
El Gobierno trató de sacar pecho, el pasado martes, de los nuevos récords registrados en el mercado de trabajo, con más de 22,3 millones de ocupados, como “prueba de la fortaleza” de la economía española, además de por las medidas aprobadas en el Consejo de Ministros para impulsar que los mayores de 65 años vayan al cine por 2 euros o extender el bono cultural de 400 euros al año para los más jóvenes…
Pero todo eso pasó desapercibido, y quedó totalmente eclipsado, porque pocas horas antes el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama había imputado por presuntos delitos de corrupción ni más ni menos que a José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente del Gobierno se convertía así en el primero de la democracia española que es investigado por corrupción.
El consecuente terremoto político y mediático volvió a enterrar toda la iniciativa política del Ejecutivo. Otra vez. Y, como ya es costumbre, a las puertas de un verano al que sus adversarios confían en que Pedro Sánchez no sobreviva en el cargo.
“La estrategia del Partido Popular es llegar al verano siempre con un ruido insoportable”, alegan en la Moncloa, ante la utilización política que atribuyen a la formación de Alberto Núñez Feijóo de los procesos judiciales contra el entorno directo, familiar y político, del presidente del Gobierno.
El año pasado, la causa del terremoto político fue el ingreso en prisión provisional, el 1 de julio del 2025, del hasta entonces secretario de organización del PSOE, Santos Cerdán, también por presunta corrupción. Pocos días después, el 5 de julio, dimitió quien iba a sustituirle como adjunto en el cargo, Francisco Salazar, en su caso por acusaciones de supuesto acoso sexual. Y el año anterior, el tsunami lo provocó la investigación abierta, en abril del 2024, contra la propia esposa del presidente, Begoña Gómez. Ante el primer y ante el último caso, el propio Sánchez admitió que barajó tirar la toalla. Dimitir.
A la imputación del expresidente se suman los casos del hermano y la mujer del presidente, Ábalos y Cerdán
“Estamos en mayo, ya tocaba”, asumen en la Moncloa tras la imputación, ahora, de Zapatero. “Siempre sufrimos una presión insoportable cuando llega el verano, con la utilización política de las resoluciones judiciales”, admiten.
Pedro Sánchez, que el martes conoció la noticia bomba mientras asistía a un acto con el Rey en el palacio de la Zarzuela, telefoneó de inmediato al expresidente del Gobierno, uno de sus aliados más próximos y el último gran referente histórico del actual PSOE, tras las desafecciones de Felipe González, Alfonso Guerra y otros veteranos de la vieja guardia.
Una vez recibidas las explicaciones de Zapatero, Sánchez remitió un mensaje a los miembros de la ejecutiva socialista instándoles a “defender el buen nombre” del expresidente. Lo mismo trasmitió a los ministros con los que, a continuación, compartió el habitual café previo a la reunión del Consejo de Ministros. Pero todas las alarmas estaban ya aullando.
En la Moncloa desplegaron todas sus mangueras para tratar de contener la extensión del incendio desatado. Pero todo el escenario político lo ocupaba ya el caso Zapatero. Sánchez asistió el miércoles a la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, pertrechado para la inevitable tormenta. “Todo mi apoyo al presidente Zapatero”, anunció.
Feijóo volvió a exigir su dimisión: “¿Qué hace todavía ahí, manchando un día más la presidencia del Gobierno de España?”. “Preside una mafia corrupta”, le echó en cara el líder de Vox, Santiago Abascal. Pero también el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, le advirtió: “Si esto es verdad, es una mierda”.
El Ejecutivo pone todos los focos en la visita al Papa y su gira por España… y ansía el paréntesis veraniego
Sánchez escapó a la carrera del hemiciclo, para proseguir con su agenda pública prevista en la Moncloa y clausurar después un congreso aeroespacial en el que anunció varias iniciativas en la materia. Igual que al día siguiente, el jueves, presentó en la base aérea de Torrejón de Ardoz la campaña de lucha contra los incendios forestales para este verano, en el que prometió “el mayor despliegue del Estado” para combatirlos.
Todo eclipsado, de nuevo, porque el presunto escándalo de Zapatero monopoliza todo el escenario. Y la semana que viene se recrudecerá “el ruido”, según asumen en la Moncloa, cuando se desvele el contenido íntegro del sumario de la investigación al expresidente, que el próximo 2 de junio comparecerá ante la Audiencia Nacional.
Además, “la semana que vienen juzgan al hermano del presidente”, se resignan en la Moncloa, en referencia al proceso judicial contra David Sánchez, en la Audiencia de Badajoz, por posibles delitos de prevaricación y tráfico de influencias. Al tiempo, siguen pendientes de las novedades que puedan surgir sobre los casos de Begoña Gómez y Santos Cerdán, así como la sentencia del Tribunal Supremo sobre el exministro José Luis Ábalos. “Esto va para largo, lo vamos a seguir viviendo muchas semanas… y nos lo tenemos que tomar con tranquilidad y sosiego”, se recetan en el equipo de Sánchez
La incógnita es si, de nuevo, Sánchez logrará sobrevivir políticamente a todo lo que se le viene encima otra vez. De nuevo, el paréntesis veraniego y las vacaciones parlamentarias se esperan con ansia en la Moncloa, en la confianza de que se rebaje la enorme presión para lograr volver a recuperar el pulso y la iniciativa política.
Justo antes de la imputación de Zapatero, en la dirección del PSOE respiraban con cierto alivio pese a la dura derrota que encajaron el pasado domingo en las elecciones de Andalucía, como colofón a un ciclo electoral autonómico desastroso que arrancó en Extremadura y prosiguió en Aragón y en Castilla y León. Pero su consuelo es que todo podía haberles ido aún mucho peor. “Hace diez meses, nadie daba un duro por nosotros”, alegaban.
“La estrategia del PP es llegar al verano siempre con un ruido insoportable”, alega el equipo de Sánchez
Hasta que llegue el paréntesis veraniego, Sánchez trata de mantener su rumbo y el barco a flote, ya que pretende que llegue a puerto, y con las velas aún hinchadas, en las elecciones generales de julio del 2027. En la Moncloa, por lo pronto, centran ahora todos sus esfuerzos en la visita que el presidente del Gobierno cursará el próximo miércoles al Papa en el Vaticano, como preámbulo de la gira que León XIV protagonizará en España entre el 6 y el 12 de junio. Un milagro sería bienvenido.

