La india y la Valencia: dos senadoras enfrentadas en las presidenciales de Colombia

Tierra de volcanes, estallidos sociales y guerrillas disidentes, la región del Cauca, en el suroeste de Colombia, se convirtió en la escena central de las elecciones presidenciales al inicio de la campaña.

Por un lado, la senadora Paloma Valencia, última representante en el Congreso de la dinastía de los Valencia, una de las siete u ocho poderosas familias que mandan en la región desde la conquista, emergió como la favorita de los candidatos de la derecha.

Nieta del presidente conservador Guillermo León Valencia, que pactó con el Pentágono entre 1962 y 1966 el aniquilamiento de los colectivos campesinos que luego se convertirían en la guerrilla de las FARC, Valencia es senadora por el partido Centro Democrático del polémico expresidente Álvaro Uribe, juzgado por sus vínculos con grupos paramilitares. Es también bisnieta del poeta Guillermo Valencia, cuyos elogios a la españolidad católica de la ciudad colonial de Popayán fueron ridiculizados por el brillante, aunque analfabeto, intelectual indígena, Quintín Lame.

Por otro lado, en marzo, el candidato de izquierda Iván Cepeda, estrecho aliado del actual presidente Gustavo Petro, nombró candidata a la vicepresidencia a Aída Quilcué, senadora y líder del poderoso Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

Integrante del pueblo nasa y nacida hace 53 años en una comunidad del Cauca, Quilcué alcanzó la fama en el 2008 al liderar la llamada marcha Minga a Bogotá de unos 80.000 integrantes de decenas de pueblos indígenas encabezados por los misak y nasa, contra la política de gestión territorial del entonces gobierno de Uribe. Al igual que Cepeda, cuyo padre fue asesinado en 1994, Aída Quilcué es una de los millones de víctimas de la violencia que asola Colombia. Su marido conducía el vehículo de Aída cuando fue asesinado a tiros por sicarios semanas después de la Minga.

Para la derecha, es como si la empleada doméstica de repente se convierte en candidata a la vicepresidencia

Manuel Rozental

Médicto y activista

“Estamos hablando de una ‘Valencia’ contra una india”, ironizó el médico y activista Manuel Rozental, que vive en Santander de Quilichao, en la carretera entre Cali y Popayán. “Para la derecha racista en el Cauca, es como si la empleada doméstica de repente se convierte en candidata a la vicepresidencia”.

Familias como los Valencia “de ser encomenderos pasaron a ser hacendados y de hacendados a políticos”, dijo otra líder del pueblo nasa en el norte del Cauca, Vilma Rocío Almendra. En cambio, “Aída representa a las víctimas, a esa gente que ha sido asesinada y criminalizada, y hay más víctimas en Colombia que victimarios” , añadió Almendra, cuyo padre fue asesinado por pistoleros de la derecha.

Pese a ello, Valencia se convirtió en la candidata favorita de los analistas políticos, así como de los grandes medios de comunicación nacionales e internacionales, tras su victoria en las primarias. La decisión de desplazarse hacia el centro con un discurso de unificación contrastaba con la polarización impulsada por Petro y Cepeda, por un lado, y el trumpista Iván de la Espriella, por el otro. “Colombia está harta de que nos obliguen a odiarnos por pensar distinto”, anunció Valencia hace dos días.

Valencia es la candidata favorita de los grandes medios de comunicación 

Al nombrar candidato a la vicepresidencia a Juan Daniel Oviedo —orgullosamente gay y defensor del derecho al aborto—, Valencia resaltó sus credenciales de moderada y dialogante. Fue un reinvento sorprendente para quienes recordaban su propuesta en el 2022 de convocar un referéndum para decidir si convenía “partir el Cauca en dos: un departamento indígena para que ellos hagan sus paros, sus manifestaciones y sus invasiones, y un departamento con vocación de desarrollo donde haya empleos dignos para los caucanos”.

Pero la nueva marca de los Valencia convenció a los analistas. “Para ganar estas elecciones hace falta que los candidatos tanto de la derecha como de la izquierda se desplacen hacia el centro”, afirmó un politólogo consultado en Bogotá en marzo. Para alcanzar los 12 millones de votos necesarios para imponerse en la segunda vuelta sería necesario atraer a votantes que no fueran ni de la derecha dura ni de la izquierda petrista. “Paloma Valencia es la única que lo ha entendido”, añadió.

Se esperaba que la senadora caucana rebasara a De la Espriella y alcanzase el segundo puesto en la primera vuelta, detrás de Cepeda. En el balotaje del próximo 21 de junio, se impondría gracias a la moderación, se vaticinaba. 

La selección de Oviedo fue elogiada. Elegir a Quilcué, en cambio, parecía un error por parte de Cepeda ya que solo convencería a quienes ya apoyaban su coalición, Pacto Histórico. Incluso activistas indígenas cuestionaron la decisión. “Es más ética que política y solo funcionaría si Iván puede ganar en primera vuelta”, dijo una activista indígena en el Cauca.

Pero a tres días de los comicios, todo indica que De la Espriella ha recuperado el liderazgo de la derecha. “Paloma ya no está donde antes… mucha gente se ha ido a apoyar a De la Espriella; ya es el verdadero candidato del uribismo”, dijo un integrante de la campaña de Cepeda. Hay muchos indicios de que intentar tender puentes en las guerras culturales no ha funcionado. En caso de que la candidatura Valencia -Oviedo fallase, la cuestión será si sus votos sean fácilmente trasladables al machista y homófobo De la Espriella.

En cuanto a Quilcué, todo indica que Petro y Cepeda usan diferentes parámetros que los politólogos. “¿Cuál es la fuerza del Pacto Histórico? La base que se identifica con él, dinámicas organizativas: campesinas, afro, indígenas”, apuntó Walter Aldana, que organiza parte de la campaña de Cepeda en Popayán. Un gran número de votos llegarán de estos movimientos sociales, vaticinó. Este voto principalmente rural se juntaría con los barrios populares y clases medias universitarias en las grandes ciudades para darle la victoria a Cepeda preferiblemente en la primea vuelta, sostenía Aldana.

Pero esta estrategia también tiene su talón de Aquiles. Los movimientos sociales no son homogéneos. Las políticas de apoyo gubernamental a las reclamaciones de tierra de los doce pueblos que integran el CRIC, crean resentimiento en otros, así como en grupos campesinos mestizos y afros. “El pueblo nasa ha sido muy favorecido por el gobierno de Petro”, señaló una activista nasa. “Algunos del pueblo misak me han llamado para decirme que si Aída está con Cepeda, votarán a Paloma”.

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