada sencilla. Ha estado teñida de dificultades, sobre todo un compendio de lesiones de hombres importantes. Joan Garcia, Pedri, De Jong, Raphinha o Lamine Yamal han pasado por la enfermería y varios de ellos más de una vez. Percances que junto a la caída de rendimiento de Lewandowski y la marcha de Iñigo Martínez han provocado que el Barça sufriera altibajos en su juego. Pero al final Flick ha ido hallando la tecla para que su equipo continuara siendo solvente.

Así el alemán se sacó de la manga la solución de emergencia de colocar a Gerard Martín como central izquierdo y ha terminado siendo el titular al lado de Cubarsí. También ha aprovechado hasta el extremo la polivalencia de Eric Garcia y ha convertido en muy útil a Cancelo, que llegó en forma de cesión con el escepticismo general y ha acabado en las semanas decisivas del campeonato como lateral izquierdo titular. Tres ejemplos para recordar que Flick ha hecho de la necesidad, virtud en un club que sigue con problemas económicos y con dificultades para fichar y, sobre todo, para inscribir a futbolistas.

Otro técnico habría utilizado la sala de prensa para criticar a los dirigentes. Pero Flick lleva su lealtad hacia Joan Laporta y su buen entendimiento con Deco a los estándares más elevados. No se escondió cuando apoyó en diversas ocasiones al candidato Laporta en el proceso electoral y apareció junto al ahora presidente electo ejerciendo su voto en el día de los comicios.

Por eso Flick va a continuar en el Barça más allá de su actual contrato, que vence en 2027. Ha manifestado que la barcelonista es su última etapa profesional.

Tiene 61 años pero antes de colgar la pizarra desea pilotar a un Barça con mucho recorrido por delante a conseguir la tan ansiada Champions. Ha establecido unas bases y un libro de ruta y sabe que tiene entre manos un potencial enorme. Dos años generando una práctica unanimidad en el barcelonismo son un hecho que hay que reseñar. El idilio del entrenador con el club y su afición es bidireccional.

Juan Bautista Martinez Simon

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