
Isabel Díaz Ayuso ha llevado su ofensiva política contra Pedro Sánchez a otro nivel al vincular directamente al jefe del Ejecutivo con una supuesta “corrupción de Estado”, denunciar un “golpe del Poder Ejecutivo contra el Poder Judicial” y advertir de que habrá “una contestación desconocida desde Madrid” frente a lo que considera una deriva “populista y totalitaria” del Gobierno.
Las declaraciones de Ayuso se han producido en pleno goteo de informaciones sobre los casos Plus Ultra y Leire Díez, dos asuntos que el PP madrileño ha convertido en el eje de una estrategia de desgaste contra el PSOE y contra el entorno político de Sánchez. La dirigente madrileña, que desde hace años ha hecho de la confrontación personal con el presidente del Gobierno uno de los pilares de su liderazgo político, ha aprovechado el comprometido contexto en el que se encuentra el PSOE para redoblar una ofensiva que ya trasciende la mera oposición institucional y se sitúa en un terreno de impugnación global del “sanchismo”.
En un encuentro informativo organizado por El Mundo, Ayuso ha dibujado un escenario de crisis institucional profunda. “Sánchez es corrupción”, ha resumido, antes de sostener que el Gobierno pretende “eternizarse, amnistiarse y forrarse”. La presidenta madrileña ha asegurado que el Ejecutivo busca “dificultar la alternancia política” y “colonizar todos los rincones del Estado”, desde las instituciones hasta las empresas públicas y privadas.
La gravedad del diagnóstico ha ido acompañada de un lenguaje excepcional. Ayuso ha hablado de “dictadores” infiltrados en la democracia española, ha acusado al PSOE de alentar un clima de “guerracivilismo” y ha advertido de que los socialistas “no van a dudar en quemar las calles” utilizando para ello a sindicatos “cómplices” del Gobierno. En su intervención también ha asegurado que España vive un proceso de erosión institucional “a sorbitos”, una expresión con la que ha querido retratar un deterioro progresivo del sistema democrático.
La presidenta madrileña ha situado además las investigaciones judiciales en el centro de su ofensiva política. Tras aludir a las pesquisas sobre la exmilitante socialista Leire Díez y a las investigaciones relacionadas con el caso Plus Ultra, Ayuso ha citado al juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz para sostener que podría haberse producido una “instrumentalización de la estructura de un partido de Gobierno para obstruir sistemáticamente la acción de la Justicia”. Y ha ido más allá: “Si se demuestra todo lo que se está investigando, son crimen organizado”, ha afirmado.
En ese contexto, también ha dirigido sus ataques contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, a quien ha definido como “el padrino del sanchismo” y “el que borra las escenas del crimen”. El PP madrileño lleva días intentando vincular políticamente a Zapatero con las investigaciones sobre Plus Ultra, en una estrategia que busca ampliar el perímetro de desgaste más allá del núcleo inmediato del Gobierno.
Ayuso no solo ha elevado el tono verbal. También ha insinuado la necesidad de una respuesta política y social de gran escala. Aunque ha evitado concretar movilizaciones inmediatas, sí ha defendido concentraciones “útiles, que funcionen” y ha advertido de que “el malestar general no puede quedarse latente y sin respuesta”. A su juicio, existe una parte de la sociedad civil “desesperada” con el Ejecutivo y preocupada por el futuro económico y político del país.
La dirigente madrileña ha vuelto así a situarse como punta de lanza de la oposición al Gobierno dentro del PP. Mientras Alberto Núñez Feijóo mantiene un discurso más institucional y centrado en reclamar una cuestión de confianza o un adelanto electoral, Ayuso ha optado por un relato de confrontación existencial con Sánchez, al que presenta como una amenaza para el sistema democrático y para la propia continuidad del modelo constitucional.
Esa estrategia no es nueva, pero sí ha adquirido una intensidad singular en las últimas semanas. Ayuso ya había acusado recientemente al Gobierno de poner en peligro su seguridad durante un viaje oficial a México, en otro episodio que evidenció hasta qué punto la batalla política entre ambos dirigentes se ha convertido en una confrontación personal permanente. La presidenta madrileña entiende que su perfil político se refuerza cuanto más se presenta como principal dique frente al “sanchismo”, incluso a costa de tensionar el marco institucional.

