Trump erosiona sin cesar la relación con Europa

Desde hace 35 años, Valérie Gautier, presidenta de la asociación Veterans back to Normandy, acoge cada 6 de junio a supervivientes estadounidenses del desembarco de 1944. Este año serán solo cinco, de edades comprendidas entre los 99 y 102 años. Es un bello ejemplo de amistad transatlántica que sobrevive al seísmo Trump, pero no es fácil. “Me cuesta hablar con ellos de este tema porque la mayoría idolatra a su presidente -explica Valérie a La Vanguardia, desde Normandía-. El contexto no es muy favorable. Pero espero que la buena relación con sus familias continuará”.

Durante decenios, las celebraciones anuales en el aniversario del desembarco eran uno de los símbolos más potentes del compromiso de Estados Unidos con la libertad de Europa y la defensa de sus democracias. Ahí están las casi 10.000 tumbas del cementerio de Omaha Beach. Con Trump, ese axioma que parecía inmutable se está resquebrajando a gran velocidad. El presidente estadounidense erosiona sin cesar la relación con sus aliados de la OTAN. En los últimos días ha multiplicado sus muestras de desprecio y sus amenazas a los socios europeos.

La furia de Trump no respeta a nadie. Pedro Sánchez y Keir Starmer llevan semanas siendo maltratados. Del primer ministro británico dice a menudo que “no es Churchill”, ignorando, sin embargo, que su relación con el presidente F.D. Roosevelt -reacio al principio a ayudar a Londres frente a Hitler- fue a veces muy tensa. 

El actual inquilino de la Casa Blanca expresó su enojo con el papa León XIV por su pacifismo. El canciller Friedrich Merz y la primera ministra Giorgia Meloni, que defendió al pontífice, han sido también blanco de duras críticas. El líder alemán se llevó la peor parte porque osó decir que Washington carece de estrategia en la guerra de Irán y que el régimen islámico está “humillando” a la superpotencia estadounidense. “El canciller alemán debería consagrar más tiempo a poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania (¡donde se ha mostrado totalmente ineficaz!) y levantar a su país de la ruina, especial en materia de inmigración y de energía”, escribió Trump en su red Truth Social.

Enfadado porque ningún socio de la OTAN lo ha secundado en la guerra contra Irán, a pesar de que ni siquiera les consultó de antemano, y de que algunos hayan puesto muchas pegas al sobrevuelo de aviones militares estadounidenses rumbo a Oriente Medio, Trump ha amenazado con retirar las tropas estacionadas en España, Italia e incluso Alemania, que durante la Guerra Fría fue la piedra angular de la estrategia de contención a la Unión Soviética y en cuyas bases quedan unos 35.000 soldados estadounidenses y armas nucleares. Antes de medianoche, fuentes del Pentágono anunciaron la retirada de 5.000 soldados de Alemania.

Antes de dejar la Casa Blanca, este viernes, para volar  a Florida, Trump repitió que no está “contento” con España ni con Italia porque, a su juicio, “verían bien que Irán obtuviera un arma nuclear”, lo cual “sería una catástrofe”. En realidad, ni Madrid ni Roma han expresado jamás esta opinión.

Los desaires de Trump no distinguen a los aliados. Poco importa que algunos, como Alemania, se estén rearmando a marchas forzadas y compren masivamente material bélico a los fabricantes de la otra orilla del Atlántico, un maná de decenas de miles de millones de dólares que engordan las cuentas de resultados de los gigantes del sector y crean dependencia tecnológica y política.

Al principio, entre los europeos, reinaba incredulidad sobre Trump y una cierta tendencia a no tomarlo demasiado en serio, a concederle el beneficio de la duda. Al fin y al cabo era un constructor inmobiliario de Nueva York, habituado a lidiar con tiburones de los negocios y mafias. La crisis de Groenlandia, a principios de este año, les hizo abrir los ojos definitivamente. ¿Se había convertido el protector en predador? ¿Y nada menos que contra un pequeño país como Dinamarca, uno de los aliados más fieles, que pagó un alto precio en sangre ayudando a EE.UU. en Afganistán? Preparándose para lo peor, los soldados daneses enviados a defender la isla ártica iban equipados con explosivos para dañar la pista de aterrizaje de la capital, Nuuk, y evitar así una invasión estadounidense. Lo inimaginable no podía descartarse.

Artículo en ‘Le Monde’

“La disolución de la OTAN ya ha comenzado”, afirma Joschka Fischer, ex vicecanciller alemán

En un artículo en Le Monde, Joschka Fischer, el legendario líder ecologista alemán, que fue ministro de Asuntos Exteriores y vicecanciller durante siete años (1998-2005), aseguró que “la disolución de la OTAN ya ha comenzado”.

Para Fischer, que comenzó su carrera como pacifista radical y  se transformó en un ferviente partidario de la OTAN, “la única cuestión que queda por saber es si (Trump) retirará oficialmente a Estados Unidos de la OTAN o se contentará con vaciarla de sustancia por negligencia y desprecio”.

Lo que alarma a quien fue número dos de Gerhard Schröder en la  “coalición rojiverde” es que Trump ofrezca explicaciones poco coherentes para la ruptura con los europeos. Fischer recuerda que EE.UU. se benefició de su tutela. Además, sostiene que Washington no solo garantizó la paz, permitiendo su integración económica, sino que evitó que Europa -en especial Alemania- volviera a sus demonios nacionalistas, algo que podría volver a ocurrir, a la vista del ascenso del partido ultraderechista Alianza para Alemania (AfD) y grupos afines en otros países.

De tutelados a adultos

Bruno Le Maire, exministro de Economía francés, aconseja a Europa “romper con EE.UU., también mentalmente”

Otro ilustre “ex” de la política europea, Bruno Le Maire -durante siete años ministro de Economía y Finanzas de Macron- ha expresado opiniones parecidas e incluso más agresivas debido a la tradición francesa de soberanía. En una entrevista con el semanario L’Express, el exministro instó a Europa a “asumir la independencia mental, moral, intelectual y científica de Estados Unidos” porque el fenómeno Trump tal vez no sea un feo paréntesis sino una tendencia a largo plazo. “Europa debe romper con Estados Unidos no solo financieramente, económicamente, tecnológicamente, sino también mentalmente -agregó-. Debemos convertirnos en adultos”.

En este deteriorado contexto de la relación transatlántica tendrá lugar, del 15 al 17 de junio, la cumbre del G-7 de Évian, localidad balneario francesa a orillas del lago Léman. La reunión promete ser explosiva.

Eusebio Val Mitjavila

Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)

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