
En el Gobierno no se hacen ilusiones. La caída en desgracia de José Luis Rodríguez Zapatero, sea o no finalmente condenado, marca un punto de inflexión en las esperanzas de revalidar un ejecutivo de izquierdas. Por si fuera poco, no esperan que ésta sea la última andanada judicial que reciba Pedro Sánchez, sino una estación más del vía crucis. Aunque por ahora el presidente no tiene intención de acortar la legislatura, el plan se ha venido abajo.
Sánchez estaba armando un relato en el que se erigía como faro de la izquierda. Por un lado, se situaba en la resistencia ante el trumpismo representada, por ejemplo, en la negativa a someterse al incremento en defensa al 5% que exige EE.UU. o el choque con Israel. La cumbre de líderes progresistas de Barcelona se enmarcaba en esa estrategia. Por otra parte, aunque los resultados electorales en varias autonomías han sido malos para el PSOE, los pactos entre el PP y Vox permitían al presidente reforzar el mismo mensaje en clave doméstica.
A Sánchez se le complica erigirse en voto útil y a su izquierda tampoco hay refugio para desencantados
Para que ese esquema funcionara y los votantes progresistas se movilizasen, se necesitaban referentes morales como el que representaba Zapatero. Figuras que refuercen la autoestima del votante de izquierda. Ésa fue su aportación a la campaña de 2023. La imputación del expresidente derrumba el andamiaje. Incluso en caso de que sus actividades sean legales, que está por determinar, en el Gobierno se admite que no son estéticas desde un punto de vista político y que llevarán a muchos electores a dar un paso atrás, es decir, a una abstención de la izquierda.
Los casos de Ábalos y Cerdán desgastaron la confianza en el PSOE y en Sánchez por tratarse de dos cargos relevantes de su entera confianza, pero la ausencia de pruebas por el momento de una financiación irregular del partido permitió acotar el alcance de los daños. Incluso las causas abiertas al hermano del presidente y, en especial, a su mujer, no hundieron las expectativas intereses electorales de Sánchez y hasta favorecieron un cierto cierre de filas de la militancia socialista y de sus aliados parlamentarios, algunos de los cuales no han dudado en tildar de persecución judicial sobre la situación de Begoña Gómez. Pero lo de Zapatero es distinto. Quien fue un activo político se ha convertido en lastre. En la Moncloa temen que los próximos meses serán peores.

Hay varios frentes más que pueden freír las perspectivas electorales de este gobierno. Falta por ver qué ocurre con la investigación abierta sobre la financiación del PSOE. El partido sostiene que todo está en orden y entregó al juez cajas con justificantes de gastos que llenaron tres furgones policiales hace seis meses, pero se mantiene la incógnita hasta que se levante el secreto de la causa. También falta saber cómo evolucionarán las pesquisas sobre el rescate concedido a Plus Ultra, que el Gobierno defiende que se hizo con totales garantías, pero que está bajo la lupa judicial. Cada causa es diferente, pero las investigaciones se convierten en munición política independientemente de en qué queden al final.
La figura de Sánchez como referente de la izquierda permitía que el voto útil se concentrara en el PSOE ante la crisis de sus socios de Sumar. Pero el vía crucis judicial tapona ese trasvase. Al mismo tiempo, el desgaste socialista no lo pueden rentabilizar a su izquierda por esa debilidad de sus socios en el Gobierno, el espacio compuesto por IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comunes. En estos momentos su marca está devaluada y carecen de un liderazgo tras el paso atrás de Yolanda Díaz. Mientras, sigue sin clarificarse el futuro de lo que queda de Podemos.
Por tanto, a la izquierda del PSOE hay más ruinas que fortalezas como para recoger el voto socialista desencantado. Y Sánchez tiene más difícil pedir el voto útil a su izquierda. Así que el plebiscito que buscaba el presidente entre un PP aliado con la extrema derecha y la izquierda se presenta cada día que pasa más desigual.
La instrucción de Plus Ultra
El fiscal recela del fiscal, no del juez
La cúpula del PSOE confía en que la declaración de Zapatero ante el juez, prevista para el 2 de junio, rebaje las sospechas sobre sus actividades y convenza al menos a la militancia socialista. El entorno de Sánchez no considera que éste sea un caso de ‘lawfare’ por parte del instructor de la Audiencia Nacional José Luis Calama, que no pertenece a ninguna de las asociaciones judiciales, ni progresitas ni conservadoras, ni participa de camarillas de uno u otro signo. En cambio, en el Gobierno y en el PSOE sí recelan del fiscal anticorrupción, Alejandro Luzón, que actúa en ésta y otras causas como la de Ábalos/Koldo o la financiación del PSOE. . Pero ayer se supo que responsables de Plus Ultra hablaron de influir en la primera fiscal que les investigó.
Movimientos ante las generales
Dos vías para Rufián
Gabriel Rufián dejó claro esta semana que pone condiciones para ser de nuevo el candidato de ERC a las generales. El diputado exige más poder a la hora de decidir la lista electoral. Ahora mismo la relación con sus compañeros de bancada no es precisamente cómoda. Habrá que ver hasta qué punto el partido se presta a negociar la candidatura y si, en caso de negativa, Rufián se atreve a dar el salto y presentarse por otras siglas que no sean las de ERC. En ese caso no sería de extrañar una alianza con Podemos, ya que Rufián no cuenta con estructura ni financiación para emprender esa aventura en solitario. Lo que parece claro es que su propuesta de unidad de la izquierda no ha encontrado eco.

